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Reformas van y vienen

Rafael Segovia

No se puede hablar de destape. Se habla principalmente de alianzas no muy claramente específicas. Sobre todo de una alianza PAN-PRD, que por razones elementales no puede serlo. Años de esfuerzos llegaron a una candidatura de izquierda encabezada por Andrés Manuel López Obrador, que compitió con valor por la Presidencia y perdió en principio por un ridículo 0.7 por ciento con el candidato de la derecha que maniobra en estos momentos para llevar agua a su molino encontrándose con la oposición no sólo del PRI sino con la de su propio partido, el PAN, partido que en sus filas tiene un importante grupo de ultraderecha, El Yunque, significado por sus sentimientos distantes de los del señor Felipe Calderón, que ve reducidos cada día más como presidente de la República.

La resta de los felipistas auténticos es, o debería ser, escandalosa para esa organización; cada día vienen a sumarse más escépticos felipistas. Incluso el presidente del IFE en el momento de esta elección, es un personaje que siente que le han salido alas para volar por cuenta propia. El nombramiento de César Nava a la presidencia del PAN, con sus simpatías yunquistas, viene a subrayar la soledad del Presidente con el lamentable estado en que se encuentra el partido del gobierno. Todo el grupo que rodea y aconseja al señor Calderón no ha tenido tiempo para abrir un libro. La política los absorbió de tal manera que su ignorancia se mide en años luz. Sus conocimientos de los clásicos mexicanos, de los clásicos políticos, como los alemanes, es nulo, de los clásicos españoles, franceses o ingleses o americanos, su lectura brilla por su ausencia. A César Nava es inútil preguntarle por Quevedo. No sabe en qué siglo nació, ni sabe qué es la Genealogía de los Modorros, aunque pertenezca a ella, como el CEN del PAN en masa. Va a ser casi imposible no que ganen una elección, sino que encuentren un candidato presentable.

El PRI se ha sentido también amenazado por la política incomprensible de Los Chuchos, sobre todo por la del Chucho mayor que quiere a toda costa aliarse con el PAN. Es un caso que raya en lo patológico. Ver a López Obrador llenar no digamos el Zócalo, sino el centro de esta ciudad, a rebosar lleva más de dos años poniéndole verde de envidia. Ayudar a su rival político haciendo lo mismo, aunque sea el de Chilpancingo, con su ayuda, siente que le justifica como hombre público, creyendo en su modorrez que tiene un resto de llamado público, cuando no mueve lo que se dice nada. Caso más grave es de Encinas, que formado en la ideología y disciplina comunista viene ahora a aliarse con el PAN. ¿Tan duro es vivir lejos del poder?

Por ahora le toca defender los 10 puntos a reformar de su jefe y señor. Se trata, bien mirado, de construir un nuevo sistema político, basado en experiencias extranjeras, que considera seguras el jefe y señor. Algunas no lo son tanto, si en algún momento les explicaron cómo durante la revolución francesa al rey le conservaron el veto, que de manera inesperada se creyó que era fundamental utilizado por la reina. Absurdo fue pensar que en pleno cambio, en una primera expresión de la voluntad popular, se iba a tolerar la utilización de un arma incontrolable. Al rey le costó la cabeza y a la reina también.

En lo que hace a la reelección, tal procedimiento no suscita simpatías estrepitosas. ¿Quién conoce, aunque no sea más que de nombre, a su diputado? No digamos a su senador, o a unos cuantos que obtuvieron entrar a una de las Cámaras en una elección. Sólo unos pocos logran ser conocidos, soltando dinero que no les pertenece -sino a la nación- a izquierda y derecha. Recortarles los emolumentos no resuelve nada, por el contrario, utilizarán el cargo -más de lo que lo hacen- para recomendar, servir de intermediarios y de correveidile a los jefes de partido. No se puede ni pensar en los odios, rencores y denuncias que se harían presentes con los nombramientos de candidatos. En cuanto a los independientes los nombrarían del primero al último en Los Pinos.

El señor Calderón no se ha enterado todavía de por qué hubo una revolución en 1910. Quiere corregir las causas que la motivaron y para ello pospone reforma tras reforma, ninguna de las cuales puede cuajar. Basta recordar qué propuso durante su campaña electoral y sólo cómo la ayuda del SNTE le dio el 0.7 con el que pudo ser el candidato presidencial peor elegido de México. Ese maldito 0.7 todavía lo lleva atravesado en la garganta. Pero no recuerda para nada aquello de sufragio efectivo no reelección, ni recuerda para nada las elecciones porfiristas donde la gente decente era elegida por una bola de pelafustanes, como los que le rodean.

Reforma
29/01/2010

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