A LA PALABRA...
La drogadicción escolar
Miguel Rojas Salazar
¿Sabe usted dónde están sus hijos?
El artículo 234 de la ley general de salud considera estupefaciente el metilfenidato. Dentro de esta misma lista se encuentran drogas más conocidas como la morfina, el opio, la metadona y la cocaína. Sin embargo el Ritalin, Concerta, Tradea o algún otro medicamento psiquiátrico es usual en estos momentos dentro de un amplio y alarmante margen de menores víctimas de la adicción.
No hay que olvidar que en un tiempo las crayolas, gomas de borrar y algunos lápices poseían productos intoxicantes que provocaban adicción y fueron retirados del mercado por la SEP.
Lo serio de esta posición es que en la "Guía para la atención de intoxicaciones por drogas" elaborado por el Consejo Nacional contra las Adicciones y la Secretaría de Salud, se hace mención del metilfenidato como una anfetamina que en fase avanzada puede ocasionar crisis con hemorragia cerebral, convulsiones, coma profundo, colapso circulatorio, falla respiratoria y muerte.
Adicionalmente el articulo 467 de la Ley General de Salud señala: “Al que induzca o propicie que menores de edad o incapaces consuman, mediante cualquier forma, substancias que produzcan efectos psicotrópicos, se le aplicará de 7 a 15 años de prisión”.
¿Qué pasa entonces con quienes condicionan la educación a cambio de iniciar un tratamiento con esa droga? ¿Qué pasa con quienes se enriquecen a costa de nuestros niños?
Ninguna escuela, maestro o seudo-especialista puede obligarte a que consumas ninguna clase de drogas, legales o ilegales, eso es un delito y debe denunciarse por lo que esto obliga al tema a repartirse principalmente entre los pater familias y grupos intermedios de la sociedad, pues sin su conocimiento el fracaso esta premiando a grupos que inducen a los menores al mundo de la drogadicción.
En México, la Secretaria de Desarrollo Social alerta en boga: ”La drogadicción en las escuelas aumentó en los últimos tres años en casi tres puntos, lo que significa que de un millón y medio de niños y jóvenes estudiantes, 180,000 han probado alguna droga o son consumidores habituales, subrayando que uno de los aspectos más alarmantes de la cuestión es que un gran porcentaje de estos niños, de entre los 11 y los 12 años, ya consumen alcohol y tabaco y son ellos mismos los que distribuyen las drogas en sus colegios”.
El problema de la drogadicción ya no se circunscribe a los niños de la calle, sino que da el salto a las escuelas, donde 180,000 estudiantes han probado o son consumidores habituales de drogas.
En la frontera entre Tijuana y Ciudad Juárez, la niñez ha sido víctima de la inducción a las drogas en escuelas de manos de amiguitos o compañeros. Una decena de menores por cada 1000 habitantes consumen droga. La mayor incidencia se da en menores de bajos recursos, que son huérfanos o hijos de madres solteras y debido a la estela de contaminación en todos los centros escolares.
Un fehaciente estudio del Programa Regional de Procuración de Justicia de la Región Noreste, señala que en Coahuila actualmente el 15 por ciento de la población infantil, niños con edades entre los 8 y 12 años, es adicta y consume cualquier tipo de sustancias volátiles.
En Monterrey, Nuevo León, existen 250 centros de atención especial involucrados directamente en programas antidrogas para niños huérfanos, madres drogadictas que van a dar a luz y niños de la calle de entre 7 y 14 años de edad, que en estadística global suman más de 10 mil infantes que consumen marihuana, barniz, resistol 5000, alcohol, cerveza y cocaína en ese estricto sentido descendente.
Guadalajara no inhibe el problema del todo pese a contar con modernos centros de atención médica infantil y que sus gobernantes –en los últimos 10 años– han aplicado excelentes inversiones a la problemática. De cada 100 niños entre 8 y 14 años en esta ciudad 10 son consumidores de alguna droga o alcohol o ambas.
Lo más serio y alarmante es que no solo la frontera o centros vacacionales donde la noche es vida como Cancún, Los Cabos, Acapulco, Veracruz, etc., florecen como corredores de droga, hoy el centro del país esta atestado de drogadicción en todas sus modalidades, géneros sexuales y edades.
En San Luís Potosí, por ejemplo, la policía esta desarmada, la política de paz no quiere reconocer el problema de la drogadicción y la exagerada venta menudista a través del narcomenudeo, tienditas y ahora la nueva moda de “las ventanitas” (casas particulares), donde se vende droga las 24 horas del día mediante claves o conocidos que llevan a menores a efectuar este tipo de operaciones.
En las llamadas “ventanitas” si no hay efectivo se aceptan aparatos electrodomésticos, celulares, estereos, etc., lo que conlleva una escala de robos domiciliarios que es el delito mas reincidente de acuerdo a estadísticas en los Ministerios Públicos.
En Aguascalientes la Dra. Leticia Montoya encargada de un programa antidrogadicción infantil reconoce: “En todo el centro del país se propaga drogadicción infantil, urgen acciones para frenar la cada vez más elevada incidencia de drogadicción en niños de hasta cinco años de edad que son inducidos por personas mayores, que incluso pueden ser sus mismos padres”.
En el notable sentido de consumo de droga, México se colombianizó en la década de los ochenta, pues la extensa frontera del país se convirtió en un corredor de narcotraficantes, creando para su ilícito casas de seguridad y almacenamiento de droga que antes de penetrar al mercado estadounidense como destino final, si era retrasado el acceso, se vendía en pequeñas dosis.
De ahí se creo el sistema del narcomenudeo a finales de los noventa. Ese sistema fue ideado para evitar que la penalización prive de su libertad a los traficantes de droga, pues la ley tipifica la posesión para consumo personal y pueden alcanzar la libertad bajo caución. En las matemáticas es lo mismo una persona con un billete de mil pesos que mil personas con un billete de un peso, lo que no altera su resultado. Así de simple es ese mecanismo que revalida el ingreso sin pérdidas y desvía la acción de la justicia.
Tijuana se convirtió en la frontera donde de 1980 a 1990 el alarmante flujo de drogas causó estragos alcanzando por vez primera a finales de 1990 a la población escolar de niveles primarios. Se tijuanizó el mercado de consumo a niveles nunca sospechados. Se implementó incluso la operación “mochila” y sendas publicidades en contra de esa pandemia de adicciones, y en 1998 por citar un ejemplo se crea el programa “Vive sin drogas” a través de la fundación de Televisora Mexicana.
Al arribar el año 2000 y dejar atrás el siglo XX, México en todos sus horizontes geopolíticos, dejó de ser el obligado paso del tráfico de drogas para convertirse en las entrañas donde el almacenaje y casas de seguridad de los millonarios capos establecen sus centros de operación derivando en violencia, inseguridad y crecimiento adictivo de la población sin respetar a los menores, operando ya como centro de consumo.
El consumo de drogas entre los niños de la Ciudad de México registró un salto alarmante en los últimos tres años, durante los que pasó de un 12 a un 14.7 por ciento, porcentajes que también contemplan a los menores de 11 y 12 años, los cuales consumen alcohol y fuman tabaco, según datos de la Secretaría de Desarrollo Social.
23/09/2007
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