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Memorias del porvenir

El huracán llamado ¡Félix!

 

Miriam Gomezcésar / Blog del autor

Un virus de desinformación

En Quintana Roo, más allá de la disminución del turismo (propio de la temporada), en abril dominaron las incongruencias y los temas derivados de la descomposición social. Tampoco faltaron las declaraciones contradictorias emanadas del protagonismo de los políticos que no se amedrentan ante situaciones graves, a pesar de las consecuencias de una situación en la que persiste la incertidumbre que tanto confunde cuando se conjugan la ignorancia, los protagonismos, la precipitación, la exageración sin control ni prudencia, ante la increíble profusión de rumores, hipótesis y fatalismos surgidos de diversidad de voces imprecisas, algunas alarmistas, otras optimistas, pero las más, perversas y manipuladoras.

La población se ve obligada a encontrar sola un punto de equilibrio ante la guerra de especulaciones de la realidad sobre este nuevo brote de influenza humana, sobre la cual inquieta conocer origen, alcances y término por el feroz impacto en la economía.

Hay poca mesura, no faltan escandalosos, precipitados, teólogos, adivinos o cualquier cantidad de “investigadores” que con un micrófono en mano, han sido capaces de crear un estado de ansiedad tal, que el Estado ya no sabe como controlar. Los medios de comunicación están saturados de individuos que no desperdician la ocasión para aderezar su versión sobre un tema tan delicado que no ha sido tratado con suficiente claridad, ni se ponen de acuerdo, ni han dado turno a la explicación que requiere la comunidad para apaciguar el temor a los propios fantasmas de su capacidad imaginativa para crear cualquier clase de fatalismos apocalípticos.

La situación nos evoca obras de ciencia ficción de la literatura que han tratado el tema de los microorganismos, como en la novela del inglés H. George Wells. En su notable “Guerra de los mundos” asegura: “Nadie hubiera creído, en los últimos años del siglo XIX, que a nuestro mundo lo observaban minuciosamente inteligencias mayores que las del hombre, aunque mortales como él; que, mientras los hombres se ocupaban de sus diversos asuntos, alguien los vigilaba y los estudiaba, quizá tan detalladamente como un hombre con un microscopio podría vigilar a las pequeñas criaturas que medran y proliferan en una gota de agua.

Con infinita complacencia, los hombres fueron de un lado a otro por el planeta ocupándose de sus pequeños asuntos, seguros de su dominio sobre la materia. Tal vez los microbios que vemos al microscopio hacen lo mismo. Nadie pensó que los mundos más antiguos del espacio pudieran ser fuente de peligro para la humanidad. Sólo pensamos en ellos para desechar la idea de que pudieran albergar vida. Es extraño recordar los hábitos mentales de aquellos días.

Cuando mucho, los hombres se imaginaban que en Marte vivían otros hombres, quizá inferiores a ellos y dispuestos a recibir emisarios terrestres. Pero a través de las enormes distancias espaciales, unas mentes que son a las nuestras como las nuestras a las de las bestias, unos intelectos vastos, fríos y crueles, miraban a la Tierra con envidia, y, lenta pero inexorablemente, fraguaron planes contra nosotros. Entonces, a principios del siglo XX, se produjo la gran revelación”.

Entre las miles de versiones que circulan en los medios de comunicación, el periodista Carlos Ferreyra en su columna “Tiradero” en el diario La Crónica, publicada el 30 de abril escribe en su artículo El virus que llegó del norte, “En la tragedia que actualmente enfrentamos, el gobierno de Felipe Calderón también ha unificado criterios, salvo en los diarios donde se aprecia un reconocimiento a las medidas, extremas, asumidas para enfrentar a la fiebre porcina.
Pero en las calles, la opinión es distinta. Muchos relacionan la sorpresiva aparición de la plaga con las ya inminentes elecciones del 5 de julio, mientras otros aseguran que se trata de distraer la atención de los mexicanos ante la grave crisis económica, el creciente desempleo y el incontenible aumento de asesinatos en las calles de las principales ciudades del país. Los menos, sencillamente se preguntan quién se está enriqueciendo con la epidemia.

La respuesta es simple, aunque podría ser terriblemente incorrecta: la patente del Tamiflú, el medicamento que recomienda la Organización Mundial de la Salud, pertenece a Gilead Sciences, propiedad de Donald Rumsfeld, ex secretario de Defensa de Estados Unidos. La fabricación y venta está a cargo de Laboratorios Roche, que gracias a la tragedia esta semana aumentó 3.5 por ciento su cotización en la bolsa de Zurich.

