Memorias del porvenir
Lo que el viento se llevó
Miriam Gomezcésar
Si hay algo peor que el dolor físico es la desolación del aislado, por ello los estudiosos han dedicado gran parte de su esfuerzo a encontrar la fórmula para aliviar el desánimo de los entristecidos y evitar actos desesperados como la delincuencia o los suicidios. |
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Esta turbulenta semana, en la que la naturaleza reiteró los problemas de la marginación y la pobreza tras el paso del vendaval cuyos vientos desnudaron la dolencia de las zonas rurales ancestralmente abandonadas, también sirvió para alimentar la mezquindad de los eternos oportunistas que no desaprovecharon la ocasión para beneficiarse.
Las autoridades tienen la difícil tarea de recuperar la normalidad de la actividad productiva en las zonas siniestradas, el ánimo de los pobladores que perdieron todo de lo poco que tenían, y garantizar mayor seguridad a esas familias (a ver si ahora sí). Si el caprichoso temporal provocó daños considerables donde abunda la pobreza, también cedió paso a la mezquindad humana.
Como si se tratara de un acto de inducción subliminal, los más famosos conductores de noticiarios convirtieron los hechos reales en un bochornoso espectáculo sensacionalista con sus excesos, parecía aquello una farsa entre quienes acaparan y lograron el aquelarre informativo “a ver quien puede más, quién resulta el héroe de la película”.
En el contexto de la espera del meteoro y del desorden interno en la administración pública, también se cometieron errores de consideración cuya repercusión habremos de conocer después. Tal como sucedió a Salvador Rocha Vargas, subsecretario de Seguridad Pública, que en momentos de mesura, en su precipitación salió con los altos mandos de esa dependencia al municipio de Felipe Carrillo Puerto, donde tuvieron que pernoctar, porque cuando conoció la dirección del impacto central, quisieron regresar y el ejército les negó el paso por la cercanía del huracán.
O como sucedió el viernes 17 por la tarde en Cancún, que mientras se realizaba la reunión de la CROC con Beatriz Paredes acompañada por los mandatarios, el estatal Félix González, Francisco Alor de Benito Juárez, Carlos Joaquín de Solidaridad, Cora Amalia Castilla de Othón P. Blanco, y los legisladores Pedro Joaquín Coldwell y Eduardo Espinoza Abuxapqui, abajo sesionaban los integrantes del “Subcomité de Turismo en Comunicación” para acordar el manejo informativo al turista en la que 2 horas más tarde, determinaron girar un oficio a los huéspedes solicitando el desalojo de los centros de hospedaje por el riesgo del huracán o firmar una responsiva en caso de querer permanecer y así evitar mayores repercusiones.
Félix González supo con tiempo la dimensión de lo que se avecinaba, pero o no lo atendieron, no lo entendieron, o de plano no lo escucharon, y a la primera señal de alarma y desorden interno al conocer la determinación de Rosario Ortiz Yeladaqui, que en plena contingencia se le ocurrió solicitar la renuncia del titular de Protección Civil, el Meteorólogo Nemesio Medina Robledo (uno de los pocos colaboradores respetables y prestigiados en el gabinete) por querer advertir a la población sobre la severidad de lo que se avecinaba por efectos del impacto. En su lugar se nombró a un maestro en astrología (sic) Luis Carlos Rodríguez Hoy (funcionario de la misma dependencia), sin embargo, el mandatario reaccionó con firmeza.
El dato no es menor, y que el gobernador se apoyara en el ahora asesor de Protección Civil, Nemesio Medina Robledo, enviaba un mensaje de seriedad a la población. ¡Que bien que mantuvo su firmeza! y que no soltara el micrófono ante la ansiedad de protagonismo de sus estorbantes. Ahora, la complejidad de la delicada situación que prevalece y amenaza empeorar, requiere un esfuerzo mayor.
Y es que en el certamen de irresponsabilidad hay una lucha encarnizada por el primer lugar que se pelean los mencionados con la alcaldesa de Othón P. Blanco, Cora Amalia Castilla, que en su necedad de mantenerse al lado del gobernador, olvidó tareas básicas de prevención en su ayuntamiento (conocen por experiencia la ubicación de las zonas más frágiles), mandar podar el follaje de los árboles en las áreas de tránsito continuo para disminuir el riesgo de bloqueos, pedir a la ciudadanía hacer lo propio para mitigar peligros, bajar la estructura de los espectaculares, etc.
De la marginación a la desesperación
La totalidad de demandas materiales para el restablecimiento de la normalidad en las zonas afectadas es inmensa, va aparejada a la amenaza de epidemias en comunidades cuya población requiere con urgencia de lo vital como agua, alimentos, medicamentos, etc., del reestablecimiento de servicios, hasta una palabra de afecto, de solidaridad. La tarea más dura para los gobiernos es llegar a tiempo a las poblaciones que quedaron aisladas por anegación, por la pérdida de caminos, o bloqueados por los arbustos donde sus habitantes viven momentos de desesperación (como San Isidro, La Laguna, Los Lirios, Kuchumatan, Maya Balam y Miguel Hidalgo, donde habitan alrededor de 800 familias). Ahora viene la etapa de los escurrimientos de la península y el riesgo es mayor para las comunidades asentadas en zonas bajas de Othón P. Blanco a lo largo de la rivera del río Hondo.
Vestidos y alborotados
Desde luego que a los oportunistas de la zona norte del estado a quienes el huracán dejó como novias de rancho “vestidos y alborotados” (sobretodo a los desesperados que pelean por cualquier puesto de representación popular), seguramente los veremos en las imágenes repartiendo las despensas aportadas por la solidaridad de las familias de Cancún, Cozumel, Isla Mujeres, Solidaridad, etc., esos vivales no dejan pasar la ocasión para beneficiarse como ya están haciendo esos bribones a pesar de la advertencia del Secretario de Gobernación, Francisco Ramírez Acuña, quien solicitó evitar politizar la ayuda a los damnificados, pero los aferrados están haciendo de las suyas y luego preguntan por qué pierden.
mgomezcesar@hotmail.com
28/08/2007
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