Matar a las gallinas
Juan E. Pardinas
Una noticia perdida en las páginas interiores de los periódicos nos envía una señal desde el futuro: un hombre falleció en Japón por exceso de trabajo. La única información disponible del difunto es que era un ingeniero que trabajaba para la firma de automóviles Toyota y su jornada laboral promedio duraba 12 horas. El proyecto que consumió su vida era el desarrollo de un modelo de coche híbrido que funciona con electricidad y gasolina. El ingeniero trabajó noches enteras y fines de semana para fabricar el vehículo del mañana. Horas antes de viajar al Auto Show de Detroit, para presentar su creación, su corazón dejó de latir.
El viernes pasado, Al Gore presentó un ambicioso proyecto para lograr que, en menos de una década, Estados Unidos deje de usar combustibles fósiles para la generación de electricidad. El ex vicepresidente vislumbra un futuro donde su país prescindirá de petróleo y carbón para impulsar su red eléctrica. La muerte del ingeniero japonés y el proyecto de Al Gore son la anunciación de una revolución energética. Es casi imposible que para el año 2020, los seres humanos sólo manejemos autos propulsados por baterías, mazorcas o esquites. El petróleo será parte del futuro, pero, con los precios actuales y la amenaza del cambio climático, el uso de energías alternativas se ha convertido en algo más trascendente que una moda pasajera.
Para México, el petróleo es a la vez una fuente de energía y la gallina de los huevos de oro. El mundo nos envía señales de que se reducirá la dependencia en hidrocarburos y el yacimiento de Cantarell, explotado por Pemex, nos anuncia que el petróleo se nos está acabando. La gallina de la prosperidad está en la decadencia de su vida productiva. Es hora de empezar a imaginar cómo será la economía mexicana en su etapa postpetrolera. ¿Cómo se financiará el gobierno? ¿Cuál será el motor del crecimiento? ¿Cuáles serán las consecuencias políticas de esta transformación económica?
Los tres párrafos que le quedan a este artículo no son suficientes para responder a tantas preguntas. El espacio apenas alcanza para describir una oportunidad que tenemos hoy frente a los ojos. En 1997, Frances Cairncross, editor de la revista The Economist, publicó el libro La muerte de la distancia (The death of distance). La premisa del texto es que la caída en los precios de las telecomunicaciones y el transporte habían hecho irrelevante la distancia geográfica. El año en que Cairncross publicó su libro, el barril de petróleo se vendía a cerca de 25 dólares (precios actuales). Anteayer, el precio era cinco veces más alto.
La predicción del editor de The Economist se mantiene vigente para las telecomunicaciones. Sin embargo, en el transporte de personas y mercancías, los costos del combustible han marcado el renacimiento de la distancia.
La posición geográfica de nuestro país es, otra vez, una ventaja comparativa frente a nuestros competidores internacionales. Las maquiladoras y fábricas que hace unos años se mudaron de Tijuana a Shangai ven con nostalgia sus antiguos costos de transporte. La crisis energética representa una gran oportunidad para atraer inversión extranjera directa a la frontera norte.
En junio pasado se publicó el Índice Facilitador del Comercio (Enabling Trade Index), que compara variables como la infraestructura logística, la eficiencia de las aduanas o el clima de negocios en 118 países. México quedó en el lugar 65. En el tema de seguridad física de los embarques comerciales quedamos en el lugar 105. La violencia y el crimen organizado nos hace poco competitivos en materia comercial, a pesar de tener como vecino al consumidor más poderoso del planeta. La gallina de los huevos de oro que nos regaló el petróleo, la dejamos morir por negligencia política y nacionalismos trasnochados. La gallina que nos regaló nuestra posición geográfica, la matamos a balazos.
Reforma
20/07/2008 |