En la columna política que escriben los periodistas de El Universal, Bajo Reserva, del mismo 30 de abril indican: “La Secretaría de Seguridad Pública de Quintana Roo, por órdenes del gobernador Félix González Canto, solicitó a la ciudadanía que se comunique al número 066 del Centro de Comunicación, Cómputo y Comando (C4) para reportar a vecinos enfermos que se sospeche sufran de influenza. Adriana Teisser, directora del C4, instruyó a la población a vigilar sus vecinos y dar aviso para que la policía y los servicios de salud vayan por ellos. Oficialmente, en Quintana Roo no hay un solo caso de influenza. Pero los posibles enfermos (o todo aquel que se pelee con su vecino) ya están condenados: por cada estornudo, un macanazo”.

En el mismo diario, un día antes, Carlos Loret de Mola indicaba en su columna Historias de un reportero: “El gobierno federal no sabe qué está pasando con la diseminación de la epidemia porcina en la inmensa mayoría del territorio nacional. Tiene cuando menos control del diagnóstico en el DF y el Estado de México, pero en los demás estados es puro desorden.

Quintana Roo no aparece en los reportes epidemiológicos, dizque no tiene ni un caso y no suspendió clases hasta que la orden vino de la Federación. Sin embargo, los estudiantes de Nueva York infectados, los dos turistas británicos que tienen la influenza, los dos españoles con el virus… ¡estuvieron de vacaciones en Cancún! El contrasentido tiene explicación. La Secretaría de Salud nacional ha logrado un vínculo estrecho con las autoridades de la zona metropolitana del valle de México: caso que llega como sospechoso es de inmediato reportado, atendido, monitoreado; lo mismo pasa con los dados de alta y los fallecidos…”

Sin embargo, también hay quienes le apuestan al humor negro, como en el “Matutito Express” en el que el reportero Eduardo Salazar comentó “los 22 casos reportados en España procedían de vacacionar en Cancún, donde por coincidencia las autoridades aseguran que no hay casos con síntomas del virus”, enseguida el ex cantante rockero Ricky Luis aseguró ¡es que eran para llevar!

Lo cierto es que en Quintana Roo, no se sabe si por la cancelación de reservaciones de hospedaje, cruceros, vuelos, por la evacuación de turistas o por la presión de los medios de comunicación internacional (porque los de aquí dicen lo que quieren los gobernadores), de Los Pinos o por propia convicción, cuando al fin parecían reaccionar y reconocían oficialmente dos probables casos de influenza pero sin aclarar su tipo, las autoridades recularon a pesar de la situación; recomiendan que se mantenga la calma aunque todo indica que hay parálisis en la única industria que es la turística y por ende, en la economía.

Diputados de membrete

Si algo ha distinguido a los integrantes de la actual XII Legislatura en el Congreso del Estado, es la mediocridad de su actuación sometida a las decisiones del poder Ejecutivo y que en abril demostraron su incapacidad para variar la cultura del mínimo esfuerzo, lo que resalta la urgencia de elegir con más cuidado a los representantes ante las graves consecuencias de las carencias de los actuales diputados.

Luego de la aprobación al vapor (sin consulta previa a los ciudadanos), de la llamada Ley antiaborto, promovida por la diputada priísta Laura Fernández (sin otra preparación ni mérito, que ser sobrina política de la Diputada Federal Addy Joaquín Coldwell), pero apoyada por casi todos los diputados de su fracción, del Partido de Acción Nacional y del Partido Verde Ecologista, pero sobretodo impulsada por el tío del gobernador y líder del Congreso, Diputado Luis González Flores, generó serias críticas de organizaciones civiles y grupos feministas por el sector de mujeres que se sintieron traicionadas de nueva cuenta ante la postura ultraderechista de una mujer que al igual que quienes la apoyaron, traicionaron los principios básicos de su partido, aunque los legisladores pensaron que así se congraciaron con Félix González y este, con Felipe Calderón, el acuerdo es un retroceso más del fracaso de este régimen.
Rancias costumbres en generaciones “nuevas”.

En los círculos sociales al parecer, los promotores de la veladora perpetua con nada se satisfacen y aunque a la hora de la pasión no se achican, acostumbran enfrentar las consecuencias en clínicas fuera de Quintana Roo, del país o en sanatorios que adicionalmente garantizan seguridad y discreción, facilidades que no tiene la generalidad de mujeres para practicarse un aborto, amén del riesgo de daños colaterales.

