La generación de los periodistas de la guerra Ciro Gómez Leyva Memorable será la manifestación de periodistas del sábado. Especialmente por el sentimiento de pertenencia que mostraron los participantes para encarar una amenaza medible, tocable: un poder que mata y desaparece compañeros según sus planes, apetitos, estados de ánimo. Imposible no estar de acuerdo con su demanda esencial: alto a la impunidad en torno de los asesinatos, secuestros, desapariciones y amenazas a periodistas y trabajadores de los medios de comunicación. O con el espíritu que congregó a reporteros y redactores: “Porque los queremos vivos”, en alusión, no sólo a los 63 compañeros muertos y 12 desaparecidos, sino, estoy seguro, a los que ya se agrupan para revivir cautelosamente al periodismo en Reynosa, Nuevo Laredo, Gómez Palacio; para evitar que termine de sucumbir en Juárez, Hermosillo, Torreón; para custodiarlo en Tijuana y Culiacán; para tender un cerco contra los criminales en Monterrey; para mantener razonablemente a salvo a la Ciudad de México y Guadalajara. Memorable porque, creo, fue también el primer acto pleno de una generación emergente (las fotos e imágenes estaban dominadas por periodistas de menos de 40 años), desprendida de los clichés y taras de las anteriores, y ansiosa por dotarse de identidad en medio de una guerra. Ellos no son los que se batieron contra la censura gubernamental, tampoco los que tuvieron que abrirse paso en la feroz (y nada solidaria) etapa de la competencia en la llamada transición. Son la generación de la guerra. Corresponsales en tierra propia. No tengo duda de que sabrán encontrar la forma de enfrentar los desafíos de su época. Qué privilegio poder caminar todavía unos años con esas caras, esas voces del sábado. Milenio |





