A LA PALABRA...
La justicia peca de injusta en la pederastia...
Patologia oculta, disfraz del delito perfecto.
Mi cabeza gira por otro rumbo, impotente ante la naturaleza de leer y leer y rechazar a vomito tanta orgía de monstruos sueltos, ocultos quizás, bajo un doble fondo en su disfraz de reyes, debajo de una sotana, de mentor en una esquina del aula, o político en gozo de fuero, destilando fuerte pestilencia a impunidad de pederastia.
Y en los medios de comunicación la denuncia pública a la alza, igual tiñe de rojo “la de ocho” en los grandes tirajes, que en la esquina de la omnipresencia de Internet, o en el panfleto, en tanto al lector, lo desnuda un inmenso frío de horror y…cuando se quiere cobijar de seguridad el “yo acuso” parece ciego y se extiende más como un freno teórico a una intangible ley en su práctica…
Tal "radiografía" deja sin esfuerzo mínimo de incredulidad este realismo al más asiduo lector de narrativas al estilo de Edgar Alan Poe.
Como si fueran pederastas y personajes siniestros, el tributo a una naturaleza excusada solo por ser extraída de una horrorosa literatura.
Pero ¡cuan amarga! resulta la lectura literal de los pederastas de Cancún comparada a la metafórica concepción de autores de esos maléficos guiones.
A la lejanía del turista por venir o del paisano simple aquí en Cancún, le asusta la apología de un reinado monstruoso de pederastas en medio del paradisíaco azulado de sus playas, matiz radical a la memoria como recuerdo blasfemo de cuando luzbel fue exiliado del paraíso.
Pero si aquella condena fue dar paso a la maldad y abrir un rencor de perversidad por los siglos de los siglos a ese demonio suelto, ¿entonces? pregunta la diezmillonésima potencia de la ignorancia ¿que ejemplar castigo merece el deleznable hombre capaz de ensuciar en el más abominable acto la virginal pureza de un infante o adolescente?
Aquí vemos como la justicia peca de injusta en la pederastia o se convierte en antitesis racial:
Si la tenencia o posesión de material pornográfico infantil no esta sancionada por las leyes, este principio descubre la existencia de un vacío legal en el que ni tanto apoyo evidente que convierte al periodismo en testimonial publico sirve a su ejercicio como tal.
Porque como el medio periodístico, ni los informes, estudios, las publicaciones, grabaciones y videos permiten la contundencia jurídica y se suman a grandes lagunas legales para identificar y sancionar delitos cibernéticos y delitos asociados, como la distribución de material pornográfico.
Y desata un contrapeso de peor dimensiones: tal impunidad refuerza el mercado negro de una gruesa demanda de venta, distribución, espionaje hotelero, videos y material de género en pornografía infantil en todos sus usos.
Entre tantos avatares y laberintos, es cuando nuestro camino periodístico se hace harto leal y, en efecto, convierte nuestros artículos en pistas que abren de luz al más ciego, cuando el puntual seguimiento se convierte en piedra en el zapato de los investigadores y cansa fatiga, y cuando se recuerda el pozo que quieren tapar con un “A la memoria del olvido”.
Si usted, sapientísimo lector, no ha leído todo lo referente a Succar Kuri, Miguel Angel Garcia Rascon y Lee Dyer: extranjeros, ricos y abusadores de menores en Cancún, la huella de otros aun prevalece, aun cuando mas secreta, cuanto mas condicionada a alejarla de la mente de todos, antes que privarse del aire, sol, mar y tierra del verdadero paraíso de Cancún.
¿Y donde habita el aroma a ese delito sin castigo?
El México del Siglo XXI ocupa el segundo lugar con mayor producción de pornografía infantil.
En el año 2004, se registraron 72 mil 100 sitios de pornografía sexual de menores de edad, mientras que a inicios del 2006 ya había más de 100 mil sitios, la actual estadística arroja 150 mil sitios hasta el primer semestre del 2007.
La Policía Cibernética de México tenía la clasificación de imágenes de pornografía infantil en Internet en cuatro rangos: de cero a cuatro años, de cuatro a ocho, de ocho a doce y de doce a diecisiete, grupo en el que predominaban las imágenes pornográficas.
La patología del pederasta:
El enemigo empieza en casa, el mecanismo cibernético que es el arma que “pacifica” a niños y adolescentes incluyendo a los mismos padres.
Los amores y conquistas internetistas a ciegas, derrumban más, por privilegio de mente superior a la de un menor, dinero, creación de ambición e interés por algo a los menores ante la patología de un pederasta.
Un Pederasta nace en la vejez, crece en su poder y vive en la impunidad porque emancipa a otros intocables en sus clandestinas orgías. De tal modo que regulan y manipulan la ley de la “creación” misma de cómplices en sus bacanales que sugiere el caso Cancún, donde el silencio otorga esta condición para evitar un “arrastre” de culpables de mayores consecuencias.
Un lugar ideal para la pederastia es la suntuosa privacidad de un hotel, complejo habitacional lujoso, y la pobreza e inocencia de un menor. Existen cámaras ocultas en habitaciones que incluye la de turismo convencional y ocasional. Las cintas de video van a parar al mercado negro de pornografía “casera”.
En relación directa a los menores “chantajeados”, psicológicamente rendidos, el dinero, la amenaza y hasta la iniciación a la drogadicción termina por hacerlos víctimas de esta ultrajante historia real que supera, en mucho, una vivencia que parecía extraída de una novela de horror y genuina perversidad humana. Cuantos menores en silencio esperan avances legislativos que los hagan disfrutar de la libertad de sus sueños ¿O Cuantos adultos esperan lo contrario, ocultos bajo un doble fondo?
migweldei@hotmail.com
03/07/2007
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