LA FUERZA DEL PROCURADOR INEPTO
Los días anteriores a su “huida”, cuando me pedía viajar de la Ciudad de México a escucharlo por unas horas, Mario Villanueva insistía en valorar su “problema” como algo político. Estaba convencido de que la solución a las acusaciones en su contra estaban en el escritorio del poder público por un tema de política local, que en su mente igual tenía que ver con negocios que le había ganado a otro “político” que con la imposición absolutamente ilegal y manipulada de Joaquín Hendricks como candidato al gobierno, cuando Addy Joaquín había ganado el proceso interno del PRI. Este criterio, tan absurdo como chato y provinciano, siguió imperando en su mente después de los largos meses escondido en las inmediaciones de Mérida, donde la protección de su amigo Víctor Cervera Pacheco le permitió escapar de las autoridades federales. Así me lo dijo, una y otra vez, como consta en documentos que he hecho públicos, cuando lo fui a entrevistar. Y hoy, en la cárcel de Almoloya, donde la dignidad humana es vejada cada instante, cuando se ha empeñado en estudiar la carrera de leyes para defenderse, seguramente sigue pensando así. Por eso pueden extraditarlo a Estados Unidos en cualquier momento. Esta misma concepción vital, por lo visto herencia y formación, puede permitir que Cancún, que Quintana Roo se convierte en zona de guerra, sea escenario de muerte, impunidad y destrucción. Porque solamente por “razones políticas”, de cara a la próxima elección local que seguramente ganará la oposición llámese PRD o PAN, Greg Sánchez o Patricia, no importa quién, se puede entender la inmensa necedad de todos los protagonistas del poder público para sostener en sus puestos a policías corruptos y al procurador de justicia más inepto a recordar, que ha provocado la desconfianza internacional ya manifestada por el conducto diplomático a la titular de Relaciones Exteriores por parte del gobierno de Canadá que no puede comprender la extrema incompetencia de las autoridades locales frente a crímenes que cualquier otra policía hubiese investigado con apego a las leyes, y hasta el sentido común. Bello Melchor Rodríguez llegó a su posición por razones equis, las que se quieran adjudicar, las que parezcan adecuadas aducir, pero ninguna relacionada con experiencia y capacidad. Su carácter, además, ha provocado incidentes tan chuscos como desafortunados, ha señalado a Quintana Roo en el mapa del ridículo, especialmente cada vez que tiene que acudir a otras entidades con su carácter de procurador. Porque no sabe de leyes se atreve, vaya que es una tortura escucharlo, a declarar que los policías indiciados están trabajando normalmente y fortalecidos por su sombra bienhechora. Esto de Leonardo Ramos al que utilizó en los trabajos más sucios e infames del principio del sexenio cuando el tema de la señora Campos, después encarcelada, era objeto de negociaciones igual de espurias. Experto en espionaje telefónico, en infiltración de conversaciones en recintos cerrados, en entrar a viviendas como un gran ladrón, Ramos se “le metió” al procurador Bello Melchor precisamente por su capacidad para hacer trabajos sucios, como el manejo de la policía municipal de Cancún en una huelga artificial que servía a los intereses políticos de Joaquín Hendricks. Junto la imposición de los comandantes, tan corruptos y reconocidos como protectores del crimen organizado, la mancuerna Ramos y el procurador será recordada como lo más nefasto que pueda haberle sucedido a Cancún, después de los huracanes y junto al actual Presidente Municipal Francisco Alor tan dado a meter las manos en el fuego por sus compinches. Cuando los policías corruptos, que fueron exhibidos primero en este espacio periodístico, con la valentía de POR ESTO, y la seriedad de sus investigaciones periodísticas, fueron mencionados ante el ministerio público federal en los interrogatorios de ley, quedaron en condición de “indiciados” y por tanto, elemental, tendrían que haber sido separados de sus puestos por la más elemental ética. Pero esa palabra no existe en el vocabulario de la pandilla que controla Cancún, el mismo procurador, Ramos, el Presidente Municipal, sus policías-protectores del narco en todas sus modalidades. Como tampoco existe el mínimo apego a la ley. Para ellos todo es queda en el ámbito político. Es la razón política la que les ha otorgado, hasta hoy porque éste es otro gobierno federal, impunidad. Alor recibe cotidianamente amenazas contra su vida, él sabe perfectamente porque. El señor Samos Medina, quien tiene a todos metiendo las manos (el miedo no anda en burro dicen en los pueblos) en el fuego por él, está buscando negociar con los que quisieron matarlo, cree que son retrasados mentales además, porque el cargamento de cocaína que les robó no solamente tiene valor por el dinero sino por la traición. Frente a la realidad de muerte, violencia, impunidad y extremo peligro para los periodistas (conste, que quede claro para quien corresponda), extremo peligro, la contabilidad del procurador Bello Melchor Rodríguez es para sentarse a llorar, desde la entrega vergonzosa y espuria de Lydia Cacho, las “bombas lacrimógenas” con el asunto de la señora Campos, los rumores del pago que recibió –no es en dinero- por imponer a comandantes afines a los sicarios en Cancún, pero sobre todo su necedad en imponer a Leonardo Ramos fingiendo que había sido encontrado “limpio” por las autoridades federales, y no se diga la de sostener a quienes son motivo de una investigación penal federal. Nada, absolutamente nada de su gestión en estos años avala su permanencia por un día siquiera. Lo grave es que, a la manera de Mario Villanueva Madrid, imperen las razones políticas en cualquier análisis. Triste además cuando el próximo fracaso monumental del PRI será certificación en contrario… Por Esto! de Quintana Roo |





