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Balance de falsedades

Por Rafael Ruiz Harrel

Como los estados de la República son soberanos -lo que en buen español significa que hacen lo que les da su gana-, y el gobierno federal es incapaz de meterlos en cintura -así les dé parte importante del presupuesto en materia de seguridad pública-, cada vez resulta más difícil precisar cómo está la criminalidad registrada en nuestro país. El problema es tan grave que pretender hacer un balance de lo que ocurrió en el 2005 a partir de las cifras oficiales es lo mismo que hacer un balance de falsedades: algunas entidades subieron sus cifras en la esperanza de merecer más presupuesto mientras que otras, por conveniencias políticas, las bajaron sin el menor descaro.

 
 
Primera Aproximación
 
Se cuenta con cifras sobre los delitos registrados por las procuradurías de los estados de enero a noviembre del 2005. Obtener el total anual calculando diciembre no presenta mayores problemas y aunque se trata de cifras preliminares, puede afirmarse que no diferirán más del cinco por ciento de las definitivas.

Conforme a estos datos, la delincuencia del orden común bajó ligeramente el último año. Si en el 2004 se registraron un millón 429 mil 102 crímenes, en el 2005 llegarán a un millón 395 mil 559, lo que representa un descenso del 2.4 por ciento. Por desgracia la cifra es poco confiable ya que las variaciones por estado de un año al otro son muy exageradas y en consecuencia el error estándar también lo es.

Dos estados registran aumentos que sólo son explicables como parte de una honda reforma en sus sistemas de recolección de datos y, a la vez, como parte de un intento por aumentar las aportaciones que reciben del Sistema Nacional de Seguridad Pública. El primero es Tlaxcala, que de 4 mil 673 delitos en 2004, pasó a 16 mil 334 en 2005. Se trata de un incremento inimaginable del orden del 249.5 por ciento. Aunque menos desmedido, el crecimiento delictivo declarado por Colima se encuentra en circunstancias semejantes: de 3 mil 425 delitos en 2004, llegó a 8 mil 445 en 2005. El incremento asciende al 175.8 por ciento. Ha de advertirse que en ambos casos el porcentaje que representaron los delitos registrados del total de delitos cometidos en 2004 fue significativamente más bajo que en el resto del país: 37.8 de menos en Tlaxcala y 27.5 en Colima. En consecuencia el aumento corrige errores previos.

En el lado opuesto de la escala hay varios estados que declaran descensos que estadísticamente son poco menos que imposibles. Así Tabasco que pretende haber disminuido su criminalidad del 2004 al 2005 en 68.8 por ciento; San Luis Potosí en 39.3; Nuevo León en 28.1 y finalmente Campeche en 23.0 por ciento. Este último caso es también el más risible porque de los 13 mil 255 que declararon en 1995 las autoridades campechanas, hoy afirman que sólo se denuncian mil 452, o sea 187 por cada cien mil personas cuando el promedio nacional es casi diez veces mayor. De los delitos cometidos en 2004 las autoridades registraron uno de cada 36. En el 2005 fueron uno de cada 50.

 
 
Correcciones
 
Es posible tener una idea menos inexacta del estado de la delincuencia en el país si se atiende a los resultados de las encuestas victimológicas y se recuerda un punto central: en los países en los que se manejan ambas estadísticas, o sea las victimológicas y las de delitos registrados por las autoridades, invariablemente las segundas se van acercando a las primeras y, lo que es más importante, terminan por adoptar un curso cercanamente paralelo. Puede suponerse, en consecuencia, que si las cifras oficiales no estuvieran manipuladas, mostrarían una tendencia semejante a las victimológicas.

Si se parte de esta hipótesis, puede afirmarse que lo más probable es que la criminalidad en la República subiera ligeramente del 2004 al 2005, tal vez alrededor del 4.3 por ciento. Los estados que mostrarían los ascensos más notables serían Baja California Sur, con 23.2 por ciento; Hidalgo, con 11.5; Guerrero con 8.0 y Jalisco, Morelos, Quintana Roo y Tabasco con 7.7.

Sea como fuere, no hay duda que es un crimen imperdonable que no sea posible saber con certeza cuál es el monto de la delincuencia denunciada y registrada por las autoridades. La Secretaría de Seguridad Pública federal es a fin de cuentas la responsable de este asunto y en vez de mejorar, cada año los datos son más absurdos y menos confiables. ¿Cómo va a resolverse el problema de la criminalidad si no se conocen ni siquiera sus dimensiones?

 

Reforma
02/01/2006

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