A LA PALABRA...
La lista se incrementa…
Los expedientes intocables huelen a crimen perfecto
El proditorio crimen del empresario naviero Francisco Javier Fernández Ramírez, engrosa la interminable lista de ejecuciones a 19, de otros tantos expedientes no esclarecidos en Cancún en el 2007. La lectura bajo el sello del crimen organizado es doble. Por un lado no importa la hora, sitio, ni quien sea el siguiente, el sicariato cumple el servicio sin ser visto o bajo complicidad entendible y por el otro, el aroma que emanan los archivos huelen a crimen perfecto o efecto de intocabilidad.
Como es de suponerse, la atracción de fuero corresponde a la Procuraduría General de la Republica, PGR cuya facultad por tratarse de crimen organizado y utilización de armas de fuego de uso exclusivo del ejército complementarán un parte en el que se escuda perennemente el otro aparato de justicia; el de la Procuraduría General de Justicia del Estado, PGJE.
Es decir, mientras la inseguridad se extiende en Cancún, y supone está en manos de la estructura policíaca de Estado, con Bello Melchor como cabeza, pareciera este nuevo ejemplo de “crimen limpio” el eterno pretexto entre tres descoordinadas entidades.
La sociedad condena la inseguridad a cargo de la esfera municipal preventivamente, que al no eficientizarse endosa ya como delito efectuado a la PGJE, ésta, aporta solo estadísticas de oficina deslindándose de fuero, y la PGR no encuentra al, o los culpables por la descoordinación existente.
En ese ciclo, cualesquiera de los archivos ofrece el mismo “ritual”. Los primeros (Policía preventiva) o no funcionan o son fácil presa corruptible del sicariato, los segundos, la PGJE, o son infiltrados, o la “mano que mueve el gatillo”, o simplemente “maquillistas” de escenas de crímenes para que, los terceros, la PGR, nunca resuelva un caso culpándose unos a otros en una cadena que favorece al crimen organizado y los desorganiza a ellos para condena de la sociedad aterrorizada.
Esa conexión podría ser una pieza clave, y sería otra nueva excusa en posturas de megalomanía que sólo se atreven a dar jefes policíacos en entrevistas o en el discurso de “dispensa social”, sólo como factor distractor, hasta que se pierde en el olvido.
Lo que queda claro es que la seguridad escasea hoy más que nunca, y ninguna entidad policíaca cumple su función ni justifica los elevados sueldos, a partir del incremento y garantías de seguros de vida y vivienda con que fueron premiados.
Ante este resurgimiento de violencia que solo parecía una “tregua” el que queda en lista de pendientes obviamente es el procurador Bello Melchor, cuya imagen ya no solo golpea sino perfora este nuevo episodio.
El oficio del procurador se desvanece como tal, cuando lo rebasa la impotencia del pueblo reclamando justicia cuando mucho…o cuando poco la seguridad del resto de la sociedad, de quienes cobran altos salarios, y mínimo requiere de una explicación congruente y no mas “expedientes intocables”…
migweldei@hotmail.com
23/07/2007
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