¿Fue el cambio climático?
José Luis Lezama
El cambio climático es un problema serio que afecta a todas las naciones del mundo. La mayor parte de los países contribuyen a él. Por ello y porque todos resultaremos afectados por sus consecuencias, la colaboración de la comunidad internacional para prevenir daños mayores es imprescindible. Ante la tragedia que afecta a los habitantes del estado de Tabasco, en el cual una inmensa proporción de su población lo perdió todo, se ha especulado que lo allí ocurrido es una prueba más de la veracidad del cambio climático y del poder de la naturaleza. No creo que le haga falta a los hombres de ciencia un drama como el que hoy viven los tabasqueños para tener más argumentos de los que ya tienen en sus manos.
El cambio climático puede prestarse para explicar casi todo, lo cual podría resultar peligroso. Puede ser culpable de episodios de sequía, lo mismo que de lluvias intensas e inundaciones. Se le atribuyen ondas de calor, lo mismo que de frío, mayor intensidad en los huracanes y también su mayor frecuencia.
El cambio climático pudiera estar detrás de las intensas lluvias que anegaron Tabasco. Para indagarlo habría que analizar los récords históricos, comparando los hechos recientes con otros del pasado, para saber si realmente fue ese fenómeno lo que desató la tragedia. Me parece que en esta ocasión el principal responsable no fue el cambio climático. Lo que sí puede asegurarse con total certidumbre es que el cambio climático no tiene nada que ver con las obras hidráulicas construidas o dejadas de construir en la cuenca del Grijalva-Usumacinta, con los procesos de urbanización de las últimas décadas en Villahermosa que se llevaron a cabo rellenando los cuerpos y cauces de aguas. El cambio climático tampoco es responsable de la ausencia de un sistema de alerta temprana que avisara a la población de la cercanía del problema, tampoco de la corrupción de la clase política. En una declaración a la cadena CNN, el especialista de la UNAM en cambio climático Víctor Magaña señaló que las autoridades sabían que las aguas del Pacífico estaban afectadas por el fenómeno de La Niña y que eran previsibles las lluvias de fines de octubre, por lo que se debió bajar los niveles de las presas con anticipación. Éste es un argumento que se ha mencionado por otros personajes de la vida nacional, quienes además acusan a la CFE de no haber desahogado a tiempo la presa para favorecer a grupos privados productores de energía eléctrica, a lo cual se añade la protesta del gobernador Granier, quien ha acusado de manera directa a las anteriores administraciones federales y estatales por no haber concluido las obras requeridas en la presa Peñitas, que pudieron haber evitado o atenuado la magnitud del problema.
Es imprescindible una valoración y un estudio objetivo y neutro de lo acontecido en Tabasco. Las propias autoridades federales se verían beneficiadas con el deslinde de las decisiones incorrectas que pudieran haberse tomado en el pasado. No son suficientes los dictámenes hechos a las carreras y que pudieran tener fines justificadores. Se requieren exámenes hechos por cuerpos independientes, fuera de los gremios y grupos que, de alguna manera, están involucrados en la construcción de las grandes obras hidráulicas. No puede actuarse como si nada hubiera pasado, alentar complicidades, simular medidas correctivas que no se llevan a cabo o que se efectúan sobre falsos o equívocos diagnósticos.
Mucho queda por hacer en Tabasco. Por una parte, la necesaria y rigurosa revisión de las causas de esta que es la mayor tragedia que ha enfrentado el país. Por otra parte, la atención urgente de la emergencia, la cual aún no concluye. Inmediatamente se presenta la reconstrucción y, al mismo tiempo, la ejecución de las obras inconclusas en la presa Peñitas, o las que haya que hacer para evitar que esto vuelva a repetirse, lo que sin duda ocurrirá si gana la complacencia, la simulación y la complicidad de quienes tomaron las decisiones en el pasado con quienes tienen hoy día en sus manos el destino de esta región, que produce la mayor parte de la electricidad y una gran proporción del petróleo del país. ¿Por qué quienes generan semejante riqueza sólo sufren los males y jamás se benefician de sus bienes?
A medida que las aguas descienden emerge en toda su magnitud el tamaño de la catástrofe. Junto a las pérdidas materiales crece la desesperación y cunde la desesperanza. En los aires empiezan a percibirse los olores que se desprenden de cadáveres de personas y animales. Muchos buscan y no encuentran a sus familiares perdidos. Los alimentos no llegan a los sitios donde deben de llegar y se muestra la desorganización. Alguien ya ha mencionado la importancia simbólica que tendría que la Presidencia de la República cambiara por un tiempo su sede a Tabasco para acelerar la ayuda, organizarla y hacerla de la magnitud y características que las circunstancias demandan. El llamado presidencial a la comunidad nacional e internacional para brindar ayuda a Tabasco es necesario. No obstante, es el esfuerzo coordinado y con los recursos humanos, económicos y estratégicos del gobierno federal lo que puede hacer la diferencia. No ayuda a entender lo ocurrido y a prevenir futuras tragedias atribuir al cambio climático lo que pudo ser responsabilidad de errores, corrupción o negligencia.
Reforma
11/11/2007 |