Presagio de tormenta
Manuel J. Jáuregui
El buen navegante escudriña el horizonte y sabe cuando se avecina una tormenta.
Nuestro Presidente, Felipe Calderón, debe ser un buen navegante, y si no lo es, más vale que aprenda rápido, pues el barco de Estado que él conduce se enfila hacia aguas tormentosas.
Ayer, en Washington, el Presidente de la Reserva Federal norteamericana, Ben Bernanke, rindió su semestral testimonio ante el Congreso norteamericano sobre el estado de la economía norteamericana, y aunque empleó el lenguaje enigmático-técnico de su puesto, como quiera dijo lo suficiente como para deducir que nuestro vecino y PRINCIPAL SOCIO COMERCIAL enfrenta lo que se perfila como una crisis de insolvencia generalizada sin precedente, con epicentro en su sector financiero, pero con ramificaciones a toda la economía estadounidense.
Por su parte, el que fuera asesor financiero del Presidente Clinton, y hoy Profesor de la Escuela Stern de Negocios de la Universidad de Nueva York, Nouriel Roubini, afirmó categórico en días pasados que su país enfrenta una de las peores recesiones de su historia, y que aún está por venir lo peor.
A juicio del Profesor Roubini, el Gobierno de Bush está exacerbando el problema con un costoso rescate de instituciones financieras con cargo al erario, lo que equivale a proteger a los ricos sacrificando a los pobres.
Sea de esto lo que fuere, lo cierto es que ayer mismo el precio del barril del petróleo rondó cercano a los 150 dólares, el dólar perdió aún más valor, y la inflación norteamericana está alcanzando niveles que no había visto en más de 25 años (desde la administración demócrata del Presidente Jimmy Carter).
El panorama es NEGRO para nuestros vecinos en el terreno económico, pues el tronadero de huesos apenas comienza percibiéndose algo rara vez visto: la fuga de capital en dólares.
¡Ningún inversionista quiere tener dólares!
Compran libras esterlinas (aunque Gran Bretaña trae sus broncas también con la inflación), compran euros o hasta compran diamantes, el precio de los cuales se ha elevado en algunos casos ¡un 76 por ciento!
Compran lo que sea, menos dólares.
El enorme costo de la Guerra de Bush en Iraq le pesa ya mucho a la economía de nuestros vecinos y no se diga el déficit fiscal.
Encima de este entorno tenemos las elecciones presidenciales norteamericanas y el hecho de que ninguno de los dos candidatos, ni el demócrata ni el republicano, convencen del todo al electorado.
Simplemente dicho, no se percibe ni en el viejillo McCain ni en el orador Obama el liderazgo excepcional que necesitará Estados Unidos para salir airoso de las broncas que enfrenta: económicas, diplomáticas y sociales.
Por ello decimos: en la soledad de su despacho, Calderón debe estar oteando el horizonte y rezando muy fuerte, ya que NO HAY FORMA de que la suma de calamidades que se ven venir evada a México.
Sufriremos, sin duda, el impacto del aterrizaje-desplome de la economía norteamericana, nuestro principal socio comercial, y padeceremos también las decisiones que en materia de inmigración y política exterior implemente el sucesor de Bush.
Nada de lo que ha dicho recientemente McCain sobre el tema migratorio suena bien, y lo que promete Obama suena iluso; de manera que todo indica que, adicionalmente a la crisis económica, las relaciones con nuestro vecino se verán tensionadas y que el "benign neglect" (desatención benigna) con la que nos ha tratado Estados Unidos los últimos ocho años continuará bajo cualquiera de los dos candidatos presidenciales, por lo que problemas apremiantes, como la sangrienta lucha contra el narcotráfico que libra México por culpa del PRINCIPAL consumidor de cocaína y mariguana en el MUNDO (según estudio reciente), seguirá corriendo solitariamente por cuenta y riesgo de México con nefastos efectos para nuestras instituciones.
En suma, el ser realista no equivale a ser pesimista: las cosas se pondrán peores antes de mejorar, por lo que saberlo, cuando menos, nos da tiempo para preparar los salvavidas ya que ¡todo indica que los vamos a necesitar!
Reforma
16/07/2008 |