El asalto a la razón
El encono de la “Puebla revolucionaria”, contra
López Dóriga y Loret de Mola
Por Carlos Marín
Con la descripción de sí mismo que le permite hacer a El rey de la mezclilla, el “gober precioso” encontró un atajo para salir al paso de los “chismes” y “calumnias”: azuzar a la sociedad poblana contra los periodistas, en particular contra Joaquín López Dóriga y Carlos Loret de Mola.
En conferencia de prensa, el mandatario se refirió a las entrevistas que le hicieron en Primero noticias y El noticiero, donde aceptó por fin que “puede ser mi voz” la que se escucha en su grotesca plática telefónica con el textilero Kamel Nacif Borge.
Al responder preguntas periodísticamente inobjetables, ética y legalmente ineludibles, el mandatario comprometió su palabra a someterse al polígrafo y a un examen de voz.
“Es un papel que no les corresponde –pontificó evidentemente arrepentido–. No se vale que se hayan convertido en los enjuiciadores (porque), entonces, ¿los tribunales dónde quedan?”, comentó, y alardeó:
“No puedo, de ninguna manera, someterme a un medio, por muy bueno o muy poderoso que sea. Hay tribunales, y a ellos nos debemos someter todos los mexicanos”.
De modo que al que niega ser quien habla como dueño de una entidad federativa, al que chacotea con el prepotente, pedestre y zalamero interlocutor Kamel Nacif, ¿no se le puede inquirir si está dispuesto a someterse a las pruebas periciales para saber si no miente?
Los efectos de la arenga contra López Dóriga y Loret se reflejaron en el acto de las jornadas nacionales de salud que encabezó el gobernador poblano, donde sus porras la emprendieron contra los periodistas que cubrían la ceremonia: “¡Digan la verdad, hijos de la chingada!”
Un día tras otro, Mario Marín viene comportándose como si no se diera cuenta de lo peligroso que es patalear en arenas movedizas.
De sus más irreflexivos intentos por disociarse de Nacif, resplandece su afirmación de que este cuate ni siquiera es su amigo porque –dijo a López Dóriga– no puede serlo alguien (palabras más o menos) que le hace eso a los niños….
¿Qué puede ser eso?
¡Renegó de su cuate, precisamente del que demandó a Lydia Cacho porque ésta lo incluyó en su libro entre miserables pederastas!
Paradoja de una amistad vergonzante: desde el punto de vista legal, Nacif quedó en peor estado de indefensión ahora porque frente a Cacho tuvo la opción de emprender una acción penal pero, en este caso, si lo hiciese hundiría al gobernador, pues tendría que dar por ciertos los oprobiosos contenidos de la grabación clandestina de su charla.
¿Y qué tal esa tontería del viernes reciente, la de la manifestación de los apoyos fingidos a costa de la dignidad de la burocracia poblana?
Algo semejante –pero igualmente inútil– hizo en junio de 1971 Alfonso Martínez Domínguez para intentar vacunarse contra los efectos de la matanza del Jueves de Corpus… horas antes de perder su chamba.
Tres años antes, dizque para “desagraviar” a la enseña nacional después de que los estudiantes izaran la de huelga en el asta bandera de la Plaza de la Constitución, otro ex regente, Alfonso Corona del Rosal, hizo exactamente lo que Mario Marín: ordenar el acarreo de burócratas, pero aquéllos tuvieron el coraje de rebelarse –al grito de “¡No somos borregos, no somos borregos..!”–, y el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz los reprimió con el ejército.
¿En qué año cree vivir Mario Marín?
Desde la “Puebla revolucionaria”, condenó a “todas las fuerzas perversas” que supone conspiran en su contra:
“Que no provoquen a los jóvenes y a las mujeres que creen en mí; que no molesten y provoquen a mis queridos abuelitos y abuelitas; a las personas con discapacidad, que tanto necesitan de mí (…). Que no provoquen a los poblanos (…). Que nadie se confunda, Mario Marín es un hijo del pueblo, es una gente que viene de abajo, con base en esfuerzo y trabajo, y nadie me va a quitar. El único que me puede quitar es mi pueblo (…). Esto que me han hecho es una vil infamia. Pero no solamente a Mario Marín; es una infamia a los poblanos, es una calumnia vil de intereses ajenos a Puebla (…). “Lo que realmente hace feliz a la gente es el trabajo por la salud, la educación, el campo y combatir la pobreza y la marginación, no los chismes y las calumnias…”.
¡Ah chingaaá!
Sólo Mario Marín cree que ese rollo (ni se diga la estulta mentira de que la difusión de su siniestra plática es una “infamia” para todos los poblanos) tiene algo qué ver con la indignación que ha generado su sospechosa relación de compinche con un pobre pero multimillonario diablo, a quien hasta que lo puso entre los pederastas veía como su “héroe”.
Milenio Diario
20/02/2006
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