Memorias del porvenir
Atrapados en la corrupción y la anarquía
Miriam Gomezcésar
De entrada una golpiza, más tarde, un “bautizo” (arrojados a una fosa de aguas negras). Ese es el tratamiento con que son recibidos los procesados |
|
en las cárceles de Quintana Roo, ritual que culmina con otra brutal golpiza (patadas, puñetazos, escupitajos, etc.) en la que intervienen la mayoría de internos para someterlos al nuevo “orden social” del llamado autogobierno, que existe dentro de los penales, en los que los cabecillas toman el control de los internos para convertirse en sus representantes ante la autoridad y tener canonjías que de otra forma no podrían lograr para tener acceso a mejorías relativas en las condiciones del encierro. |
La forma salvaje de recibimiento que es característica (aunque desmentida por las autoridades) y narrada por ex presidiarios, se antoja tan increíble como una pesadilla sobre la crueldad y resistencia humanas. Son muchas las causas que motivaron el motín y fuga de reclusos en la cárcel de Cancún: la colusión es una, pero todo va íntimamente ligado a la corrupción que existe en los gobiernos, tufo a podredumbre que emana desde lo más alto del mando institucional, para tristeza de todos los que diariamente enfrentan los riesgos de la delincuencia.
Desde la fragilidad de los custodios, hasta la cuestionada honorabilidad de los directivos, el aparato del Poder Judicial es la médula espinal de la vida institucional y supuestamente garante del orden y la seguridad de todos, sin embargo, está tan enredada en sus propias inconsistencias internas, que el galimatías alienta la desconfianza y el temor general a las consecuencias de verse involucrado en la angustia de una intriga.
¿Acaso las altas autoridades del poder judicial desconocen el diagnóstico de las cárceles de Quintana Roo? Es claro que no, sin embargo el avance en materia penal es lentísimo, y su aspecto administrativo fatídico, lo que puede verse reflejado en la facilidad que tiene cualquier interno para obtener canonjías dentro, que dependerán de su capacidad financiera. Por ende, los más débiles son sujetos de violencia y maltrato, indefensos frente al poder del dinero que es la única ley reconocida dentro y fuera.
Un ejemplo de ello ya lo hemos dicho antes, son los internos; más de la mitad son procesados por delitos administrativos bastante menores frente a los grandes criminales que ni siquiera son molestados para aclarar demandas, y hay casos muy sonados cuyos expedientes se mantienen en resguardo sin que las investigaciones prosperen.
Eso sugiere un intercambio de intereses atractivamente redituable en el Poder Judicial, motivo tal vez para que sus representantes se aferren a permanecer en la cima a costa de argucias para torcer la propia reglamentación institucional. En el Poder Judicial (según la demanda pública de los propios magistrados), los manejos parecen ser tan caprichosos y chuecos como los retorcidos cuernos de una cabra salvaje y, para desconsuelo de los políticos, el cinismo con que se mantienen ha logrado hacer que las instituciones dejen de representar seguridad para las garantías individuales de la comunidad.
Retomando el tema carcelario, existen muchas dudas sobre los hechos ocurridos el día de la espectacular fuga: la complicidad entre delincuentes y autoridades se hizo famosa a nivel internacional por la facilidad para tan multitudinaria huída. Sin embargo, pasado el bochornoso evento, pese a la infinita torpeza de las autoridades, todo volvió a la rutina; las cosas siguen igual: ni se corrigen males, ni se aplican correctivos, ni se disciplina a los servidores públicos, ni se protege a la población como se debiera, y todo lo resuelven con simples boletines y declaraciones.
