¿Por El PRI?
Por Rafael Ruiz Harrell
El próximo dos de julio habrá mexicanos que van a ir a votar por el PRI. Se calcula que cuando menos la cuarta parte de los votos emitidos favorecerá a algún candidato de ese partido. En conjunto sumarán varios millones. Eso se supone y predice. Lo que no se entiende es por qué. Nadie sabe qué va a llevar a varios millones de mexicanos a votar por un partido de dinosaurios corruptos, autoritarios, manipuladores, que tienen décadas sin fin de robar al país e impedir su cabal desarrollo.
Los priistas ya tuvieron su oportunidad de dirigir al país. Y la tuvieron de manera ilimitada e irrestricta. Hicieron, literalmente, cuanto les vino en gana y no consiguieron resolver uno solo de los problemas capitales de México. Uno. Llámeselo pobreza, industrialización, educación, seguridad, trabajo, justicia. Lo cierto es que al final de los tiempos priistas el país estaba proporcionalmente peor que cuando empezó tan lamentable dinastía. En el 2006 había, en relación al número de habitantes, más pobreza, menos empleo, más crímenes, menos justicia.
Un solo ejemplo: tenemos datos precisos del costo de los alimentos de primera necesidad en Cananea, Sonora, en el mes de junio de 1906, cuando estalló el conflicto minero por motivos laborales. Los obreros mexicanos ganaban ahí, en promedio, tres pesos por diez horas de trabajo. Los alimentos que podían comprar con lo que ganaban en un solo día de trabajo, le exigirían casi 12 jornadas de ocho horas a un obrero que ganara hoy cincuenta pesos en el DF. Lo que podía comprar un trabajador tras de diez horas de trabajo en la Cananea de 1906, demandaría hoy en día 94 horas de un obrero capitalino. El triunfo se debe, en lo fundamental, a los gobiernos priistas emanados de la Revolución y a una modesta ayudadita de apenas cinco años de un inepto gobierno panista.
Sólo que si los trabajadores no mejoraron en su nivel de vida; si la proporción y el número de pobres aumentó; si el desempleo tiene despobladas a poblaciones enteras en Zacatecas, Jalisco, Durango y muchos otros estados de la República; si las escuelas públicas no consiguen satisfacer las normas internacionales sino por excepción; si el aire de algunas ciudades está contaminado por elementos cancerígenos; si el IMSS y el ISSSTE están al borde de la quiebra y no hay con qué pagar las pensiones; si los ríos están anegados de basura y bañarse en una playa es buscarse una infección; si las cárceles están llenas y la criminalidad sigue al alza; si después de setenta años de PRI el país es un desastre ¿por qué todavía hay quienes votan por él?
Quizá podría entenderse que lo hicieran si los candidatos postulados ahora por el Institucional fueran distintos, nuevos, limpios, pero son los mismos saurios mañosos y corruptos de siempre. El nivel es el mismo de las décadas anteriores. Es el nivel de los Montiel; de los "góber preciosos"; de los caudillitos oaxaqueños a lo Murat; de los inútiles a lo Navarrete Prida, el ex procurador mexiquense; de los politiquillos untuosos, a lo Beltrones o lo Chuayffet; de los pillos a lo descarado y a lo cínico como Roberto Madrazo. Y es tal la desvergüenza que en su postulación muchos de ellos no corren ni siquiera el riesgo de perder porque flotan sobre el total de votos que obtenga su partido. Son candidatos de mayoría, gente que en el próximo sexenio volverá a estar agarrada a veinte uñas de las virtudes del presupuesto y dispuesta a promulgar, como ahora, leyes vergonzosas que favorecen a los grandes consorcios televisivos o impiden el avance nacional. Así que, repito ¿por qué hay quien vote todavía por el PRI?
Todo mundo sabe que no hay en México negocio más redituable que tener un partido. La burocracia que dirige al IFE se encargará de que le lleguen millonadas para que pueda seguir en el negocio. A partir de ahí puede entenderse que haya mucha gente comprometida con las transas que ha hecho el PRI; gente que tiene que votar por ese partido porque de eso dependen sus intereses personales y no le queda otro camino. Vamos: es obvio que el PRI, como toda mafia que se respeta, descansa sobre una amplia base de lealtades muy poco decorosas, pero aun con todo eso no conseguiría sino el ocho, quizá el diez por ciento de la votación. ¿De dónde salen los despistados que integrarán al otro quince por ciento?
Por más que reflexiono no consigo entender cómo es posible que el próximo julio vaya a haber quienes voten por el PRI libremente, por su propia voluntad, sin que medie torta, acarreo, corrupción o amenaza; gente inocente que tras de haber puesto cruces sobre el escudo del PRI, va a meter su boleta a la urna creyendo que su voto es patriótico y sirve bien a México. De plano no lo entiendo o, mejor, sólo tengo una hipótesis trágica y descabellada para explicarlo. Es tan desesperanzada que sólo me atrevo a plantearla en calidad de pregunta: ¿no será que a pesar de todos los pesares tanta gente va a votar por el PRI, porque los otros partidos y los otros candidatos están igual de atroces? ¿Será realmente peor votar por Madrazo que por Calderón? ¿No será peor votar por AMLO que por cualquiera de los otros dos? Ante disyuntivas tan letales ¿no será peor votar que cancelar la boleta?
Reforma
25/03/2006 |