Estados Unidos y la existencia electoral de los migrantes
Mauricio Farah Gebara
Como todos los políticos del mundo, los estadounidenses hacen cuentas. Analizan, por ejemplo, la composición, tamaño e influencia de los diferentes credos religiosos. A los evangélicos, hay que hablarles como evangélicos, a los luteranos como luteranos, a los metodistas como metodistas, a los católicos como católicos. De reunión en reunión, de discurso en discurso, hay que parecer el idóneo para todos.
Reflexionan, otro ejemplo, sobre la importancia de los llamados "millennials", es decir, los jóvenes de entre 18 y 29 años. Es imposible no tomar en cuenta a este grupo de la población a la hora de trazar estrategia y discurso, pues uno de cada cuatro votantes pertenece a este rango de edad. Hay que hablarles a los jóvenes, que en 2008 fueron obamistas y que ahora no se sabe si volverán a serlo.
El análisis de los partidos incluye oportunidades y amenazas, desde luego. A los republicanos les viene bien lo mal que está la economía, y a los demócratas les urge hablar de igualdad, primero para correr un velo sobre la economía, y segundo para contrastarse con los republicanos, que parecen no manejar adecuadamente eso de la cuestión social.
El amplio análisis incluye, claro está, a los migrantes. De pronto importan. Se ven, se cuentan. Se calcula la dimensión de su voto. ¿Deciden o no deciden? ¿Qué quieren oír?
El presidente Barack Obama los oyó hace cuatro años y les dijo lo que deseaban oír: lograría la reforma migratoria. Y lo haría en el primer año de gobierno.
Por eso, quizá, obtuvo el 66 por ciento de los votos hispanos, en tanto que John McCain se llevaba el 32 por ciento.
Pero la reforma migratoria no llegó. Distrajeron a Obama temas más urgentes, como el desplome de la economía y las guerras y sus secuelas en Afganistán e Irak. Y cuando llegó a mencionar algo de la reforma migratoria se encontró con la oposición de los republicanos: nada de eso, hasta tener una frontera cien por ciento segura. Nada de regularización ni de programas para trabajadores huéspedes.
Los republicanos saturaron los congresos locales de iniciativas antiinmigrantes, orientadas en su mayoría a estrechar el cerco: no acceso a servicios asistenciales, a programas de salud, a la educación superior; facultades a las policías locales para verificar el estatus migratorio de las personas; detenciones de personas por "sospecha razonable" de ser indocumentados; multas a empleadores y a propietarios de inmuebles que hagan tratos con migrantes irregulares…
Lentamente se acercan las elecciones y el discurso se enciende o se matiza, de acuerdo con la estrategia de cada quien.
En tanto que Obama es candidato de los demócratas desde ahora, los precandidatos republicanos se pasean por todo el país. Rick Santorum, MittRomney y Ron Paul se disputan la candidatura. El que la obtenga, será formalmente candidato en agosto. Obama tiene, pues, tres discursos para seguir y analizar. Y eventualmente para responder.
Los precandidatos republicanos han mostrado en mayor o menor medida su posición antiinmigrante. A Obama le queda poco por decir: podrá repetir su promesa de reforma migratoria comprensiva, pero promesa reeditada, luego de su incumplimiento, es promesa desgastada. Tendrá que explicar por qué no logró lo que aseguró y, además, porque durante sus tres años de gobierno se han incrementado notoriamente las deportaciones.
El que podría apelar al voto latino está en desventaja. Los que pueden, los republicanos, parecen no querer. A menos que su estrategia cambie, especialmente debido a que hay estados en los que el voto hispano tiene peso propio. Por ejemplo en Nuevo México, donde 46 por ciento de la población es hispana; en Nevada, 26 por ciento; en Florida, 22; en Colorado, 20. Estos cuatro estados forman parte del grupo de los 12 estados "oscilantes", es decir, aquellos que no son demócratas ni republicanos, estados cuyos electores deciden según los vientos de cada jornada electoral.
Esa condición de oscilantes los hace determinantes. Allí puede estar la clave para ganar.
Por eso los migrantes hoy importan, aunque luego sean relegados.
Es previsible que los republicanos maticen su decir respecto de la migración y los migrantes, a quienes han acosado eficazmente, al grado de que los flujos migratorios se han reducido, en lo que también ha influido, desde luego, la crisis económica y el desempleo.
Desde hace un par de décadas, la migración, desde una perspectiva comprensiva, ha sido tema electoral, pero de allí no ha pasado. La fórmula del "discurso bueno" se ha pulverizado. Quién sabe qué deba ocurrir para que la población hispana, que constituye el 16 por ciento de la población, crea de nueva cuenta en las ofertas de campaña.
Imposible pensar por los migrantes, pero quizá estén cansados de tener cíclica existencia, una existencia electoral, cuando candidatos y partidos voltean a verlos y en sus rostros cuentan votos. La vida cotidiana no corresponde a lo que se les promete cada cuatro años. Faltan diez meses. Poco y mucho. Habrá que ver qué dicen los políticos y a habrá que ver que resuelven los migrantes.
Por lo pronto, hay que decirlo, fastidia el lucro electoral.
La Silla Rota
07/01/2012
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