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Paz a punta de garrotazos: Cancún


Por Magdalena Mulia


De nueva cuenta los gobiernos estatal y el municipal de Benito Juárez, muestran un rostro desfigurado por la violencia como respuesta al ejercicio ciudadano del derecho a la manifestación.

Y de nueva cuenta la ciudadanía que ejerció ese derecho recibe cómo respuesta una violenta represión incitada por las cámaras empresariales locales, y dócilmente concedida por las autoridades, concedida y con saña; o sea que gustosamente concedida.

Independientenmente del problema concreto que motivó la manifestación reprimida en Cancún -cuyo tema, el asunto de La Casita, se está convirtiendo en una papa caliente para el gobierno- lo que es de destacar es el hecho de que no es la primera vez que las fuerzas policiacas dan respuesta, por !a vía de los golpes la detención arbitraria y la tortura, a demandas ciudadanas que, en un estado de derecho. debieran encontrar cauce y respuesta en los tribunales.

La brutalidad policíaca y ministerial como sistema para dirimir conflictos no es, no fue ni oferta de campaña ni método de elección para enfrentar el descontento social. Y el hecho de que Cancún sea un centro turístico tampoco significa extraterritorialidad de ninguna especie: en Cancún, cómo en cualquier porción del territorio nacional, la Constitución garantiza a los ciudadanos el libre derecho a la manifestación pacífica. Y ello obliga a su cumplimiento, en primer lugar, a quienes la misma ciudadanía ha conferido autoridad.

La reciente jornada represiva ha puesto de manifiesto, una vez mas, que la respuesta violenta al descontento social es el esquema en que se mueven no sólo las autoridades estatales, sino también los personeros del dinero, las cámaras empresariales que sienten amenazadas sus ganancias y, en lugar de pugnar por la solución de los conflictos, llaman estruendosamente a la represión.

Por su parte, las dóciles autoridades se muestran dispuestas a llegar hasta el ridículo para atender diligentemente a los empresarios: la detención de más de medio millar de personas nada prueba del tamaño de la manifestación reprimida, sino de la sana con que la represión fue ejercida. ¿Cuántos policías fueron necesarios para efectuar tamaño arresto masivo? ¡Por favor! ¡Más de 500 detenidos!

Sería bueno que el despliegue policiaco, con todo y las macanas, garrotes. mangueras de agua y demás infraestructura violadora de los derechos humanos se aplicara, pero aún con más enjundia para proteger no las ganancias de los empresarios cancunenses, sino la seguridad de la ciudadanía, contra enemigos tales como narcotraficantes, depredadores del medio ambiente, especuladores inmobiliarios, pederastras y prostituidores de niños y niñas, no como ahora, contra ciudadanos desarmados.

Como dirían en mi pueblo: que se pusieran con los de su tamaño.

A la lucha contra estos enemigos de la sociedad, con todos los medios disponibles, hay que llamar a las autoridades. Y ojalá los señores millonarios se unieran al llamado con la misma pasión y estridencia con que amenazan a la ciudadanía descontenta.

No a la impunidad y sí al respeto de los derechos políticos y humanos de los ciudadanos.

 

El Quintanarroense diario
Sección Opinión, pág. 26
31/08/2005

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