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A LA PALABRA...

Entre lavado del pollerismo y el secuestro de ilegales

Miguel Rojas Salazar

La red de “polleros” ha evolucionado tanto, que genera  más capitales sucios, inclusive, que las inversiones legales. Porque de aislados “guías espontáneos por cuotas” de 1974  hasta 1984, se convirtieron, merced a las ganancias sustanciales, en verdaderas organizaciones que utilizan un caudal inmenso de “recursos”, estrategias y corrupción policíaca para ofertar el ilícito mercado a la gran demanda de aspirantes a ilegales. Más caro entre más murallas erigen e igual de solicitado.

El lavado del pollerismo en Tijuana es más fácil de detectar que el del narcotráfico, debido al modus operandi, de pequeños capitales girando en regimenes de pequeño contribuyente.

El sistema es sencillo: de manera serial abren  auto lavados, talleres mecánicos, herrerías, abarrotes, taquerías y bares, conformando el imperio del “sucursalismo”  a favor de prestanombres para camuflagear declaraciones cuya inversión proviene del tráfico de ilegales que inicio desde los 50’s en esa frontera.

Es decir, un negocio de aquellos, con varias sucursales a diferentes nombres registrados en Hacienda bajo ese régimen logran establecer una lógica duda  entre vecinos y cohabitantes incluidos los polígonos  periféricos Tijuanenses, aparentemente mas pobres, respecto a “¿porque el vecino tiene tantos autos y una enorme residencia?”, en incongruencia con sus aparentes ingresos.

Este fenómeno nace precisamente del ángulo logístico de un incremento acelerado de casas habitación bajo ese sello de “sospecha”  y enriquecimiento progresivo.

No es difícil adivinar porqué, un joven entre los 19 y 30 años ya es dueño de un flamante auto de reciente modelo, de una casa y hasta de un negocio propio. Tampoco porqué en esta frontera los jóvenes desde la pubertad se “liberan” del cacicazgo familiar, para vivir en departamentos de lujo.

Así como nacen verdaderos conjuntos residenciales en zonas suburbanas y conurbadas resaltando en contraste con los cuadros de infrapobreza, la lógica obedece a que ahí hay dinero proveniente de sendas “lavanderías”.

 

El pollerismo, “bautizado” así  en los 60s por  la border patroll, al descubrir que en cajuelas de autos y tanques de gasolina de traileres “los mojados” trataban de encontrar otra forma de pasar ilegalmente a su territorio, pareciendo “pollos” al salir de un cascaron y con los pelos de punta,  han cambiado rutas y formas de entonces a la fecha. 

Alcanzó en 1993 tal fuerza que se convirtió en un brazo del narcotráfico que manipula a cientos de “braceros” aprovechándose de su grado de inocencia  y  posición legal.

Y aquí se abre la vinculación de la estructura policíaca. En la zona central y norte de esta frontera, existen 200 moteles y hoteles de segunda categoría, y más de 80 bares que no cierran en la zona congalera, (permiso completo de 24 hrs.). Un reportaje de este autor en el 2004 intitulado “El Mapa del Hampa”, demostró con nombres de polleros en la mano y la grabación furtiva, como todo mundo sabe donde y a que horas circula el narcomenudeo, cómo los “polleros” hacen de los bares sus  “oficinas” a cambio de destilar enormes cantidades de dólares. Cómo la Plaza del Mariachi, en pleno corazón citadino es un abierto mercado de polleros ofreciendo su servicios  pese a estar “rodeada” de 8 casetas policíacas en el entorno y “nadie ve” porque el informe policiaco cotidiano recurrente establece “sin novedades”.

La policía preventiva, pasó a ser la vanguardia en defensa de intereses de “renta” a polleros y narcomenudistas, contra el “aspirinismo” y judiciales (ministeriales) que antes cobraban el derecho de piso en toda la ciudad. El fortalecimiento de esa corporación policíaca crece a la inversa de ministeriales ya conocidos y vistos que servían a aquellos intereses.

Y de ese “cambio” a mediados de los 90s surge la disputa entre preventivos y ministeriales, es decir, la preventiva del municipio contra la PGJE, donde ¿como habitar la coordinación? Y que decir de la PGR y otras corporaciones que “respetan” ese “derecho de antigüedad” respaldado por sicarios de la orden de la ejecución so pena del silencio perpetuo.

En esa fecha nuestra incursión a la investigación nos puso frente a un jefe policiaco: Arredondo Guillen, quien a la postre fuera ventilado públicamente por corrupto e investigado por pérdida de confianza. “El Mapa del Hampa” nos dio como “premio” 24 horas de cárcel, cuando fuera apoyado por el entonces director de la DGPYT, Javier Arellano, uno de otros jefes policíacos en la mira de la AFI, por conexiones con el cartel hoy “en larga ausencia su paradero”.

Desde que en  su sexenio abrogara la Ley General de Población el entonces presidente Luís Echeverría Álvarez, que había existido desde los 40s, como figura jurídica “no existe”  en la Constitución una ley ex profesa, para juzgar a un “traficante de indocumentados” o polleros. Se limita subjetivamente desde el ministerio público a encuadrar el delito por infringir “la Ley General de Población”. De ahí que muchos alcanzan su libertad en un reciclaje delictivo de los más socorridos.
Y dentro de ese proceso de evolución, a mayor riesgo (muros erigidos en la línea internacional) existe más demanda y mejora la oferta, lo que predice que ya no solo los polleros son de Tijuana, sino bandas criminales que tienen nexos con policías, INAMHI y grupos Beta, hoteles, moteles y casetas telefónicas para encubrir el ilícito vía terrestre.

