¿Está viva la Revolución Mexicana? Héctor Aguilar Camín No sé quién hizo famosa la frase de Chou en Lai (¿o Den Xiao Ping?) diciendo que era muy pronto para juzgar la importancia histórica de la Revolución francesa. La frase tiene un aire de saber milenario o lleva adentro una idea de que los ciclos importantes de la historia hay que medirlos en milenios. Es una idea poco occidental de la historia que cree más en los ciclos rápidos y cuya unidad de medida mayor suelen ser los siglos. El hecho es que cada generación hace su propio balance de la historia que tiene atrás y su mirada dice tanto del pasado como del presente. Leo en el diario de ayer muchas quejas de políticos prominentes sobre la pobreza de los festejos para conmemorar el centenario de la Revolución mexicana. Pero no leo la voz alta y clara de ninguno diciendo que él se asume como heredero pleno de esa Revolución. El presidente Calderón dedicó su discurso a la actualidad de Madero, subrayando el legado democrático. El jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, festejó en el monumento a la Revolución de la capital, pero no hubo en su discurso, ni en el de Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del general mitológico de la Revolución hecha gobierno, una vindicación del hecho histórico.
¿Está políticamente muerta la Revolución mexicana? Me atrevo a decir que quizá está demasiado viva, pero que la vida que tiene y que la representa no puede ser defendida a fondo por sus herederos. Es un legado difícil de asumir, poco pertinente para pensar con modernidad y ambición nuestro futuro. Como apunté el sábado en estas mismas páginas, ese legado incluye la fragmentación catastrófica del campo en que terminó la reforma agraria, las pirámides de improductividad laboral en que terminó el sindicalismo, la cultura de ilegalidad en que terminó la política de negociarlo todo, la plaga de corrupción e ineficiencia en que terminó el crecimiento del Estado, la colección de poderes fácticos y derechos adquiridos en que terminó el corporativismo del régimen posrrevolucionario. ("Un brindis extranjero por la Revolución mexicana", MILENIO Diario, 20/11/2010). En mi opinión, el legado de los gobiernos de la Revolución mexicana está vivito y coleando, a la manera de un elefante adulto en la sala de nuestra casa. No hay más que ignorarlo o combatirlo. Para construir una casa habitable hay que sacar al elefante de la sala. Pero nadie se atreve a sacarlo, y nadie se asume tampoco como su dueño: ni los que lo heredaron hace diez años en la casa que gobiernan, ni los que lo criaron durante los ochenta años que vivieron en ella. Milenio |





