Memorias del porvenir Turismo, terrorismo y recesión
Miriam Gomezcésar / Blog del autor Los expertos en temas financieros sugieren a los gobiernos de todos los países, tomar medidas precautorias ante la probabilidad de una nueva recesión mundial que afectaría severamente a la economía en especial la de Estados Unidos de Norteamérica y en consecuencia, la de México por ser el principal socio comercial. El Gobernador del Banco de México, Dr. Agustín Carstens Carstens, se mantiene atento ante la situación financiera internacional y aunque asegura que la fluctuación permanecerá tal cual, explica que México en la actualidad es más resistente a un periodo de turbulencia de la economía norteamericana al tiempo de asegurar que "lo que estamos esperando es un relativo largo periodo de bajo crecimiento en Estados Unidos, pero no tanto para que sea severo", aunque no descarta una posible disminución de la tasa de interés interbancario que hoy se encuentra en 4.5 por ciento. La recomendación de la Directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, a los países de Europa y Estados Unidos, de mantener una política de austeridad en sus gobiernos ante el riesgo inminente de una recesión, atemorizó a todos por la memoria de las dificultades generadas en ocasión a la recesión agravada por la epidemia del virus H1N1, que afectó a todos pero se resintió con mayor intensidad en los destinos turísticos que, por coincidencia, padecían los estragos de la temporada baja. Entre las industrias que pueden verse afectadas por el estancamiento financiero norteamericano y las condiciones del grave clima de violencia en el país, está el turismo, una de las principales fuentes de ingreso de divisas en dólares a México, que si bien es una actividad cuyo comportamiento es dinámico, también es cierto que está entre las más exigentes y vulnerables, sujeta a los vaivenes de la oferta y la demanda en el mercado. El incendio provocado en el Casino Royale en Monterrey, Nuevo León, que ocasionó la muerte a 53 personas, asustó a la población, atrajo la atención de la opinión pública nacional y fue la noticia más destacada en los informativos de las empresas de comunicación internacionales más influyentes por la proporción del atentado que trataron como un acto terrorista cometido por los cárteles del narcotráfico. Aunque el crimen organizado ha hecho de la extorsión y el secuestro una actividad poderosa, los gobiernos no han logrado responder con prontitud al temor de los empresarios a la violencia; la probabilidad de ser víctima desalienta la actividad comercial principalmente en las entidades visitadas por los turistas, por ende, la barbarie ocurrida en el fronterizo estado de Nuevo León con Estados Unidos, prendió la alerta en los dos países en un momento delicado para sus economías. La irritación y el reclamo de los sectores sociales al gobierno federal y los locales por el crecimiento de la delincuencia, sin duda es un factor de riesgo electoral mientras los líderes en los poderes se esfuerzan por hacer prevalecer su opinión sobre los temas urgentes, en medio de la diatriba sobre las prioridades del país. Sin embargo, la presión que ejercen los afectados por la violencia al Presidente de la República, crece proporcionalmente a los actos de barbarie. Para los gobiernos, los problemas se multiplicaron por la inseguridad, el tamaño de su deuda pública y la incertidumbre financiera internacional. La complicación es mayúscula para los que no garantizan ni trabajo a sus ciudadanos, ni mejoras para su comunidad y la cercanía del proceso electoral, los pone harto nerviosos como se observa en ese bochornoso reparto de culpas del cual no pueden zafarse porque en su mayoría están salpicados; el problema de la indignación social de los grupos que exigen respeto a las garantías ante el temor de repetirse un atentado con la magnitud del ocurrido en el Casino Royale, es que ésta crece, crece y crece. La situación de incertidumbre es especialmente abrumadora para los cientos de miles de familias que viven de la prestación de servicios turísticos, por temor a la pérdida de su ingreso al concluir el llamado “summer break” e iniciar la temporada baja -septiembre/diciembre-, en que el empleo se reduce drásticamente, lo cual genera delincuencia. Las medidas paliativas de los hoteleros para mantener su planta laboral es optar por ofertas de promociones temporales atractivas que motive a los visitantes, cerrar provisionalmente algunas áreas de trabajo, dar vacaciones obligadas a los empleados y/o bajar los días de labor, porque la disminución del flujo de visitantes en la temporada representa un colapso económico difícil de sobrellevar para la mayoría. En Quintana Roo, el gobernador Roberto Borge demostró el impacto del sobreendeudamiento (más de 10 mi millones de pesos), y la carencia de recursos, como hemos comentado en artículos anteriores acerca de la realidad presupuestal, al solicitar austeridad a los gobiernos municipales a través de la página de la Unidad del Vocero, pero con evidente dedicatoria a los gobiernos de partidos opositores, sin reparar en contradicciones ni poner freno a sus notables excesos. La situación para Cancún es más compleja porque, más allá de la inseguridad y el desgaste del destino por la excesiva construcción inmobiliaria y la acelerada depredación de sus recursos naturales, factores como la estabilidad de la economía internacional, complican la recaudación de ingresos. Si a la amenaza recesiva se añaden actos de terrorismo, ambos elementos son suficientes para poner de cabeza a los mandatarios por las dificultades hasta para el pago de sus abultadas nóminas. Pero la situación es más delicada si consideramos la aparición de los nuevos grupos delictivos como “los Pelones” y “los caballeros templarios”, cuya rudeza y criminalidad atemoriza hasta a las autoridades que les atribuyen las ejecuciones recientes en disputa con los cárteles de “los zetas” y el los hermanos Beltrán Leyva, que incrementan la estadística diaria, situación que preocupa a la mayoría de familias. Coincidencia y resonancia Por coincidencia, el pasado 31 de agosto se cumplió un año del incendio en el bar “Castillo del Mar”, situado en la Región 229 en Cancún, en el que perdieron la vida 8 personas. Fue provocado con bombas molotov por “Los pelones”. Claroscuros… Para desconsuelo de quienes pensaron que el Secretario Estatal de Seguridad Pública, Geneal de Brigada retirado del Ejército, Bibiano Villa Castillo dejaría la dependencia ante el bochornoso enfrentamiento entre sus guardaespaldas con elementos de la misma corporación que causaron la muerte del agente José Amir Matos, tienen razón para sentirse defraudados ya que los “tozudos” diputados de la Comisión de Honor y Justicia de la XIII Legislatura, solo escucharon al controvertido funcionario solicitarles más recursos. A pesar de la opacidad del procedimiento, como dijo con acierto el columnista Abel Magaña en “Círculos Políticos”, los legisladores locales llamaron a comparecer al responsable de la Seguridad Pública, solo para “tapar el ojo al macho”. mgomezcesar@hotmail.com 13/09/2011 |





