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A LA PALABRA...

 

Y ¿EL CUARTO PODER?

Miguel Rojas Salazar

 

De plausible, ante todo, democrática, pero sobre más, de unificadora, calificaría unipersonalmente la marcha en silencio con acertado efecto subliminalista de periodistas demandando seguridad, respeto y exigencia al derecho desestimulado constitucionalmente por la clase gobernante, lo que contribuye sin duda, negarse a la autocensura en buena medida.

No podemos periodistas y medios siendo reflejo social y eje de cambios históricos, puente informativo gobierno-pueblo, someternos a la manipulación de boletines, informes y contenidos de sucesos donde gobernación a través de la entidad Federativa, Estatal y Municipal, han blindado y cubierto de sensores a instituciones paraestatales, reclusorios, y sitios de dominio privado frente a la ley de transparencia paradójicamente.

Se ha centralizado la información, “amurallando” el terreno de investigación como área del periodismo de fondo, promoviendo “filtros” en cada titular de Comunicación Social representando alguno de los tres poderes, cuando antes, nuestra labor era husmear archivos, obtener datos, estimados y estadísticas en SEMEFO, en penitenciarias, en institutos  y nosocomios públicos.

Hoy  cuando un suceso ocurrió en Tijuana, en Chihuahua, Cancún, Guerrero o Michoacán, como plazas más vinculadas a las ocho columnas, se manosea, primero se analiza el informe, se reconstruye políticamente, y finalmente se procesa el discurso  en pro del Ejecutivo.

Mientras los medios en vano, tratamos con nuestra presencia obtener o abundar en la práctica de la entrevista “de banqueta” o de escritorio,  en extinción merced al centralismo disfrazado, sino es para buscar reflectores de funcionarios o políticos se convencionalizó la información atrapando en su resguardo el método tradicionalista desde la raíz de la noticia al servicio del lector.

En ese sentido a la inversa, la metamorfosis pasó de la verdad a prueba del silencio, al silencio obligado, a la mentira, la tergiversación por cochupo, amenaza, secuestro o  violencia  extrema.

Por ello cobra importante sentido, la solidaria demostración del extinto cuarto poder, en la capital y otros estados del país, El contra-poder del Estado, secuestrando a  periodistas en otra demostración plena de la ingobernabilidad en escala y como pasarela de las mil facetas de la delincuencia organizada monopolio delictivo que incluye a socios del delito con disfraz de  policías, funcionarios y políticos.

Esa es la lectura a entender, no la obligada guerra calderonista contra el narcotráfico en obediencia e imposicionismo de Estados Unidos.

Hizo patéticamente notoria la ausencia a la prioridad al proyecto de nación, abandonado la consolidación de unidad social, provocado la debacle panista y  creado la crisis del partido en el poder.

Tan así es que la iniciativa México promocionada por Televisa para distraer los niveles de inseguridad e imagen a favor del mayor patrocinador de comerciales, se convierte en el único proyecto de nación no diseñado por el ejecutivo a quien corresponde, sino por civiles, estudiantes, asociaciones e instituciones que serán corregidas por la legión de los intelectuales de México subsidiados por la misma televisora.

Tal iniciativa no solo es factor distractor a la deteriorada imagen presidencialista, sino un proyecto de mercadotecnia pura, una encuesta nacionalista como parámetro del proyecto 12, o sea, la sucesión presidencial de aquí en más…

Consta hasta hoy la muestra de desigualdad de inteligencia militar como elevado rango Nacionalista contra los ilimitados recursos  del narcotráfico además de mano de obra delictiva, poder político rentando o vendiendo fuero, produce impunidad y corrupción manifiesta,  por otro lado el debilitamiento de Estado que vivimos.

La propuesta  del Presidente mexicano Felipe  Caderón, respecto a reestructurar líneas editoriales de los medios  en el país contra el narcotráfico,  no solo subestima  el cuarto poder  en lo enunciativo, más allá de lo limitativo,  es como negar un turista en Alaska que haga frío en invierno, estar en altamar y no ver mar y cielo, caminar  bajo la lluvia y no desear  la sombrilla.

La  auto restricción a medios como sinónimo de autocensura a temas, información e investigaciones sobre el narco  simplemente es amordazar los medios e ilegitimizar  la libertad de expresión a titulo Constitucional.


18/08/2010

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