El dominio de la muerte Roberto Zamarripa Alonso Salazar, hoy alcalde de Medellín, Colombia, recuerda en su libro La Parábola de Pablo (Biografía del capo Pablo Escobar), el sentido de la muerte en la época ruda de la violencia colombiana. Lo hace citando un reportaje de la prestigiada revista Semana. "Antes de Pablo Escobar los colombianos desconocían la palabra sicario... Y antes de Pablo Escobar, nadie pensaba que en Colombia pudiera explotar una bomba en un supermercado o en un avión en vuelo. Por cuenta de Pablo Escobar hay carros blindados en Colombia y las necesidades de seguridad modificaron la arquitectura. Por cuenta de él se cambió el sistema judicial, se replanteó la política penitenciaria y hasta el diseño de las prisiones, y se transformaron las Fuerzas Armadas. Pablo Escobar descubrió más que ningún antecesor, que la muerte puede ser el mayor instrumento de poder". Andamos en las mismas. La violencia desatada ha cambiado leyes, estructuras, policías, procuradurías, instituciones. Todo por el torneo de la muerte. Si se quiere medir el desarrollo hay que contar las funerarias. Si se quiere dar cuenta del mensaje hay que enumerar los casquillos. Si se quiere advertir el rencor hay que contar los orificios. Si marinos somos y en Cuernavaca andamos, hay que contar los billetes que forran el cadáver del capo odiado. La muerte que los mexicanos veneramos tanto, que respetamos y de la que hasta nos burlamos, hoy nos ronda, efectivamente, como el símbolo del dominio. Diego Osorno, autor de El Cártel de Sinaloa, escribe en su blog "Historias de Nadie" que el de Ciudad Juárez es el ayuntamiento de todo México que ha entregado más féretros en la historia a sus ciudadanos. "El acto de gobernar en esta ciudad, la ciudad más violenta del mundo, implica regalar ataúdes", explica. La muerte convertida en moneda de cambio. El municipio regala el ataúd a cambio de impunidad. Y el reguero de cadáveres es el testimonio del torneo entre las fuerzas del gobierno y de la criminalidad. ¿Cuándo empezó todo? Podrían ponerse distintas fechas para oficializar el banderazo de la batalla. En el libro citado (El Cártel de Sinaloa), se publica un documento atribuido a Miguel Ángel Félix Gallardo, considerado en su tiempo el Jefe de Jefes, preso desde 1989 en Almoloya, donde dice: "En 1989 no existían los cárteles. Después de lo de Posadas Ocampo, se empezó a hablar de cárteles por las autoridades encargadas de combatir el delito. Si sabían de ello es porque los protegían y agarraron sólo al que caía en desgracia. Fue González Calderoni (un policía federal poderoso) quien en su tiempo repartió plazas". En entrevista con Osorno, Félix Gallardo añade: "Los personajes o funcionarios que inventaron lo de las plazas (que sé perfectamente quiénes son) fueron los mismos que inventaron los cárteles". El narco como asunto endógeno y no exógeno. Su entronizamiento como capos y su debacle, su llegada a la cima y su encierro en Almoloya, tal parece que siempre tuvieron los mismos resortes. Las puertas del cielo y del infierno les fueron abiertas y cerradas por los mismos, aquellos que también los pusieron a pelear. Así entonces, el narco pasó de ser un factor de estabilidad (el acuerdo, la complicidad, el lavado disfrazado de inversión) a la ingobernabilidad pura. De las ejecuciones se pasa a las matanzas. Solamente en febrero pueden contarse los estudiantes muertos en Ciudad Juárez, el ataque a una discoteca en Torreón, el aniquilamiento de 13 personas en la sierra de Oaxaca. El experto Luis Astorga apuntó: "Sinaloa concentra tres de las rupturas, diría más peligrosas en este País. La ruptura de la clase política: hay una división dentro del PRI y dentro del PAN en Sinaloa, estamos en año electoral para el Gobierno estatal. Hay una ruptura entre la élite empresarial, de la cual Manuel (Clouthier) es parte de una de las familias de la élite empresarial. (Además) hay una lucha fratricida entre miembros de las organizaciones, de una de las organizaciones más poderosas del País; hay pelea entre los Beltrán Leyva, los Carrillo y 'El Chapo' y 'El Mayo', nada más y nada menos, entonces, esos tres elementos están conjugados actualmente en Sinaloa", indicó (Reforma, 24/02/10). Una mezcla peligrosa en el estado emblema; mezcla que proviene del descontrol, no tanto del control. No estamos lejos de esa combinación como crisis nacional. Por eso decir que se le pega a todos los cárteles sin distingo, no ayuda. Las cifras de la muerte no aguantan esas etiquetas. Reforma |





