¿Golpe demoledor? Eduardo R. Huchim Puede parecer una percepción anticlimática, pero la muerte (aún sin pruebas públicas) de Ignacio Coronel Villarreal no es necesariamente un avance importante en la lucha del gobierno contra el narcotráfico. Hay razones sólidas para pensar, en cambio, que la delincuencia organizada progresa en su carrera por convertir a México en un narcoestado. La muerte del capo está muy lejos de ser el "golpe demoledor" que la DEA estadounidense le atribuye, a pesar de que también fue abatido su sobrino y presunto sucesor, Mario Carrasco Coronel. Los cárteles del narcotráfico poseen una aptitud de regeneración similar a la salamandra, capaz de restablecer no sólo sus miembros amputados, sino incluso partes de su cerebro. De esa manera, pese a los más de 10 mil narcos capturados o muertos desde 2006, la producción de mariguana aumentó 35% y el consumo interno creció 78% en México en seis años, en tanto que las drogas siguen fluyendo sin problema a Estados Unidos y el narcotráfico ha penetrado casi el 80% de los sectores económicos mexicanos formales ("La salamandra", Reforma, 13/04/10). El trasiego de drogas, que se ha ampliado a una veintena de otros delitos, es una empresa muy redituable cuyas ganancias -más de 25 mil millones de dólares anuales- son suficientes para figurar en las listas de millonarios de Forbes, para hacer obra pública en las comunidades dominadas por el narco, para armar a cientos de sicarios, para invertir en la economía formal y para corromper jerarquías e infanterías de policías, Fuerzas Armadas e instancias del Estado. Esta situación no se altera, como quisieran el gobierno mexicano y la DEA, con la muerte de un capo ni de dos ni de 20. Siempre habrá alguien que los sustituya rápidamente. Por todo ello, la muerte de Nacho Coronel no demuele nada, excepto quizá las esperanzas de que el gobierno federal replantee su equivocada lucha antinarco y la encauce conforme a los lineamientos de la Convención de Palermo, de la que México es signatario. Además, hay una versión que no debe desestimarse, por más que -al menos por ahora- sea imposible de corroborar: el capo pudo haber sido eliminado a causa del creciente poder que había adquirido, como lo reveló dos semanas antes de su muerte la revista Proceso (18/07/10). Esto supondría la utilización de las fuerzas federales como instrumentos -conscientes o no- de los propios jefes de la delincuencia organizada. ¿Inverosímil? Sí, tanto como el hecho de que sicarios hospedados en una prisión duranguense salieran por las noches a asesinar. Desde otro ángulo, resulta sumamente preocupante el cambio cualitativo de las acciones del narco, en particular por dos hechos: la utilización de coches-bomba y el secuestro temporal de cuatro periodistas de televisión. El coche-bomba que estalló en Ciudad Juárez es un evidente acto de narcoterrorismo no sólo conceptual sino también legalmente (art. 139 del Código Penal Federal), y los narcos amenazan con repetirlo... a menos que ¡se combata la corrupción de las fuerzas federales! El narco ha estado actuando contra decenas de periodistas, cuyos levantones y muertes no han generado la enérgica reacción que cabría esperar de sus pares, esto debido a la mezquindad e indiferencia que, con valiosas excepciones, suele haber en los medios mexicanos de comunicación. Pero ahora han sido afectados simultáneamente cuatro periodistas y dos importantes grupos, Televisa y Milenio TV, cuyos conductores Denise Maerker y Ciro Gómez Leyva resintieron directamente las consecuencias en sus respectivos espacios. El secuestro de los cuatro periodistas -que por fortuna ya fueron liberados- forma parte también del mencionado cambio cualitativo, sobre todo porque uno de los afectados directos es el principal consorcio de la tv mexicana, cuya influencia y recepción de trato privilegiado son inocultables. Pero en esta hora difícil, agravada por otros atentados y presiones, la solidaridad debe imponerse en acciones y acuerdos concretos, sobre todo cuando el Estado falla lastimosamente en su deber primigenio de garantizar la seguridad. Reforma |





