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Lecciones de la inseguridad

Luis F. Aguilar

En la cumbre de la atención pública está la cuestión de la inseguridad. Sin embargo, es evidente el empantanamiento intelectual y político en el tema. El gobierno, los políticos, media inteligencia del país y el universo de las empresas de los medios componen numerosas variaciones sobre el tema de la inseguridad, pero todos listan más o menos las mismas causas de la inseguridad, señalan más o menos los mismos componentes del problema y las múltiples dimensiones que abarca, resaltan los mismos efectos perniciosos que la inseguridad ocasiona en la economía y la convivencia, proponen los mismos nuevos instrumentos de política: servicios de inteligencia y no sólo enfrentamiento armado, fiscalización financiera y no sólo acción policiaca, capacitación y seguimiento de los ministerios públicos y jueces y no sólo equipamiento tecnológico de punta, depuración y castigo de las policías locales cómplices y no sólo movilización de las fuerzas del gobierno federal, legalización de las drogas, política enfocada a los jóvenes, recuperación de los espacios públicos, acción diplomática frente a los países proveedores y clientes... Todo ha sido prácticamente dicho. Sin embargo, hasta este momento no sabemos de una nueva propuesta, complementaria o alternativa a la política de seguridad en curso, que incorpore selectivamente las observaciones críticas y propuestas, que se han hecho antes y durante las reuniones del Presidente y que, sobre todo, arroje nuevos resultados, más avanzados y socialmente más convincentes.

Aunque otras cuestiones sociales ya habían sonado las alarmas, la brutalidad de la cuestión de la inseguridad ha exhibido la impotencia, incompetencia e insuficiencia que el gobierno muestra en su actividad de gobernar. ¿Gobierna el gobierno? En la preocupación ciudadana y en las disciplinas que estudian al gobierno se ha vuelto central la cuestión de la capacidad y eficacia del gobernar, la averiguación sobre las causas que provocan sus fallas e incapacidades y sobre las condiciones que hacen posible un gobierno dirigente eficaz. Aunque la cuestión es central, no se la han planteado o no la toman en serio los gobernantes o los políticos, que siguen considerándose poderosos, competentes y suficientes.

La inseguridad con su insoportable crueldad nos ha obligado a mirar finalmente a la realidad nacional tal cual es, a los problemas nacionales tal como son y, en el fondo, al Estado mexicano tal como está estructurado. La inseguridad ha expuesto los límites de cada uno de los conceptos, planes de acción y creencias que construimos en las dos últimas décadas y que consideramos eran la respuesta a nuestros males: la alternancia democrática, la independencia y pluralidad del Legislativo, los gobiernos locales que harían maravillas por su cercanía a la gente, la participación responsable de la sociedad civil, la potencialidad de los mercados... La realidad es terca, ha cambiado poco, y sería patético pensar una vez más que el problema se resolverá apenas llegue otro partido o personaje al poder, sin advertir que así como están las cosas el recién llegado está también destinado a repetir la historia del gobierno impotente, incompetente e insuficiente.

Repitamos cosas sabidas. La impotencia del gobierno democrático se debe a que opera en el marco de un Estado precario de derecho, sin incentivos para aplicar y obedecer la ley, con una hacienda pública endeble y sin una burocracia en sentido propio, respetuosa de la legalidad y poseedora de un probado saber técnico especializado. El gobierno no cuenta con un aparato de "autoridad legal-racional" (Weber), por lo que está destinado a no hacer bien las cosas. La impotencia se profundiza cuando la misma clase política impide las reformas de Estado que harían posible que el gobierno adquiera capacidad directiva.

La incompetencia del gobierno se debe a las incapacidades informativas, analíticas, administrativas y políticas de los dirigentes y su equipo, que saltan a la vista cuando diseñan mal las políticas y no saben reunir los apoyos políticos y sociales básicos para aprobarlas y echarlas a andar. La incompetencia crece cuando los gobiernos se rodean de equipos partidariamente confiables, leales, pero improvisados, sin experiencia, saber técnico, habilidad administrativa, confiabilidad para los grupos sociales.

La insuficiencia del gobierno se debe a que, no obstante que posea todas las facultades y poderes para gobernar, sus recursos son limitados para la tarea de resolver los problemas sociales crónicos y construir un país civilizado (después se puede escribir próspero, equitativo, seguro). Reconocer que el poder político es necesario pero insuficiente y que requiere sumar los activos y recursos de la sociedad económica y civil (desde los cognoscitivos a los financieros) es algo que puede amargar y aun irritar a la vieja generación de políticos, pero es un clavo intelectual y político sobre el que hay que seguir machacando, pues gobernar ha sido desde siempre el arte de lograr la colaboración de la sociedad.

Reforma
25/08/2010

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