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Memorias del porvenir

¿Por quién doblan las campanas?

Miriam Gomezcésar

La determinación tardía de la federación para tratar de imponer la normalidad en Oaxaca, derivó en una represión que solo intensificó las controversias, el repudio generalizado por la fuerza utilizada y socavó las heridas de la población —de sí profundas— por los muertos (sello inconfundible del totalitarismo) víctimas de la indiferencia de los representantes a ocuparse en los asuntos relegados, (que son muchos y muy variados) y dan al traste la idea de Vicente Fox de que entregará un país en condiciones ideales a su sucesor a pesar de las incongruencias cometidas en agravio de la sureña entidad, como en tantos otros estados donde las condiciones sociales no están mejor en estos días de mórbidos rituales, en los que casi todos encuentran un espacio para la reflexión ante lo irremediable.

Pero la inestabilidad de Oaxaca (que bien puede repetirse en  Chiapas, Veracruz, Baja California, Guerrero, Michoacán, Chihuahua, etc.) será  detonador de algo mayor y desgraciadamente va a ser hasta entonces que los representantes se verán obligados a centrarse en resolver las causas que permiten que las condiciones sociales de la realidad no cambien con la celeridad necesaria.

Lo que parece indispensable es el replanteamiento de las condiciones para mantener el respaldo del fuero constitucional a todos los representantes. Los legisladores debieran buscar la fórmula para retirar del cargo (independientemente del partido político al que pertenezca) a cualquier representante popular a quien se atribuyan acciones delictivas comprobables, en prevención de repetirse casos como el de Ulises Ruiz (insostenible) para evitar el desbordamiento de la irritación social en movimientos populares como sucede en Oaxaca, donde la federación ya se exhibió, y en cualquier momento se desata un enfrentamiento que se desboque con consecuencias más lamentables para la próxima administración federal y de gran riesgo para todos.

Es importante el mejoramiento del marco jurídico que sostiene al fuero, en prevención de que se continúen solapando impunidades, corruptelas y  los excesivos atropellos de la autoridad que derivan en el coraje de los ciudadanos que ven afectados sus intereses por el abandono de los temas importantes.
 
La presión de la sociedad civil en este aspecto es importante, porque de continuar por la misma ruta, la desidia de los representantes populares hará cada vez más difícil la solución de los conflictos, con altos costos políticos y económicos, resultado del desorden administrativo, y que podría frenarse si se analizan los costos de la impunidad que está ocasionando tanta irritación por el cobijo a los responsables de los grandes fraudes que tienen arrinconado al desarrollo. Casos como el Pemexgate, el Fobaproa, etc., y el de los repentinos multimultimillonarios que sexenio tras sexenio incrementan el record, sin aclaraciones, penalización ni reparación posible del daño, como sucede con los más cuestionados últimamente (el exgobernador del Estado de México Arturo Montiel, el local Joaquín Hendricks, la familia del propio Presidente Vicente Fox). La lista es vergonzosa.

Claroscuros

Llama la atención el que hayan otorgado el nombramiento de “hombre del año” en Croacia (antes Yugoslavia) al gobernador de Quintana Roo, Félix González C. si consideramos la lejanía de Croacia (Europa oriental) país de habla y costumbres distintas a las nuestras y que su población no es visitante frecuente a nuestro caribe, por lo que ser “hombre del año”  resulta tan irrelevante a los croatas como a los quintanarroenses.

Pero más allá de los caballerosos adjetivos, lo que asombra del  mandatario estatal es su soledad; con las mejores intenciones pero sin poder pasar de ahí porque su equipo no responde, cada quien anda en lo que le conviene, incumplidos e irresponsables como saben serlo, difícilmente podrán mejorar la percepción general de decepción de un sexenio más sin avance que atosigar de publicidad en la que muy pocos creen.

Para entenderlo, basta con referirnos a las cifras de la propia dependencia de salud: con más de 500 casos registrados de dengue, 400 del clásico y alrededor de 200 del hemorrágico y un menor fallecido por causas inherentes. El problema es que son demasiados los problemas que se les salen de control por deficiencias internas en las propias dependencias y la escasa información para la prevención hacia la comunidad.

Aseguran que todo está bajo control, sin embargo, lo que sucede se parece mucho a una epidemia que se niegan a reconocer, y la cantidad de casos es suficiente como para aplicar programas urgentes emergentes sobretodo por las lluvias que tanto encharcan y reproducen al mosquito.

Ojala no suceda  que algún turista despistado contraiga el mal hemorrágico porque eso sí los pondría a trabajar. Parece como si el esfuerzo de los gobiernos se centrara en mejorar la atención del visitante y olvidar al habitante local.  Al menos, así ha sucedido en el basto universo de casos de injusticias: los problemas están ahí pero hasta que afecta a algún extranjero o ciudadano que radica fuera y se quejan, entonces las autoridades locales recuerdan que hay dificultades y las atienden.

mgomezcesar@hotmail.com

03/11/2006

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