Leyes para que nada cambie
Javier González Garza
El Coahuila de Moreira es un buen ejemplo de lo que Peña Nieto quiere. Ahí el PRI tiene mayoría calificada en el Congreso local y Moreira no tuvo ni un solo contrapeso. Aprobaron todo lo que quiso
Para el maestro Miguel Ángel Granados Chapa. Espero que tu despedida sea otro engaño.
México se encuentra en una de las peores coyunturas de su historia. La corrupción e impunidad en las instituciones, el desprestigio de las clases gobernantes y el crecimiento de la pobreza provocan, en amplios sectores de la sociedad, incertidumbre. Parece que no hay camino.
Ante la proximidad de las elecciones presidenciales del año entrante, se hacen propuestas con el propósito de hacer avanzar al país. Algunos promueven coaliciones electorales entre el PAN y el PRD para evitar el regreso del PRI a la Presidencia de la República. Esto no serviría a ninguno de los partidos. En primer lugar, se anularía la posibilidad de la unificación de las izquierdas, y ambos partidos perderían también un sector de sus electores. Hay alianzas que no suman y este es el caso. Porque, con todo y la vocación democrática que el PAN tiene, lo que estará en juego en 2012 no es el derrotar a un cacique estatal, sino el futuro mismo del país. Y, no lo olvidemos, el PRI y el PAN representan una visión ideológica conservadora.
De un lado, es seguro que el PRI haga coalición con el Partido Verde. No queda claro todavía si el Panal seguirá con el PAN o regrese al PRI. Con otro proyecto de nación, la izquierda puede presentar una coalición del PRD, PT y Partido Movimiento Ciudadano junto con otros movimientos sociales y muy destacadamente con el Movimiento de Regeneración Nacional, Morena.
También hay los que impulsan reformas legales para reordenar al país, como si, hoy, un cambio de ley fuera el camino para enfrentar nuestros retos.
Una propuesta es la de coalición de gobierno. Ésta se establecería en el caso de que ninguna fuerza política tenga mayoría en las Cámaras del Congreso y, por supuesto, si el candidato ganador así lo considera pertinente. Lo que se pretende es, según los firmantes del desplegado: "consolidar la democracia constitucional en México para dar respuestas a las exigencias de justicia, equidad, desarrollo y seguridad".
Existen otros como Peña Nieto, quien propone como futuro el regreso al pasado. Plantea el retorno de la cláusula de gobernabilidad, lo que significa que quien gane la Presidencia de la República obtendrá mayoría absoluta en el Congreso de la Unión: la regresión pura.
Para Peña Nieto, el hecho de que no exista una mayoría estable en la Cámara es muy preocupante ya que sin esa mayoría preestablecida no se pueden aprobar las reformas que necesita el país.
Por las condiciones políticas que existen, es previsible que no se apruebe ninguna reforma antes de las elecciones. Bueno, ni siquiera la raquítica Reforma Política, y si se llega a aprobar, no tendría aplicación para las elecciones federales venideras.
Ante el fracaso del régimen se está configurando una opinión mayoritaria en la sociedad que reclama un cambio profundo. El estancamiento económico nos ha llevado a mayor desigualdad, más pobreza y, sin duda, a la ingobernabilidad. Esto último no sólo se refiere a la creciente violencia, también la ingobernabilidad se hace patente cuando se conocen los millonarios endeudamientos de estados y municipios.
El ejemplo más claro es Coahuila. De la gubernatura de Humberto Moreira no hay culpables. A pesar de que se han mostrado documentos falsificados del Congreso del estado. Los bancos, con todo y sus consejos y controles, prestaron dinero de manera desenfrenada. El Coahuila de Moreira es un buen ejemplo de lo que Peña Nieto quiere. Ahí el PRI tiene mayoría calificada en el Congreso local y Moreira no tuvo ni un solo contrapeso. Aprobaron todo lo que quiso, en particular el endeudamiento y sus cuentas públicas.
El país requiere un cambio de rumbo. Y para ello no son indispensables reformas legales. Primero que nada necesitamos que se aplique la ley. Los cambios que necesita el país no vendrán en automático de nuevas reformas, sino de la derrota de aquellos agraciados de estos regímenes indolentes e innobles que hoy nos gobiernan.
Hay pequeños grupos que se han convertido, gracias a la falta de control y corruptelas de la cosa pública, en poderes económicos fabulosos. De los poderes fácticos no podemos esperar que vengan las transformaciones a favor del país.
Ellos seguirán pidiendo "las reformas estructurales", cambios que legalicen los favores que reciben. ¿Hace falta una reforma fiscal?, sí, sin duda. Pero antes de eso que todos paguen lo que dice la ley. Que no exista la consolidación fiscal, los engaños hacen que México sea, junto con Haití, el país que menos impuestos recauda en América Latina.
Se requiere de un gobierno que elimine la corrupción, no que sea parte de ella. Un gobierno que desarrolle el mercado interno y modere las desigualdades económicas. Un gobierno que piense en el futuro y, por lo tanto, que atienda a los jóvenes. Un gobierno donde los órganos de fiscalización y control, así como el Ministerio Público, se instituyan sin dependencia del propio mandatario en turno.
El problema es que no todos quieren el cambio. Existen grandes intereses para que nada cambie, porque a ellos les va muy bien, pero no a la mayoría de los mexicanos.
Reforma
15/10/2010 |