Posibles alianzas Javier González Garza Las diferencias entre PRD y PAN son enormes, pero es mayor el interés de consumar la alternancia en ciertos estados, y que ésta signifique esperanza para los ciudadanos 2010 se presenta como un año eminentemente electoral y las posibles alianzas entre el PAN y las fuerzas electorales de la izquierda han despertado interés y desatado polémica. Personajes del PRI han salido a descalificar desde ya esa posibilidad. En airadas declaraciones el senador Beltrones y el gobernador del estado de México las han calificado como "perversas" y "contra natura". Lo mismo sucede con militantes destacados del PAN y del PRD cuyas opiniones son contrarias a esa posibilidad. Las diferencias ideológicas y programáticas de las fuerzas políticas participantes en esas alianzas evidentemente son enormes, por lo que las críticas tienen sentido. Pero esas alianzas se proponen algo mucho más elemental: una alternancia política que termine con los cacicazgos y propicie condiciones democráticas para, entonces sí, definir proyectos en elecciones equitativas. Dos casos específicos han captado la atención, Oaxaca e Hidalgo, porque en estos estados hay más posibilidad de materializar algún acuerdo. Aquellas entidades han sido gobernadas por el PRI desde que éste existe, en sus distintas denominaciones. Esa concentración del poder e impunidad ha generado corrupción, desigualdad y atraso. Oaxaca es un ejemplo del tipo de control caciquil que no debería ya existir. Contra el gobierno de Ulises Ruiz se han producido movilizaciones sociales con reivindicaciones legítimas, como la lucha de los maestros para lograr mejores condiciones de enseñanza. Oaxaca es el penúltimo lugar en desarrollo humano del país según la ONU. Ante las protestas, la respuesta despótica de Ruiz fue represión, muerte y encarcelamiento. La impunidad que persiste en esta entidad nos insulta a todos. El control de ese gobernador es también electoral. Recordemos que se adjudicó la elección por un escaso margen: Ulises Ruiz fue postulado por la coalición PRI, PT, Partido Verde y obtuvo el 47.2 por ciento de la votación; Gabino Cué, impulsado por la alianza PRD, PAN, Convergencia, alcanzó el 44.6 por ciento de los votos. En ese entonces Héctor Sánchez, quien ha sido diputado federal, senador, presidente municipal de Juchitán y candidato a gobernador por el PRD, no se sumó a aquella alianza. Contendió por la gubernatura y obtuvo el 4.1 por ciento de los votos. Su apoyo, al menos numéricamente, era suficiente para que Gabino Cué ganase aquella elección. En las elecciones federales de 2006, después de las grandes movilizaciones de la APPO, el PRI perdió nueve de 11 distritos y las dos senadurías de mayoría, pero en las elecciones locales de 2007 el control caciquil volvió a ejercerse ganando los 25 distritos locales y en la de 2009 los 11 distritos federales. Carros completos en un estado donde la insurgencia ciudadana y social en contra del PRI fue manifiesta. Esto lo logró con control autoritario además de corromper a dirigentes y diputados locales de oposición. Hoy nuevamente existe la opción Gabino Cué. Un político oaxaqueño con experiencia. Ha sido presidente municipal de la capital del estado y hoy es senador por el Partido Convergencia. No es panista ni perredista, y mantiene un prestigio envidiable en su carrera política. Gabino sería un buen gobernador, que seguramente abriría caminos a la democracia oaxaqueña y haría avanzar a sus habitantes. El caso de Hidalgo guarda cierta similitud al anterior. Ocupa los últimos lugares en desarrollo del país, existe una marginación brutal y se ejerce un cacicazgo político que ha mantenido al PRI en el gobierno por más de siete décadas. Un estado donde, a pesar de la pobreza, corrupción e injusticia, los carros completos se repiten. En la última elección, el PRI se apoderó de todos los distritos electorales federales. La posible candidatura de Xóchitl Gálvez en Hidalgo abre una gran expectativa. Si bien es cierto que Xóchitl fue funcionaria del gobierno foxista, no milita en ningún partido y no se le puede regatear su personalidad ni la dedicación que ha demostrado en su vida pública y privada. El PRD cuenta con candidatos propios, en particular con el senador José Guadarrama y el PAN a su vez tiene candidatos internos, pero la opción de Xóchitl puede despertar un impulso social que ninguno de los partidos de oposición estatal por sí mismo podría lograr. No es esta la primera ocasión en la que se discuten alianzas electorales entre el PAN y el PRD. Recordemos la elección presidencial de 2000. Hubo incluso pláticas entre los equipos de Fox y el ingeniero Cárdenas con miras a garantizar la alternancia en el poder. Aquello no se cristalizó por varias razones. Una en particular era el método de seleccionar al candidato. El equipo foxista quería una encuesta, y el del ingeniero Cárdenas una votación primaria. Las alianzas que hoy se discuten no son ideológicas, son más bien estratégicas. Tienen un objetivo concreto: eliminar los cacicazgos de violencia y corrupción y con ello el dique que contiene el desarrollo en esos estados. Tal vez esa posibilidad, que representa una esperanza para los habitantes de esos estados, es para Peña Nieto y Beltrones motivo de colérica alarma. Reforma |






