A LA PALABRA...
La cuesta ¿de otoño?
Miguel Rojas Salazar
Pretextos para ponerle título a esta columna sobran, hay tela de sobra para el sastre: “De la falla del foxgate a la utópica desinflación” por ejemplo, “El diciembrazo adelantado” o “La anticipada invocación al enerazo”; pero ¿si esa evidencia inmediata alcanzara y rebasara la realidad? Estamos en un hoyo económico sin fondo, o una nueva profecía política: habrá crisis (o hay).
El prefacio dictado es ineludible indicador que la nueva cuesta de otoño –pasando por la época de mayor gasto familiar en el diciembrazo, los índices para el enerazo y su cuesta– desposeerá de risas y alegrías aun al más optimista, a no ser que nos agarre confesados el ahorro.
Ante al escepticismo ya despertado –aunado a lo anterior–, más que engaño a corto plazo, suena a emplazamiento por salud política el retraso del inminente aumento a la gasolina y con ello a los productos básicos de aquí hasta la cuesta de enero. Desde la perspectiva política este respiro defiende la imagen calderonista en medio del foxgate que lo dejaba mal parado, y entre la turbulencia de la reforma electoral dividida, el Presidente Calderón Hinojosa encontró como mejor salida oficializar el alza general hasta enero que, por consecuencia sistemática (cuestitis), doblará en el incremento cuando se arribe al primer mes del 2008.
Se trata de un alza de precios que, desde la tortilla en los albores del año, no se ha frenado, alcanzando estos días incluso el incremento al pan blanco, mismo que tenderá a mantenerse hasta el ajuste al costo final de la gasolina, autorizada en el Congreso y que entrará en vigor en cuanto sea publicado por el Diario Oficial de la Federación.
Otros aumentos alejados de esa “oficialidad” se dieron paulatina como efectivamente en la canasta básica, desatándose una mediática guerra especulativa, sobre todo en zonas afectadas por fenómenos naturales y atentados terroristas.
Los bolillos subieron 30 centavos desde hace dos semanas y la pieza de pan dulce 50 centavos, sin que hubiera avisos de la industria panificadora, y sin que la Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO) registrara el movimiento, ya que hasta su reporte del 18 de septiembre dio a conocer como precio mínimo del bolillo 80 centavos y como máximo 1.04 pesos.
En ese circulo vicioso, se añade la venta limitada de tanques de gas licuado de propano (gas LP) y gas butano, trayendo como consecuencia la triangulación perfecta hacia el encarecimiento de las mercancias de quienes usan ese producto como medio de vida, –léase restaurantes, changarros, y puestos esquineros–.
Y frente a ese monstruo especulativo, arremete la tortilla, el pan y los productos de la canasta básica; todo esto en plena época de otoño, a menos de 90 días del usual diciembrazo, materialmente época de gasto y consumismo como preludio al enerazo.
La Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO) ha detectado esta oleada de reetiquetación no oficial, limitándose a inhibir esa tendencia con palabras, aunque en el silencio se admita la realidad de estados como el de México, que en plena época de inundaciones el gas “desapareció”. Cancún, Chiapas y otros estados han sido víctimas de los desastres naturales; entidades como Coahuila, Guanajuato y otras en el centro del país han sufrido por escasez de gas ante los atentados a oleoductos y centros de almacenamiento.
En San Luis Potosí, los reportajes desplegaron esta semana el incremento de hasta un 400% en el predial, hecho que desembocó en una espiral inflacionaria en básicos, rentas, etc., etc., sin acusados ni defensores del pueblo, que no sea la épica frase correctiva de PROFECO .
Desde el pretextado anuncio del alza en la gasolina, todo es sinónimo de ese efecto para incrementar los precios, ahora el gas butano se incremento de 10 pesos de “propina obligatoria” hasta 50 pesos.
Esta prórroga nuevamente extenderá el censo de los más miserables, pues ante tanta dificultad que tienen para conseguir el pan de cada día –ya que sus miserables pagos no alcanzan para comprar lo necesario–, la comida se reduce por lo costosa que suele ser.
En el caso de las comunidades rurales, los costos se elevan más, por el viaje que realizan los comerciantes dependientes de este fenómeno geoeconómico e irregular entre la periferia, zona urbana y conurbana, que muestra distintos rostros de precios en un mismo estado.
En el caso de los porteños, sus ingresos no son seguros pues todo depende de lo obtenido en el mar, realizan gastos y a veces hasta se endeudan para que en la casa no falte el pan.
Así que el presente año 2007 será recordado por su preámbulo navideño, por la cuestaeneritis, y como el peor en destrozos, daños materiales, damnificados y desempleo en el Caribe mexicano, el golfo de México y todo el Pacifico. Aunado a esa factura depredadora social, el gozo de aguinaldos se remitirá a convivir con la familia, esperar el año nuevo llenos de salud y así con vehemencia reencontrar el camino de la estabilidad so pena de doblegarse ante los embates de diciembre como época de compulsiva adquisición y un enero 2008 altamente predecible en alzas.
A tanto apapacho a sindicalismos, grupos radicales, convencionalismo con Estados Unidos y tanta superficialidad legislativa, el rumbo de México parece limitado a un proyecto de nación que en un sexenio no alcanzó para más y se regresa o choca continuamente con un pasado reciente.
El freno social parece inequívoca señal de distanciamiento entre los propósitos y la realidad porque el precio promedio de los productos que integran la canasta básica de consumo registró un incremento de 34.17 por ciento, 7.5 veces el aumento a los salarios concedido a los trabajadores en enero de 2007.
Y retomando el subterfugio del gasolinazo, de acuerdo a fuentes de Petróleos Mexicanos (PEMEX) el costo de la gasolina se ha elevado de diciembre de 2006 a la fecha en un promedio de 3.5 por ciento para ambos tipos de combustibles de la paraestatal: magna y premium.
El panorama luce harto desalentador porque antes de entrar en vigor, repican fuerte las alertas de quiebra de productores agrícolas y agropecuarios, y ya se resienten en los mini salarios.
La falla del foxgate vino a dar un giro radical en la promulgación presidencial del incremento a la gasolina, pretextando un aplazamiento que proyecta a los asesores (cerebros) de economía como acertados a la hora de declinar el alza en este difícil momento que se complicó en lo político pero ya materializado en la sala senatorial.
09/10/2007
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