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Memorias del porvenir

La tregua indispensable


Miriam Gomezcésar

Qué difícil situación la que se avecina para las familias de las comunidades asentadas en el sur y centro del estado por las secuelas del temporal que dejó sin empleo a miles de familias que viven en el campo,
un millón 300 mil hectáreas forestales afectadas, un futuro poco alentador a corto plazo si los gobiernos no responden con programas visionarios para enfrentar la situación, y evitar mayores daños ante la inminente llegada de la época de sequía, que es un serio agravante mientras los gobiernos no muestran el mismo interés a los reclamos sociales de quienes necesitan una respuesta seria y comprometida como la otorgada para la recuperación de arenales tras el paso de “Wilma” y el propio “Dean”.

Recuperar la normalidad es necesario pero representa un esfuerzo extraordinario tanto de los ejidatarios como de los gobiernos, traducido en financiamiento para la adquisición de maquinaria pesada, organización para el trabajo de extracción y arrastre de los arbustos derribados, implementación de proyectos de reforestación, disposiciones para el establecimiento de vedas para el fortalecimiento de la nueva vegetación, la recuperación de los ecosistemas y programas productivos (tiempo, dinero y esfuerzo), sin embargo la señal del gobierno es que el tema no es prioritario.

La situación es delicada pues hay demasiada maleza acumulada en el terreno de las áreas siniestradas, material que entorpece los caminos rurales y un magnífico combustible. Con un incendio se perderían recursos valiosos como los maderales (250 mil metros cúbicos de caobas, cedro, tzalam, chechén, zapote, pucté, katalox, chakteviga, chaktekok, jabín pucté, chacá blanca, chacá roja, sac chacá, amapola, etc.) con los cuales, podría recuperarse parte del financiamiento invertido en maquinaria para el arrastre, por su valor comercial y la demanda de maderas preciosas en el mercado de la industria de la construcción y mobiliaria.

Los ejidatarios necesitan, aparte de la maquinaria para el arrastre, que implica una inversión superior a los 300 millones de pesos para la adquisición de 100 máquinas cuyo costo individual aproximado es de 3 millones de pesos, sin considerar el costo de la infraestructura para su procesamiento ya que en las condiciones actuales, a los productores les llevaría algunos años la extracción total de la madera caída que con la maquinaria necesaria, tardarían un año en la extracción masiva.

La preocupación en sí es el tiempo, que en este caso es un factor esencial por el desinterés del gobierno que no parece querer involucrarse. Tal vez porque no han sabido escuchar las advertencias sobre las consecuencias de la tragedia ecológica en los municipios afectados. Reacción que contrasta con el entusiasmo para la recuperación de arenales en las playas de Cancún, Playa del Carmen, Tulúm y la Riviera Maya, que ha sido ilimitado.

El problema de fondo es complejo, porque adicional al esfuerzo para la extracción masiva de las maderas preciosas, se requiere plantear la reforestación y establecer un tiempo de espera para la recuperación de las selvas que es a mediano plazo. En tanto, ¿de qué van a vivir los productores? ¿Qué ayuda les propone el gobierno?

El difícil panorama se profundiza a consecuencia de la inundación en Tabasco por los escurrimientos de agua a las partes bajas de la región en los municipios de Felipe Carrillo Puerto y Othón P. Blanco, y el éxodo de los afectados a zonas de auge turístico que se considera llegarán huyendo de la devastación.

La población con recursos se refugia temporalmente fuera, pero regresa a donde están sus pertenencias y, aunque la situación es distinta para el que realmente lo perdió todo por no contar con propiedades, cuando el retorno a la normalidad no es cosa de días sino semanas o tal vez de meses, se ven presionados a emigrar a sitios más seguros para pernoctar, emplearse y reiniciar su vida cotidiana, lo que representa mayor esfuerzo para todos.

A punto de concluir la temporada baja del turismo, en los municipios del centro y sur del estado hay preocupación y escepticismo por la respuesta de los gobiernos que a bote pronto dicen una cosa pero entregan la ayuda por goteo. Las consecuencias de la adversidad climática se refleja en el comportamiento atípico de los fenómenos estacionales que en los últimos tiempos han causado grandes pérdidas, pero los mandatarios no ponen la atención necesaria y reflexionan muy poco en las consecuencias; la falta de proyectos de conservación con una visión de futuro que representen mayor seguridad para los habitantes así lo señala, sin embargo, no parecen interesados en el tema y así, no hay forma para salir del atraso y al paso que vamos, lo lamentaremos en poco tiempo. 

 

mgomezcesar@hotmail.com

12/11/2007

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