En su antiguo entorno Tijuana como plaza de “polleros” , constituía sus vías básicamente desde  El Cañón Zapata, Las Vías y el canal Río Tijuana como los tres puntos geográficos del lado mexicano, a pocos metros de la ciudad californiana de San Ysidro, en la frontera con Estados Unidos, que para algunos hombres constituyen la antesala de un posible paraíso económico.

Pero desde 1994, cuando Estados Unidos puso en marcha la Operación Guardián, esa antesala está rigurosamente vigilada y la espera puede prolongarse varios días y largas noches, infringiendo una catarsis o catapulta a sobrevivientes y huellas de cruces a sueños rotos sobre la línea divisoria.

Ahí es como penetrar a un laberinto de Tormento, el hambre mata, el frío taladra los huesos.

Contra el slogan turístico de Tijuana  “la ciudad más visitada del mundo”, habría que agregar que también es la línea internacional donde más personas pierden la vida al año. Las víctimas, en su abrumadora mayoría, son de nacionalidad mexicana. En lo que va del año, más de 200 personas han perdido la vida en su aspiración a ilegales. Víctor Clark Alfaro, del centro Binacional de los Derechos Humanos estableció en el 2004 que el pollerismo actual “ Es un brazo del narcotráfico”, ya no se aprecia al paisano intrépido tratando de conquistar el sueño americano, ahora son verdaderas organizaciones quienes ofertan el traslado.

“Hace diez años, más de mil personas esperaban aquí cada noche para cruzar al otro lado. Y cruzaban, nomás. Pero ahora es imposible, por la enorme vigilancia tecnológica que han desplegado las fuerzas de seguridad de Estados Unidos”,  establece uno de los Grupos de Protección a Migrantes creados en 1990.

Hoy los aspirantes a ilegales, que engrosan las filas sobre la Avenida Internacional, son secuestrados. Lo mimo quienes osan arribar a Tijuana a moteles y hoteles que “Trabajan” para sus clientes (polleros) de manera muy sui generis.

Un aspirante a ilegal actual, no solo puede enfrentar la terrible pesadilla antes de alcanzar el sueño americano si bien le va. Hoy se convierte en blanco perfecto de un secuestro en contubernio con policías y otros actores que aquí se citan. Un ilegal en la frontera es altamente reconocido, peor si va por la Av. Internacional, tampoco se escapan los que llegan a hoteles o moteles porque tienen parientes en Estados Unidos.

La función empieza desde las casetas telefónicas cuya cadena se extiende a mas de 200 en la zona norte y zona centro de Tijuana. Ahí se registran los teléfonos y nombres de quienes llaman “al otro lado” para contactar a un familiar o amigo.

 

Al día se registran entre 100 y 150 llamadas de otros tantos aspirantes a ilegales, esa lista tiene un precio en el mercado de los polleros, pues vale entre 30 y 100 dólares dependiendo de quien se trate en su posición social.

Los polleros obtienen esas listas y “hablan” a familiares de sus victimas secuestradas, a quienes trasladan a moteles y hoteles cuando no a casas de seguridad, para exigirles 3 mil y hasta 4 mil dólares por sus familiares, estando a la puerta de su casa. Y se da el delito no perseguido porque los “trasladistas” cumplen cabalmente llevando sano y salvo al “secuestrado”.

Caso contrario, los “secuestrados” no reclamados, pasan a integrar listas de “secuestradores” que son utilizados por las organizaciones criminales para atrapar “ilegales” con familiares en estados Unidos “secuestrables”.  Este “proceso” infiere la corrupción, protección y nexos de mandos policíacos porque nunca canalizan querellas formales de “amenazados”, los expedientes no existen por ser justamente “ilegales” lejos de su tierra y familia que los hace fácil blanco de este laberinto de los indefensos.

 

El secuestro inicia desde que su llamada se registra en las casetas telefónicas y de esta obtienen receptor en Estados Unidos. Uno de los “secuestradores” asignado, se hace pasar por “ilegal” (en realidad antes lo fue) y le ofrece “ayuda”, le da de comer y cuando obtiene su confianza, lo lleva con engaños a un hotel o casa de seguridad, diciéndole que de ahí le ayudaran a “pasar” al otro lado. Una vez en esa situación establecen condiciones y lo dejan hablar con sus familiares o amigos.

Los “secuestradores” utilizados como “enganches”,  para eliminar cualquier sospecha de la cadena de la organización, son o fueron también aspirantes a ilegales pero sin dinero ni familia en Estados Unidos.

Aquellos que duermen en la calle, comen “en La Casa de los Pobres” lo que alcanzan, caminan sobre la Av. Internacional y que después de tantos intentos denegados o deportados por la border patroll, se convierten de sobrevivientes en malvivientes y dependientes de una o mas drogas.

Son amenazados por las organizaciones de polleros y a cambio de droga, casa y poco alimento sirven de enganchadores hasta que su ciclo termina en una narcodependencia tal, que va a parar a un albergue, a un centro de rehabilitación o a una cárcel cumpliéndose así el circulo de eliminación de pruebas perfecto que retribuye esta condición a un delito y otro “como letra muerta”.

 

migweldei@hotmail.com

06/08/2007

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