Souvenirs Kids
Por Gloria Leticia Díaz
Elena Azaola se encuentra desilusionada ante la ausencia de una política eficaz para atender a las víctimas de explotación sexual infantil en el país y "para prevenir el problema, sobre todo porque la inversión pública no llega a los niños".
La investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), quien entre 1999 y 2000 dirigió el proyecto "Niños y niñas víctimas de explotación sexual en México", calcula en 16 mil el número de niños que son víctimas de este ilícito.
"Los menores afectados carecen de oportunidades para insertarse en la sociedad, lo que los empuja a la delincuencia y son presas de la explotación sexual; ello porque no hay en el país programas gubernamentales que les lleguen", agrega en entrevista con Proceso.
El análisis que Azaola y su equipo iniciaron hace seis años no se ha continuado, aun cuando las autoridades federales estiman que el número de víctimas asciende actualmente a 20 mil, según un informe de la Procuraduría General de la República (PGR) distribuido en la Conferencia sobre Explotación Sexual Infantil, organizado por las comisiones Especial de la Niñez, Adolescencia y Familias, de Justicia y Derechos Humanos y Equidad y Género de la Cámara de Diputados.
El documento, presentado por Pedro Peñaloza, señala que "el comercio sexual infantil, junto al tráfico de personas, es la tercera actividad ilícita más lucrativa del mundo, con ganancias de aproximadamente 12 mil millones de dólares, después de narcotráfico y la venta de armas".
En México, el problema se registra en 22 de las 32 entidades federativas, pero se concentra sobre todo en ciudades como Acapulco, Cancún, Distrito Federal, Ciudad Juárez, Guadalajara, Tapachula y Tijuana. Sin embargo, más allá de las cifras están los efectos de la explotación sexual sobre los menores afectados, y este fue el tema que Azaola abordó en la conferencia de Cancún, uno de los sitios turísticos con mayor índice de comercio sexual de menores.
Para la antropóloga y psicoanalista, los niños "padecen consecuencias a largo plazo que limitan su vida como adultos... en los sobrevivientes, los daños físicos han desaparecido, no así las huellas emocionales".
A partir de estudios recientes realizados con víctimas de explotación sexual infantil, Azaola comentó entonces que el primer daño se produce en la autoestima: "El niño o la niña sexualmente explotados llegan a la conclusión de que su único valor para los otros estriba en servirlos sexualmente y en satisfacer su necesidades. Sus propias necesidades no son importantes y sólo pueden ganar la atención de los demás a través del sexo".
Como adultos, agregó, esta baja autoestima provoca depresión y que "no logren funcionar en la vida diaria".
Las marcas dejadas por el abuso los llevará a revivir sus experiencias como adultos, por lo que buscarán "relaciones abusivas, degradantes y basadas en el sexo como una mercancía a intercambiar".
Y esto, dijo, los pondrá en "riesgo de volverse a involucrar en la industria sexual", debido a que "las víctimas piensan a menudo que no tienen otras alternativas".
Para sobrellevar estas secuelas aprenderán por ejemplo a "acostumbrarse a satisfacer los deseos de los otros, autoinfligirse daños, generar lazos de dependencia, actitudes de pasividad, desarrollo de adicciones y el uso continuo de mecanismos de denegación, disociación y distanciamiento", puntualizó la investigadora.
Como adultos, quienes fueron víctimas de explotación sexual son incapaces de relacionarse sana y equilibradamente con los otros, pierden confianza, capacidad para solucionar problemas -ya que sólo utilizan sus "habilidades sexuales" - y la facilidad para comunicarse, porque siendo niños se les prohibió hablar o "se les impuso guardar el secreto de todo lo que ocurría a su alrededor".
En suma, señaló en su ponencia Azaola, "los niños explotados se hallan en riesgo de adquirir casi cualquier trastorno que uno pueda encontrar en un manual psiquiátrico. El tratamiento será mucho más difícil para quienes continúan en el comercio sexual. El desenlace más probable será el del continuo agravamiento de sus problemas, con pocas salidas para reducir los daños o para que éstos remitan de manera espontánea".
En conversación telefónica, la investigadora reconoce que ha habido esfuerzos de parte de dependencias gubernamentales y organismos nacionales e internacionales para enfrentar el problema, pero éstos, dice, no alcanzan a consolidar una idea "práctica para combatir los delitos que lleva asociada la explotación sexual".
Pese a que reiteradamente se habla de cambios legislativos en las entidades, dice, no se llega a acuerdos, y lo peor es que las inversiones públicas "no llegan a los niños, mientras vemos el despliegue de campañas de prevención en medios de comunicación, que supongo deben ser costosísimas".
Durante la conferencia en Cancún, se exhibió el documental Souvenir Kids, dirigido por el colombiano nacionalizado canadiense Diego Briceño Orduz (Proceso 1301).
Este trabajo, cuya proyección oficial en Canadá se efectuará a finales del año, comenzó a rodarse en junio de 2003 en Acapulco, luego de que fueran detenidos nueve estadunidenses, tres canadienses y cinco mexicanos acusados de formar parte de una red de prostitución y pornografía infantil.
Para realizar el documental, Briceño y su equipo recorrieron las calles del puerto para conocer la vida de menores que son objeto de comercio sexual y visitaron tribunales para darle seguimiento al caso de los presuntos pedófilos detenidos, la mayoría de ellos en libertad actualmente.
Los protagonistas del documental siguen la conducta descrita por Azaola: son menores sin oportunidades que irremediablemente vuelven a las calles para revivir, una y otra vez, los hechos de los que son víctimas, ante la indiferencia de las autoridades.
El documental, de una hora y 27 minutos de duración, "muestra las flaquezas del sistema policial y judicial, la impotencia de los sistemas de protección a los niños y el grado de injusticia que revela este caso en particular", señala Briceño Orduz vía internet.
El objetivo del cineasta al mostrar su documental en México fue "sensibilizar a los 'hacedores de leyes' para que tengan un ejemplo concreto de lo que sucede cuando el sistema no funciona y para que hagan algo".
Una de las organizadoras de la conferencia de Cancún, la legisladora federal perredista Angélica de la Peña Gómez, presidenta de la Comisión Especial de Niñez, Adolescencia y Familias de la Cámara de Diputados, declaró que el flagelo de la explotación sexual infantil aumenta en México porque "no hay una determinación desde el Estado para incidir en la definición de recursos económicos que avalen programas de gobierno para contrarrestar esta violencia, para buscar prevenirla, erradicarla y castigarla severamente, ha sido una respuesta nimia".
En entrevista, destaca que a pesar de las reformas que desde la Cámara de Diputados se han hecho al Código Penal Federal para incluir sanciones más severas contra quienes afecten el libre desarrollo de la personalidad en menores de 18 años, la mayor parte de los códigos estatales permanece sin cambios, además de que hay inconsistencias en la aplicación de programas sociales y de protección a la niñez en los tres ámbitos de gobierno, así como falta de jueces especializados.
Revista Proceso
Número 1508
26/09/2005
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