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Leyes de reforma

Sergio Sarmiento

"Creo en el liberalismo tanto y más aún que siempre. Pero pasé por una edad de sonrosada inocencia en que pude creer en los liberales, lo cual es cosa muy distinta".

G.K. Chesterton

Los gobiernos de México están comprometiendo toda su maquinaria propagandística en este próximo 2010 para promover las virtudes de la independencia y la revolución a 200 años y 100 años del inicio de esas guerras. En cambio los festejos por el 150 aniversario de las Leyes de Reforma han sido casi vergonzosos.

Entre 1856 y 1863 se promulgaron en nuestro país una serie de leyes que habrían de ser llamadas de reforma y que incluyeron la Constitución de 1857. Ellas establecieron las bases de un Estado liberal que nuestros gobiernos han tratado de eliminar desde entonces.

La Ley Juárez suprimía los fueros ante la justicia, en particular el militar y el eclesiástico. La Ley Lerdo promovía la desamortización, la venta obligada, de los bienes de las corporaciones, como la Iglesia y las comunidades indígenas. La Ley Iglesias prohibió el diezmo obligatorio. A éstas se añadieron la Ley de Nacionalización de los Bienes del Clero, la Ley del Matrimonio Civil, la Ley del Registro Civil, la Ley de Exclaustración de Monjas y Frailes y la Ley de Libertad de Cultos.

Nuestros gobernantes han buscado rendir pleitesía a estas leyes y al legado filosófico y jurídico de los liberales del '57, al mismo tiempo que han tomado todas las medidas posibles para traicionar sus principios. La Constitución de 1917, con la creación de un Estado poderoso para tutelar a la sociedad, constituye el rechazo más significativo del legado liberal.

A pesar de las reformas de hace 150 años, en México seguimos teniendo un fuero militar, el cual se ha convertido en fuente de abusos de los derechos individuales. La reforma agraria y el ejido establecieron nuevos tipos de propiedad colectiva de la tierra fuera del mercado, con lo que violaron el propósito fundamental de la Ley Lerdo. Si bien la Ley Iglesias prohibió el diezmo, los sindicatos de hoy tienen facultades similares para gravar injustamente los sueldos de los trabajadores. El gobierno actual traiciona abiertamente el principio juarista de no intervención en los asuntos de otros países.

Uno podría aceptar estas posiciones como honestas si nuestros políticos reconocieran su ideología conservadora. Pero se consideran herederos del liberalismo del siglo XIX sólo para impulsar medidas conservadoras.

Los historiadores del régimen nos han querido hacer creer que el liberalismo del siglo XIX era simplemente una corriente anticlerical. Eso es falso. Muchos de los grandes liberales de ese entonces, incluyendo al propio Benito Juárez, vivieron y murieron como católicos. Lo que defendían era la libertad. Peleaban por el derecho a no sufrir una tutela innecesaria del Estado, se oponían a las restricciones a la libertad de comercio y de propiedad, exigían la libertad de culto. Los ideólogos de nuestra actual izquierda conservadora afirman que no hay relación entre los liberales del siglo XIX y lo que ellos llaman los neoliberales del siglo XXI. No quieren percatarse de que sus principios son fundamentalmente los mismos.

Encuentro poco que celebrar en el bicentenario de las guerras de 1810 y 1910 que trajeron un enorme sufrimiento al país y detuvieron el desarrollo durante largos periodos. En cambio las Leyes de Reforma, en su intento pacífico por construir un México de libertades e instituciones, parecen haber sido abandonadas por un régimen panista-priista-perredista que es fundamentalmente conservador.



El desplome

Termina el peor año en la economía nacional desde 1932. La contracción, que se calcula entre 7 y 8 por ciento, ha sido peor que la de 1995, la cual alcanzó el 6.6 por ciento. Pero eso no es lo peor. Lo que inquieta es que no parece haber conciencia en la clase política mexicana de los errores y omisiones que provocaron este desplome.

Reforma
31/12/2009

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