Memorias del porvenir
Violencia silenciosa
Miriam Gomezcésar
Sin respeto a las garantías constitucionales
Al clima de irracionalidad que se vive en la actualidad dentro y fuera del país por la lucha territorial del hampa, habría que agregar la otra forma de violencia en la que se cultivan odios, rencores y |
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deseos de venganza como son: la discriminación, el rechazo y la exclusión social principalmente cuando afecta directamente a la parte más vulnerable de la población que son las criaturas. Los niños y niñas que desde su temprana infancia sufren de rechazo cuando presentan capacidades diferentes o especiales. Tal vez la separación sea una reacción de autodefensa “normal” ante la diferencia, sin embargo es una forma de violencia que no se aprecia fácilmente porque se da en corto, de manera natural, en una sociedad marcada por los contrastes y la descomposición.
Déficit de atención contra déficit de conciencia
El maltrato social hacia las criaturas que sufren de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, y/o impulsividad, también constituye un fenómeno que afecta a las millones de familias incomprendidas. Sin embargo, quienes reciben la peor parte del desaire son las criaturas con esas características. En consecuencia, según investigadores, quienes tienen capacidades distintas o especiales, presentan dificultades para integrarse a los grupos sociales y viven la constante agresividad del entorno social que deteriora su autoestima.
Aunque existen programas modernos con terapias y adecuaciones específicas diseñadas para facilitar la integración de los niños a la normalidad aplicados en algunas escuelas públicas y privadas donde los niños aprenden a convivir y adaptarse al medio que los rodea, en las escuelas oficiales, los grupos son formados hasta por 35 niños que requieren atención personalizada.
Si consideramos el tiempo que requiere cada sesión de terapia, sabremos que el déficit entre oferta y demanda es alto, y peor aún, si hablamos de los estados, municipios y poblados donde el acceso a la educación tiene otras limitantes como la lejanía, la ignorancia de los padres o la inexistencia de escuelas.
Ya sea por falta de cupo, de disposición, o de posibilidades para atenderlos, en las escuelas “indicadas”, los niños son rechazados por la insensibilidad de los maestros cuando los menores presentan un rasgo distinto al estándar (en la cultura del mínimo esfuerzo), y los padres de familia se ven forzados a peregrinar en busca de ayuda en la angustia por integrar a sus hijos al sistema de educación básica en esas condiciones. A pesar del principio del derecho constitucional y de los propios lineamientos de la SEP para aceptarlos, las injusticias se cometen día con día sin miramiento. Quienes lo sufren o han sufrido, saben a lo que me refiero.
La desorientación familiar impide encontrar el apoyo necesario adecuado en las instancias específicas, (como la Comisión de Derechos Humanos en el H. Congreso de la Unión, por ejemplo) y los niños sufren las consecuencias del rechazo tanto en centros de educación oficial como privada.
Para tener una idea de la magnitud del problema, según datos oficiales, en el Distrito Federal, la Secretaría de Educación Pública atiende a más de 36 mil alumnos con capacidades diferentes y especiales en 331 Unidades de Apoyo a la Educación Regular (USAER) y 94 Centros de Atención Múltiple (CAM). Las USAER, ubicadas en los planteles educativos regulares, apoyan a la población escolar en mil 235 primarias, 111 secundarias, 12 escuelas de educación inicial y seis de preescolar.
Con la zozobra del futuro y su desconocimiento para enfrentar el reto, millones de padres de familia viven temerosos de su incompetencia por los momentos de tensión que se perciben ante la furia de la delincuencia común en los hechos cotidianos, tales como la matanza de 32 personas (profesores y estudiantes incluido el agresor) la tercera semana de abril en la Universidad Politécnica de Virginia en Estados Unidos de Norteamérica por el estudiante oriental Cho Seung Hui, cuyo mensaje póstumo narra el clima de hostigamiento y burla constante que sufrió por parte de los estudiantes, alteró su conducta social y profundizó su aislamiento según los analistas.
Pero la discriminación no se da únicamente por diferencias raciales, sino económicas y culturales. La complejidad de los problemas del rechazo, la exclusión y la discriminación deben estudiarse como fenómeno social que debe enfrentarse desde la educación y la defensa de los derechos humanos, aunque acabarlo siga siendo una utopía.
En Quintana Roo, en el sector educativo es conocido por el propio magisterio que el C.R.E.E. (Centro de Rehabilitación y Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura) es el “patito feo” tanto del sector como del gobierno que tiene otras preferencias distintas a los problemas sociales que lo aquejan, y si a ello adicionamos que por lo mismo, existe un alto rezago de atención, podemos decir que la demanda es un tema impostergable que requiere atención del joven mandatario Félix González, aunque para él no sea un tema tan “relevante” como la boda de la cantante o el certamen “Señorita Universo” que son su centro de atención y cuidado.
A pesar del llamado que el mes anterior hizo la Organización de las Naciones Unidas al gobierno mexicano por la violencia extrema contra la infancia que se vive en toda la república porque México, según estudios de la UNICEF, es uno de los países más violentos del mundo (verificable en los índices de abandono, crímenes —cada día se asesinan 2 niños en México según la ONU—, explotación sexual, esclavitud, etcétera), y solicitarle tomar las medidas necesarias que impidan ejercer una disciplina autoritaria en hogares y escuelas, y del compromiso de las autoridades de Salud para elaborar un proyecto nacional de prevención, avanzar se antoja difícil (por no decir imposible) sin partir de la base de sancionar rigurosamente la falta de respeto a los derechos humanos.
mgomezcesar@hotmail.com
30/04/2007
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