A LA PALABRA...
La tolerancia y su valor como única posibilidad de convivencia
Miguel Rojas Salazar
La tolerancia, del latín tolerare (sostener, soportar), es una noción que define el grado de aceptación frente a un elemento contrario a una regla moral, civil o física. Más generalmente, define la capacidad de un individuo de aceptar una cosa con la que no está de acuerdo. Y por extensión moderna, la actitud de un individuo frente a lo que es diferente de sus valores.
Saber respetar a las demás personas en su entorno social, en su forma de pensar, de ver las cosas, de sentir y también saber discernir en forma cordial en lo que uno no está de acuerdo, la tolerancia es el respeto con igualdad sin distinciones de ningún tipo, es aceptarse unos a otros, aceptarnos a nosotros mismos y luego, aceptar y respetar a todos los demás.
Es la virtud moral y cívica que consiste en permitir la realización de acciones, preferencias y creencias que aunque no sean consideradas como lícitas, sin embargo, no son impedidas por la autoridad con poder de impedir, la innegable actitud de soportar los actos ajenos, respetando su forma de pensar, quedando en la situación de recibir lo dado.
Tolerancia no es hacer concesiones, pero tampoco es indiferencia. Para ser tolerante es necesario conocer al otro. Es el respeto mutuo mediante el entendimiento mutuo. Según ciertas teorías el miedo y la ignorancia son las raíces que causan la intolerancia y sus patrones pueden imprimirse en la psique humana desde muy temprana edad.
A menudo se tiende a asimilar la tolerancia a unas nociones, que aunque cercanas en algunos puntos, se revelan fundamentalmente diferentes.
La tolerancia se ejerce cuando un individuo tiene la autoridad o el poder de prohibir o suspender una acción que considere indeseable o molesta y no lo hace, sino que deja actuar.
En las actuales épocas resulta difícil tolerar los acontecimientos que no son propiamente causados por nosotros, es común tratar responder en contra de lo que no se conoce o no se logra entender, esto ha llegado a ser causa de tragedias, crímenes, desintegración familiar y hasta fracaso de imperios.
La tolerancia no es posible hoy sin un reconocimiento y un respeto por el otro y en esa dirección se hace necesario construir una cultura de la tolerancia, como objetivo específico, y del reconocimiento en el ejercicio de la política, la religión o la sexualidad. La posibilidad de comprender a otros, implica mi autorreconocimiento aunque, comprender a otros no significa tener que estar de acuerdo con ellos.
El hombre se distingue de lo vegetativo y lo animal por un ser un ente de razón, capaz de comprender a la naturaleza. El hombre es hombre precisamente por poseer, a diferencia de otros animales, la razón. La tolerancia tiene su origen en la razón, en el logos, como lo entendían los griegos, como razón y como palabra, esto es, como capacidad para comprender y para hacerse comprender.
La razón o logos, en este doble sentido, como fuente de toda tolerancia y la tolerancia como única posibilidad de convivencia.. La tolerancia, es la sofrosine para los griegos, es decir, temperancia que significa templanza, moderación; y la intolerancia es la hibris que es intemperancia que significa inmoderado, falta de templanza.
La intolerancia ha convertido a otros hombres, otros pueblos y otras culturas en seres inferiores, ha negado la posibilidad de pensar distinto, de tener otras opciones de vida, de fundar la vida a partir del respeto por la diferencia. La intolerancia llevada a los más lejanos rincones del universo.
¿Para qué? Sólo para tratar de demostrar lo de siempre, que unos hombres son más hombres que otros, que unos pueblos tienen más derecho que otros, que sólo existe una razón, una justicia, una libertad y un orden: la del más irracional, la del más injusto, intolerante y brutal.
Los niveles sociales de la intolerancia son tan estrechos y cortos de dimensión humana que sólo se ven las cosas desde una sola perspectiva inmóvil, fija y obsesiva.
La intolerancia es la neurosis de nuestro tiempo. El hombre se niega a reconocer al otro en su misma dimensión humana como un ser poseedor de razón.
La intolerancia ha generado las más absurdas guerras, catástrofes y las más grandes atrocidades en nombre de la libertad y de la razón. Reconocernos en la diferencia y la pluralidad es reconocernos en la cultura, en una cultura de la tolerancia. Ahora bien, el reconocimiento de la diferencia, como objetivo específico, tendría que ser analizado desde la perspectiva en la articulación entre Vattimo y Hegel entorno a la lucha por el reconocimiento de las minorías.
Haciendo abstracción de la categoría o concepto hegeliano " lucha por el reconocimiento", se hace referencia al reconocimiento como base de la diferencia para legitimar la tolerancia. Las minorías étnicas, raciales, sexuales o culturales buscan su legitimación en la sociedad y en esta dirección se hace necesario la construcción de una ética de la diferencia en donde el reconocimiento de la diferencia esté fundado sobre el reconocimiento de la pluralidad.
Ahora bien, la sociedad postmoderna es una sociedad de la diversidad o la pluralidad cultural en donde las minorías encuentran, dentro de la perspectiva de Vattimo, una "toma de la palabra", en una lucha por el reconocimiento como proyecto político por su realización humana.
Los medios de comunicación juegan un papel determinante en la " liberación de las diferencias " que han generado en la sociedad postmoderna el surgimiento de múltiples subculturas como resultado de la proliferación de la comunicación. La perspectiva hegeliana, analizada por Fukuyama, fundamenta la historia sobre la base de la lucha por el reconocimiento o thymos en tanto que el hombre quiere que se le reconozca como ser humano en razón de que es un individuo que tiene " valor " y " dignidad ", que hace que los hombres arriesguen su vida en una lucha por alcanzar el prestigio.
El hombre no sólo desea que se le reconozca como hombre, sino que además sea reconocido por otros hombres, porque posee una facultad que le es inherente a su condición humana, como propia la capacidad de arriesgar su propia vida.
20/10/2007
Ver mas columnas del autor |