Y es que en el mundo de los ilícitos, los alcances de los criminales son infinitos, como subraya Moisés Naim, director de la revista Foreign Policy, en una entrevista concedida a Juan Antonio Zúñiga para el diario La Jornada que publicó el pasado 1º de noviembre en la que al referirse al tema de los nexos del crimen organizado, afirma que (cita textual): “Tenemos tres fronteras que se están borrando: la frontera entre el sector privado y lo criminal; entre lo político y lo criminal, y entre lo filantrópico y lo criminal. Se está desvaneciendo la frontera entre los criminales y los políticos porque, como ya dije, es imposible que esta actividad se lleve a cabo a estos volúmenes y a esta escala sin la activa complacencia o participación de todo tipo de funcionarios públicos y de políticos. También se está difuminando la frontera entre lo filantrópico y lo criminal. Los grandes criminales del mundo acumulan tanto dinero que terminan siendo los principales financistas de actividades filantrópicas, de museos, obras sociales, orquestas, clubes deportivos, etcétera, etcétera”.
Detallada la cruda realidad de nuestra existencia, el reto parece imposible mientras la sociedad civil no participe con firmeza para exigir cuentas claras a las autoridades y oponerse a tanto ilícito. De otra forma no habrá avance, sin embargo, la crisis está llegando a límites tan insostenibles para la estabilidad social, que una presión popular (más sangrienta) es predecible, lo que podría obligar al establecimiento de nuevas y más equitativas reglas de convivencia.
Claroscuros…
Concurso de desatinos
A casi dos años de asumida la administración estatal, el joven gobernador Félix González Canto tuvo una de sus peores temporadas porque las cosas no le salieron como soñaba.
Primero, apareció otro muertito sobre la carretera a Mérida atado de pies y manos, asesinato supuestamente vinculado al narcotráfico según las autoridades. Más tarde, cuando festejaba la realización del teletón que le daría popularidad, la noticia del motín y la espectacular fuga de más de cien reos de la cárcel de Cancún, le agriaron el desayuno.
Por si fuera poco, la controvertida “super” secretaria técnica del gabinete Cecilia Loría, para demostrar su habilidad y conocimiento, lo disuadió de aceptar participar en un evento diseñado para llevarlo a la cima de la fama (que los de casa sepan lo bienamado que es González Canto a nivel nacional, pues) “Mejores Prácticas de Gobierno desde los Estados” para el cual se invitó a todos los gobernadores y procuradores de justicia del país.
La realidad necia y traicionera, como siempre, hizo acto de presencia en el costosísimo evento al que únicamente acudieron 30 representantes y sólo dos de los gobernadores convocados: la de Zacatecas Amalia García del PRD y el duranguense priísta Alfredo Hernández Deras ¡vamos! ni siquiera llegaron los de la región (Tabasco, Campeche, Yucatán) que están tan cerca.
Tal vez por eso el gober lucía contrariado y en su discurso, poco convincente “hoy más que nunca —dijo— la democracia depende de una buena gestión de gobierno, toda vez que sin una administración eficiente de gobierno, la democracia no tiene sustento” desde esas palabras la concurrencia volteaba a preguntarse ¿cómo dijo que dijo?
Dicen los enterados, que esa reacción la ocasionaron las conocidas dificultades que hay en el estado, y que sus colaboradores tratan con preocupante displicencia, y es que algunos problemas se pueden observar a simple vista como los de Cancún (la ya conocida ciudad de los baches), la inseguridad en las calles, el desorden en el transporte público, los altísimos niveles de prostitución, la venta desmedida de alcohol, etc. (y eso que nomás son los problemas de encimita) Dicen que el gober se puso “de pechito” frente a una encanijada opinión pública y la de los malosos que nomás andan buscando “minucias” para criticarlo. Para colmo de su mala suerte, un día después, a la comida anual que ofrece a los integrantes de los medios de comunicación de la zona norte del estado con motivo de las fiestas decembrinas, acudió forzado, con tal desánimo, que en vez de celebración pareció un inoportuno cumplido. ¡Ni hablar!
mgomezcesar@hotmail.com
19/12/2006
PUBLICA TU OPINIÓN ACERCA DE ESTA COLUMNA EN NUESTRO BLOG |