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'Me burlo de tus miedos'

Myriam Vachez

En un primer tiempo, la caricatura de portada del New Yorker que ha dado la vuelta al mundo me pareció francamente ofensiva: en la Oficina Oval de la Casa Blanca, Barack Obama, vestido de islamista, choca puños con su esposa en atuendo de guerrillera con un AK-47 en la espalda, mientras en la chimenea, bajo un gran retrato de Osama bin Laden, arde una bandera americana. Terrible falta, pensé, grosera y del peor gusto, así se trate, según lo afirma la revista de izquierda, de ridiculizar los prejuicios que rodean al candidato demócrata.

Luego, me resultó obvio que esta caricatura tan exagerada e irrespetuosa pretende reírse de la campaña del miedo y de la desinformación que parece haber ganado bastante terreno en la mente de muchos estadounidenses desde el 11 de septiembre de 2001. Pero eso fue sólo en un segundo tiempo, tras reflexión y darle dos o tres vueltas a la idea. Sin duda se trataba de eso: de hacer pensar; y quizá el New Yorker logre su cometido que es, seguramente, el que la gente note lo ridícula que se ve acarreando y transmitiendo rumores bárbaros sobre Barack Obama.

Por lo tanto, esta caricatura que, según entiendo, se califica como de "segunda intención" (satirizar los rumores, caricaturar la caricatura), no quiere sino poner "un espejo frente a los prejuicios", burlarse de todos aquellos que descalifican a Obama con argumentos absurdos, llenos de temores infundados y de ideas preconcebidas, tanto racistas como religiosas.

Imaginemos una situación: "Pues yo sí pienso y sigo pensando que Barack Obama no es muy nacionalista y tengo dudas en cuanto a sus simpatías", sostiene un conspicuo señor en una reunión. Los demás, recordando la caricatura, se ríen a carcajadas, lo tachan de inculto, de granjero de la América profunda, de racista, de prejuiciado, y dado que, para colmo, los asiste la actual bienpensantía política -que, como todos sabemos, es prerrogativa única de la izquierda, en este caso, de los demócratas-, dejan al otro pobre en ridículo y ganan sin siquiera discutir.

De pronto voy a un tercer tiempo y vuelvo a considerar ofensiva la caricatura, pero ahora no para Barack Obama y su esposa, sino para todos aquellos que, desinformados o prejuiciosos o temerosos de su futuro como pueblo y como nación, todos aquellos que han perdido hijos en Iraq y en Afganistán y que se consuelan con la idea de que dieron la vida por una buena causa (la libertad, la democracia, la seguridad de Estados Unidos, la lucha contra el terrorismo, lo que quieran), van a sentir que se burlan de ellos. No es que todos crean, supongo, que Barack Obama sea poco nacionalista, es que necesitan que se respeten sus sentimientos patrióticos y su dolor real. Y si están equivocados en sus temores, que sin duda lo están, entonces se les debe demostrar con generosidad y hechos concretos, no con bromas vulgares, que son como vergonzosas cachetadas.

¡Eso es lo malo de hacer caricaturas tan inteligentes! Las piensas y las piensas y les das mil vueltas.

Imaginemos ahora la respuesta de los republicanos en una caricatura de alguna revista de derecha que quisiera satirizar los prejuicios que pesan sobre John McCain: el candidato republicano vestido de rabino ortodoxo, brindando feliz en la Oficina Oval con un acaudalado petrolero y un fabricante de armas, mientras en la chimenea arden las resoluciones de la ONU; en los muros, mapas de Medio Oriente y del Gran Israel, y afuera, nubes negras de esmog. ¿Saben qué dirían los demócratas? Que ésos no son prejuicios, que es la pura realidad y que la han denunciado hasta el cansancio, incluso en caricaturas de "primera intención"; es decir, como crítica directa. Creo que ni siquiera los judíos de Israel lograrían entender una caricatura así como una denuncia de los prejuicios que los rodean. Y tanto a los republicanos como a la revista de derecha les saldría pésima la jugada. Lo dicho: la bienpensantía siempre gana y lo políticamente correcto es de izquierda o no es.


***

Posdata. Hablando de Israel, ahora sí anotó un tanto espectacular el presidente Nicolas Sarkozy con su reunión cumbre para tratar, con los 43 países implicados, el tema de la Unión por el Mediterráneo. No sé si lo tenía pensado y había calculado a tal grado las consecuencias de su idea, pero me parece extraordinario el haber logrado acercar a Siria y Líbano, a Palestina e Israel, en torno a un gran proyecto común donde los problemas "personales" (es decir, binacionales o trinacionales o de árabes contra judíos o de sunitas contra chiitas) se diluyen frente a algo mucho mayor, que los engloba a todos: la perspectiva de una unión supranacional, parecida a la que, tras siglos de guerras, logró hacer que las naciones europeas, antiguas e irreconciliables enemigas, sean hoy socias, defensoras mutuas y, como las mejores amigas, haciendo frente común ante las dificultades mundiales. Tantas veces ha parecido estar a la vuelta de la esquina la paz en el Cercano Oriente que prefiero esperar hasta la semana próxima, hasta saber las reacciones de unos y otros una vez olvidadas las cortesías de la recién terminada reunión parisina.

Reforma
17/07/2008

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