Los panistas primero rechazaron la pastilla del día después con argumentos moralistas, más tarde satanizaron el uso del condón y ahora, están enfrascados en una cruzada contra la legalización del aborto que alegan atenta contra la vida. Son grupos radicales que no discuten su mojigatería con los feministas, organizaciones civiles ni especialistas médicos que defienden el derecho individual inalienable de cada mujer, para determinar el proceso de gestación en su propio cuerpo. En realidad es un caso de salud pública que requiere atención rigurosa y especializada ante la proliferación de embarazos en menores de edad, de alto riesgo o no deseados, ante la estadística de muertes por la práctica de abortos clandestinos en condiciones de asepsia indispensables.

Pero ya de por sí así son ellos y ellas, por tanto, no sorprende que confundan ilógica cerrazón con una supuesta defensa heroica por la vida, en vez de endurecer las penas por abuso de menores, la pederastia, la violación, etc. Cualquiera diría, después de tan penosos sucesos, que es tan descomunal el tamaño de las deudas espirituales de los congresistas que, a cambio de su salvación eterna, se prestan a tan funestas maniobras cuando la tendencia y las circunstancias demandan alternativas realistas y respuestas concretas al sufrimiento de la gente.

Congreso totalmente Palacio

Pero hay más. La marginación de los ciudadanos (vivitos y coleando) que arrincona al ser humano hasta convertirlo en víctima de su propia circunstancia, nada significa para los sesudos diputados de la actual Legislatura, que, concentrados en determinar si fue primero, el huevo o la gallina porque han de pensar que la ignorancia científica no alcanza a descubrir el momento exacto en que un embrión pasa a ser humano, sin mayores argumentos perfilaron los derechos de los incubados al grito de “chin chin el que se raje” pero se olvidaron de la salud pública.

Esta situación nos llevó a recordar un suceso escalofriante a inicios de abril, cuando se dio a conocer el caso de la niña de 11 años de edad que por violación sexual (por su progenitor según los datos publicados), está embarazada. Su padre, Francisco Rosas Vázquez, al ser denunciado ante la autoridad por la madre de la menor, optó por ahorcarse pero dejó un par de mensajes póstumos que describen en sí mismos el fenómeno de la descomposición social y las dudas que se derivan de los documentos escritos: “Nunca toqué a mi hija. Los amo” y otro en el que escribió “Si es cierto lo que dices, perdóname por el daño. Los amo Francisco”.

La tragedia que envuelve a esa familia, se ensañó con dos seres, la víctima de abuso sexual que aparte de perder la posibilidad de mejorar su calidad de vida, debe enfrentar a una sociedad cruel e inquisitiva que por un lado la margina y por el otro, la obliga a acatar la decisión de su madre sobre la continuidad de su embarazo, sin considerar su voluntad, el más íntimo y natural deseo de vivir su infancia o lo que de ella pueda rescatar la misma niña.
La segunda víctima que es el producto del abuso sexual, cuyo destino es en cualquier sentido, brutal que pasará a engrosar las cifras de la estadística, a menos que un milagro ocurra antes, lo que es improbable. Pero por lamentable que parezca, eso no preocupa a los diputados porque ¡órdenes son órdenes!

¡Síganles haciendo la tarea!

Durante su visita a Quintana Roo, Felipe Calderón Hinojosa marcó distancia con el mandatario estatal, en el marco del proceso electoral 2009. Esto se evidenció durante su discurso por la celebración del Día Mundial de la Tierra, cuando empezó a hablar de los incendios y los huracanes que dijo: “…pero en los últimos años, pasan con más frecuencia… El Wilma en 2005, el Dean en 2007 y hubo otro en 2007, que nada más pasó rozando, ¿cómo se llamó, gobernador? ¡Félix!, le gritaron y Calderón repuso en tono de burla: “¡Ah, es cierto!, pudo haber hecho más daño ¿no?, pero ahí lo dejamos”. Félix González enrojeció a tal grado por el comentario y las carcajadas del público eminentemente panista, al grado de atraer la atención de los periodistas asistentes, pero que, para cuando los operadores del gobernador se dieron cuenta y ordenaron porras para distraer la atención, ya era demasiado tarde.

 

mgomezcesar@hotmail.com

07/05/2009

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