Letras de Cambio
Vuelan los zopilotes de la política sobre Pasta de Conchos...
Isabel Arvide
Hace un año la opinión pública internacional se conmovía ante la tragedia de sesenta y cinco mineros atrapados en una mina en una remota, antes desconocida, población de Coahuila.
Cada noche la expectativa de encontrarlos con vida, transmitida por la magia de los medios electrónicos se volvía más lejana. Millones de mexicanos, de ciudadanos de muchos países, se conmovían con la presencia excepcional de un gobernante hasta entonces desconocido.
Con su gesto infantil adolorido, que después sabríamos ocultaba una gran indignación, Humberto Moreira encabezaba a su gente, a los más olvidados de los pobres en su agonía.
Ahí comenzó todo.
Que sigue siendo el gran drama de la miseria, de la apatía del gobierno federal, de la ambición de los dueños del dinero.
Este diecinueve de febrero el recordatorio es para esta realidad. Que tiene que cambiar, que no puede explicarse sino en los grandes pecados de omisión del sexenio anterior, sobrepuestos al imperio del dinero.
Los familiares de los mineros desaparecidos han vivido la tragedia cotidianamente, en esa larga vigilia que no puede terminar hasta no encontrar los cuerpos o, difícil decisión, de una vez por todas enterrarlos en esa mina. En ese entorno, de ausencia, de drama familiar, de orfandad inmensa, han comenzado a sobrevolar los zopilotes de la política que buscan lucrar con este dolor.
Lo cierto es que Moreira, el gobernador, con especial interés, que va mucho más allá de su obligación formal, ha cobijado hasta lo imposible a esas familias. Y, además, lo ha hecho en una discreción extrema. A la vez que encabezaba la investigación formal, legal, de los hechos. Que supervisaba personalmente la integración de un expediente que busca justicia, que tiene ya los nombres y los apellidos de muchos culpables.
Todo esto lo hizo de cara a una presión tremenda del gobierno foxista. Que hoy, ha decidido hacer público lo que unos cuantos supimos desde el principio, sabemos fue por su negativa a obedecer al entonces presidente Vicente Fox para encarcelar a inocentes, en un esfuerzo oficial, federal, para proteger al Secretario del Trabajo foxista.
Moreira ha declarado, textual: "En mi cara, en Los Pinos, me pidió que hiciera cosas que no tienen moral, inventar delitos para otras personas... se equivocaron de gobernador".
Hizo público esto para acusar, formalmente, a los panistas, al menos a algunos panistas que son más bien foxistas, de una campaña en su contra, en la que señalan en medios locales una presunta "corresponsabilidad" en esta tragedia.
Cuando todos saben, en Coahuila y donde deben saberlo, que fue precisamente en contrario. Que su abierta, decidida, inmensa decisión política de permanecer al lado de los mineros fue lo que los protegió en la medida de lo posible.
Moreira siempre ha estado en el sitio donde su corazón, que en este caso está también situado en el lugar políticamente correcto, le ordena permanecer. Esta es su mayor virtud, también su defecto más público.
Lo de los panistas, igual que lo que ahora inventan desde esa "Iglesia" roja, revolucionaria, panfletaria y perversa de su presunta pretensión para conseguir actas de defunción falsas, es una calumnia que no va a cambiar la realidad que los protagonistas de Nueva Rosita, de Pasta de Conchos, de esa región conocen y han sudado con llanto compartido.
Lo cierto es que Moreira les estorba a muchos. Tal vez, sería lo correcto, habría que decir que les perturba su liderazgo social, su relación con Fidel Castro, con los mandatarios latinoamericanos que proclaman el socialismo, su irredenta conducta abierta a todas las libertades, su preocupación cierta por terminar la marginación, su gran capacidad para construir fuentes de empleo por miles de miles.
Es decir, su éxito como líder político. Su aceptación como gobernante. Su proyección a cualquier futuro.
Esto es lo que realmente está detrás de la campaña que, coincidentalmente, comenzó en su contra. En la que no participa, se dan casos y me lo dijo personalmente, el titular del Trabajo, Javier Lozano que por el contrario está convencido de la responsabilidad de su antecesor en estas muertes.
Corresponde a cada quien cargar su cruz. Esto no es ningún misterio. Y seguramente habrá mucho que poner en la que lleva a cuestas Moreira, pero no, definitivo, de ninguna manera, en ninguna medida, un átomo de corresponsabilidad en la tragedia de Pastas de Conchos. Esta es la realidad, es la verdad, es lo que terminará de imponerse le duela a quien le duela en el escritorio que corresponda...
20/02/2007 |