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Las sombras de Succar

Por Julián Andrade

Cualquier día todos terminaremos en la cárcel. El delito de injurias y su tipificación son tan amplios que cualquier periodista puede ser condenado por decir la verdad.
El problema viene de una legislación anticuada en la que se castiga el daño causado más allá de la veracidad de los hechos.
No importa la veracidad de lo narrado sino el impacto que pudo tener en la vida de algún personaje agraviado.

Por eso Lydia Cacho tendrá que enfrentar un proceso penal en su contra y por el que ya se le dictó auto de formal prisión.
Las investigaciones periodísticas siempre son arriesgadas. Trabajamos, a fin de cuentas, con verdades provisionales que se tienen que ir cotejando con documentos y testimonios.
Los delitos cometidos por pederastas son quizá una de las franjas más delicadas de cualquier trabajo de investigación.
Pocos hechos delictivos son tan ruines como el de la utilización de niños y niñas con fines sexuales y de explotación.
Por todo esto, el libro de Cacho, Los Demonios en el Edén, estaba condenado a levantar tolvaneras y a pisar callos.
Detrás de las acusaciones en su contra, por las presuntas injurias en contra de Kamel Nacif, se encuentra una estrategia clara de la defensa de uno de los peores pederastas: Jean Succar Kuri.
Succar se encuentra preso en Estados Unidos en espera de que se determine su extradición a México.

La Agencia Federal de Investigación tiene un amplio expediente sobre el caso, ya que logró incautar documentos y archivos electrónicos de Succar.
En muchos de ellos se encuentran las fotografías de jovencitas a las que agredió sexualmente, como consta en diversos documentos.
Al margen de lo que determinen las autoridades, es un hecho que requerimos una legislación adecuada para el trabajo periodístico.
Se debe contar con leyes duras para la injuria y la difamación pero también con instrumentos claros para que se pueda realizar un periodismo de investigación de calidad.
Yo no sé si el señor Nacif tiene algo que ver con Succar y mucho menos si esto es un delito, pero estoy convencido que los procedimientos contra Cacho tienen más tintes de venganza que de justicia.
En México por regla general no se resuelve ningún asunto. La impunidad es casi total (alrededor de 95 por ciento de acuerdo con algunos estudios), de ahí que sorprenda la celeridad y la minuciosidad de la procuraduría poblana para consignar a la periodista.
Bastaría con ver al grado de atraso que hay en Puebla, en materia de averiguaciones previas, para ver que existió algún tipo de celeridad en la denuncia.
No quiero decir con esto que deba imperar un esquema de impunidad, pero tampoco se puede permitir que ahora la gran cruzada de las autoridades se realice contra periodistas.
Sería mejor que precedieran contra las redes criminales que explotan niños y niñas.

Ahí está el meollo de esta historia, en la crueldad que impera en un submundo donde el dinero y la perversión destruyen vidas y cancelan esperanzas.
Son las sombras de Succar y todo su poder para tratar de salir bien librado de sus propias perversiones.

 

Por Esto! de Quintana Roo
25/12/2005

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