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¿Blindaje a los derechos constitucionales de Cancún?

 

Miriam Gomezcésar

Pareciera existir una mente desquiciada interesada en generar un mayor caos a la estabilidad de Cancún. El simple planteamiento de blindar la zona hotelera contra las manifestaciones sociales es totalmente descabellado, digno únicamente del retraso político que aquí se vive y de la ignorancia de los representantes sociales que lo impulsan.

La miopía de las autoridades empecinadas en un tema que frente a los demás resulta banal (no por ello menos delicado por tratarse de un derecho fundamental) está arrinconando a la sociedad civil, a las organizaciones no gubernamentales, a los partidos políticos a radicalizar posiciones contra decisiones apreciadas como arbitrarias e inconstitucionales, por lo mismo, destinadas al desecho cuando llegue la iniciativa  al Congreso local.

Sin embargo, aunque la moción fuera aceptada por el pleno de XI Legislatura en su próximo periodo ordinario de sesiones, una vez salido de ahí, el tema tendría que llevarse a la máxima tribuna de la nación por su trascendencia, con lo cual, una vez con los reflectores atraídos de nueva cuenta a Cancún, quedarían exhibidos vergonzosamente sus autores en deterioro de su debilitada salud política local y la mala imagen de los representantes públicos.

El interés y compromiso oficial por debatir y resolver temas fundamentales para el cuidado de la vida de los ciudadanos, como la capacitación y la especialización para el trabajo, amén del incremento salarial, han sido eternamente destacados en los discursos y menospreciados a la hora de cumplirlos.

Lejos quedaron las propuestas sobre la agroindustria para diversificar supuestamente las actividades económicas que, en materia de productividad y comercialización tan cacareadas en las campañas que, supuestamente así-decían-se podría lograr el abastecimiento para el consumo de la zona hotelera y áreas turísticas y hasta sobraría para comercializar hacia otros mercados con la consecuente superación de la economía de Quintana Roo, eso hoy es tema archivado que ni les ocupa y ni siquiera les preocupa, sin mencionar  desde luego, muchos otros como los aspectos de salubridad, nutrición, educación y asistencia públicas que por el lugar que ocupa el estado en la estadística nacional, según las cifras del INEGI, tendía que obligarlos a reflexionar.

El daño a Cancún se causó desde su inadecuada planificación al no contemplarse la explosión demográfica por la desaforada inmigración que rebasaría las buenas expectativas de la detonación de la actividad turística, dadas las circunstancias de la contracción de la economía nacional y la necesidad de la mejoría económica al corto plazo, tanto de inversionistas como del empleado.

El crecimiento brutal trajo aparejados problemas propios del impulso a los monopolios y la competencia desleal que convirtieron a Cancún en una olla de presión social. Esto, aunque parece un contrasentido, fue el factor determinante y su detonante mayor.

Así, del tema del blindaje contra las manifestaciones sociales en la zona hotelera, desafortunadamente manarán todavía ríos de tinta en momentos en que tendría que centrarse el análisis en otros temas fundamentales para elegir opciones de verdaderos beneficios sociales.

Entre otros muchos, los hechos que carecen de respuesta como son los de la acumulación de la basura, del pésimo estado de las calles y principales arterias de la vialidad municipal, de las magras medidas sanitarias para evitar epidemias , del desorden comercial, sin abundar en el tema de la visible incidencia del narcotráfico y sus consecuencias sociales como son las ejecuciones conocidas, sobre esto ¿quién explica, quién responde?

 

Citado de Voz del Caribe
02/07/2005. Página A8

 

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