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Memorias del porvenir

¿Y la seguridad? ¡bien, gracias!

Miriam Gomezcésar

De regreso a la vorágine normal en la ciudad de Cancún, el tema principal que nos ocupa tras la semana santa es, para variar, el de la inseguridad pública, que acumula víctimas día con día, y entre quienes se cuentan también periodistas y recientemente cobró la
vida del corresponsal de Televisa, Amado Ramírez asesinado en Acapulco, Guerrero. Tal homicidio forma parte de una larga lista que se acumula y preocupa a todos, principalmente a quienes de una u otra forma sienten el rigor de la “justicia” sin que los responsables de mantener el orden y la seguridad de todos, hagan algo más allá de operativos “sorpresa” ineficaces (muchas veces artificiales), que en el fondo no responden a la dimensión de la urgencia que requiere un trato más serio y menos sensacionalista para resolverse.

Pareciera como si el apoyo real fuera para que nada estorbe al gran estafador, pese a que en apariencia, se ocupa al gran aparato de las fuerzas armadas en operativos que parecen tener su fundamento más en la búsqueda de mayores recursos económicos para adquirir armamento sin que ello signifique una mejora a la seguridad de todos tan urgente.

La observación de la conducta social permitirá a cualquiera detectar la conformación de sociedades distintas en interdependencia y acción, como las mareas, tal como existen sociedades interdependientes dentro de los centros carcelarios entre los internos y los cuerpos de protección (prisioneros y tiranos) que interaccionan para mantener un “orden” integral estableciendo códigos y normas difícilmente comprensibles en libertad.

En las calles de las ciudades existe un orden similar entre los cuerpos de “seguridad pública” y las bandas delictivas que dominan en ciertas zonas, en las cuales, traspasar la línea de tránsito permitidas representa un riesgo mayor a la integridad, sin embargo perviven gracias al intercambio económico y a los códigos de conducta internos, esto es, de discreción y apoyo absoluto contra la propia vida.

Si hablamos de los suburbios más peligrosos en las ciudades, por qué no del otro extremo, de los residenciales donde el orden permanece gracias a la policía privada que en muchos casos está mejor habilitada que la pública, porque en la opulencia pueden conseguirse como guardaespaldas personales a tiradores profesionales con amplios conocimientos en defensa personal, normalmente entrenados por expertos militares, así como cercos electrificados en sus propiedades.

Como ha quedado expuesto en infinidad de ocasiones, aunque existe un código especial de respeto entre los cuerpos de seguridad pública y privada, la población común que no tiene acceso a ninguno de los dos extremos, se ve en la necesidad de enfrentar los riesgos de su seguridad personal, familiar y patrimonial diariamente a pesar de pagar en impuestos una seguridad pública y servicios costosísima a la que no tiene acceso.

En el más alto nivel del sector empresarial coexisten los ciudadanos honorables con los otros, los truhanes de cualquier nacionalidad y extracción posibles que sí gozan al 100% de las garantías constitucionales que los ciudadanos comunes no pueden, y viven bajo el  temor a vincularse con cualquier sociedad “oculta”, obligada a pagar el alto costo del  miedo; por un lado a ser víctima del sistema o de los monopolistas (abusos y fraudes de bancos, cadenas comerciales, aeropuertos, líneas aéreas, etc. ), o de la delincuencia común  (asaltos, extorsión, secuestros, atropellos, amenazas, etc.) que obligan a tomar medidas radicales como organizarse para la autodefensa, que no es lo óptimo, pero es más eficaz para obligar a las autoridades a reflexionar.

No se trata de desacreditar automáticamente las acciones de los gobiernos, sino de señalar que, según los métodos comprobados, no puede erradicarse un mal si no se aplica un tratamiento integral que va desde el conocimiento del diagnóstico y del método que se va a utilizar para eliminar la infección, bajar la temperatura, desinflamar y el tratamiento para fortalecer las defensas que atacarán al motivo que ocasionó el daño. Menos que eso es vacilar, en este contexto ¿quién aguantaría una báscula bien calibrada de la transparencia y la legalidad (Contraloría, Derechos Humanos, Hacienda, etc.) ante las promesas de campaña para ser servidor público?

 

Claroscuros…

¿Y la población? no es problema, al fin y al cabo aguanta todo por una camiseta de cualquier color.

Después de los informes de gobierno y logros anunciados, vale la pena hablar de lo que se debió decir y no se dijo por cualquier razón. Ahora manifiestan como obras remarcables lo que en otros tiempos eran simples programas normales de mantenimiento obligado. Así, sin excepción, en todos los municipios y en el tan cacareado del estado, para “no dejar ningún detalle” los logros se magnificaron más allá de lo evidente, exhibiendo que faltó obra pública “nuevos caminos, nuevas calles, nuevos medios de comunicación…”, lo que simplemente demuestra la desidia de los mandatarios para cumplir con su obligación. Lo malo es que se acorta el tiempo para la culminación de sus regímenes y las obras…¡bien, gracias!

 

mgomezcesar@hotmail.com

10/04/2007

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