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La de Cabañas: una sucia investigación

Gloria Leticia Díaz

Errática, llena de contradicciones, la investigación en torno del atentado que sufrió el futbolista Salvador Cabañas el lunes 25 no sólo exhibe la incapacidad de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, sino el avasallamiento de los medios de comunicación electrónicos, que convierten una tragedia en espectáculo mediático. En este caso, la corrupción de las autoridades y la incontinencia de los medios van de la mano.

El atentado contra Salvador Cabañas en el Bar-Bar la madrugada del lunes 25 mostró la falta de eficacia del gobierno de Marcelo Ebrard y su procurador, Miguel Mancera Espinosa, para controlar a los medios de comunicación, en particular a las televisoras, y preservar el sigilo que la investigación judicial del caso debe guardar.

Desde ese día, las oficinas centrales de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) en la colonia Doctores y las de la agencia del Ministerio Público de la delegación Álvaro Obregón, así como las inmediaciones del antro donde ocurrió la agresión, están vigiladas todo el tiempo por unidades móviles de transmisión y cámaras de televisión de Televisa y TV Azteca.

No pierden detalle de lo que sucede. Cualquier movimiento en las oficinas públicas o en el local moviliza a camarógrafos y reporteros en busca de la primicia.

Ante el acoso de los medios y las presiones de la embajada de Paraguay, que permanentemente pide información sobre el estado de salud del jugador de las Águilas, la procuraduría capitalina se limita a revelar los datos de la averiguación previa. Hasta la madrugada del sábado 30 no se había localizado a los presuntos responsables del atentado, aun cuando desde el principio se dijo que habían sido José Jorge Balderas Garza, alias el JJ, el autor material, y su escolta, a quien las autoridades identificaron como El Paco o El Contador.

La dependencia de Mancera Espinosa ha mostrado debilidad ante los propietarios del Bar-Bar, los hermanos Ramón y Simón Charaf, quienes no rindieron su declaración sino hasta el viernes 29, cuatro días después de que Cabañas recibió el balazo que lo mantiene postrado.

Además, la procuraduría no sólo se ha supeditado a los criterios noticiosos del consorcio de Emilio Azcárraga Jean, empecinado en insertar cortes informativos en sus programas de mayor rating, sino que ha filtrado datos equívocos a varios diarios, como el del martes 26, cuando afirmó que El Paco era Eduardo García Alanís. Horas después se supo que García Alanís se encuentra preso en el reclusorio Oriente de la Ciudad de México.

Las conferencias de prensa y entrevistas de los funcionarios de la dependencia también han resultado fallidas. Entre el lunes 25 y el martes 26, por ejemplo, el procurador Mancera concedió 60 entrevistas, según el director de Comunicación Social, René Hernández, mientras que el subprocurador de Averiguaciones Previas Desconcentradas, Luis Genaro Vásquez Rodríguez, asegura que la mayoría de sus intervenciones ha sido con representantes de medios extranjeros.

“Ante un tema que concentra la atención de los medios de comunicación, decidimos actuar con absoluta transparencia”, justifica Vásquez Rodríguez.

En los primeros dos días de investigaciones el hambre de los medios fue medianamente saciada con dos conferencias por día.

El lunes 25, luego de que personal del Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas (ERUM) de la delegación Álvaro Obregón recibió la llamada de emergencia, alrededor de las 5:30 de la mañana, agentes de Seguridad Pública se dirigieron al Bar-Bar, pero empleados del antro les impidieron el acceso.

No fue sino hasta las 10 de la mañana cuando agentes de la PGJDF ingresaron al local, una vez que el subprocurador Vásquez Rodríguez se comunicó con Ramón Charaf para pedirle su autorización. El empresario argumentó que los empleados no abrieron a los uniformados porque estaban “asustados”, y envió a un representante administrativo para abrir el negocio.

“Cuando ingresamos había un fuerte olor a cloro, lo que quiere decir que habían lavado el baño y las alfombras; no había una sola mancha hemática –afirma el funcionario–. El escenario estaba totalmente manipulado, totalmente contaminado, no había preservación de indicios.”

–¿Por qué no ingresaron por la fuerza para evitar que se borraran evidencias? –se le pregunta.

–Tratándose de delitos del fuero común, no puedo ingresar a una propiedad privada sin orden de cateo. Era más fácil pedirle a la empresa que nos permitieran entrar. Así pudimos localizar las cámaras y pedir que nos abrieran el cubículo donde se encontraban.

La noche de ese lunes 25, en el noticiario estelar de Televisa, conducido por Joaquín López Dóriga, Mancera mostró secuencias de los videos tomados por las cámaras de seguridad del Bar-Bar instaladas fuera de los baños, en la pista de baile y en la entrada del local.

Con esa información, la PGJDF pudo establecer que el disparo que tiene en vilo a Salvador Cabañas ocurrió a las 5:18. También, que el presunto autor material del atentado llegó al sanitario cuatro minutos antes de que entrara el jugador, y que en la entrada de los baños el guardaespaldas dialogaba con una mujer. Los encargados de seguridad no hicieron nada por detenerlos.

Filtraciones dañinas

El martes 26, la procuraduría capitalina filtró al periódico Reforma parte de la declaración de la esposa de Cabañas, María Alonso Mena, quien señaló que los guardias de seguridad del bar intentaron distraerla y después le impidieron el paso al sanitario donde yacía herido su cónyuge.

De acuerdo con los documentos consultados por Proceso, la pareja y Amancio Rojas Fernández, cuñado del jugador, llegaron al antro alrededor de la 1:30 de la mañana del lunes 25. Los meseros que los atendieron les dieron una mesa cerca de la salida y le llevaron una botella de whisky, agua y refrescos de cola.

Cuatro horas después, María Alonso le pidió a su marido que la acompañara al baño. Cuando ella estaba lavándose las manos escuchó un ruido “como de disparo de un arma de fuego”. Dice que al intentar salir del baño la señora que proporciona el papel higiénico y la fotógrafa del lugar se lo impedían, por lo que las empujó.

El documento de la PGJDF indica que María Alonso “le preguntó a un elemento de seguridad por su esposo, a lo que éste le contestó que ya se había salido, que había pedido su carro”. Luego, añade, bajó y le preguntó a Amancio por su esposo, pero él le respondió que no lo había visto.

Entonces, agrega, volvió a subir a los baños. Forcejeó “con los elementos de seguridad que en todo momento le impidieron el paso”. Poco después, cuando llegaron los paramédicos, logró entrar y observó que su esposo se encontraba tirado en el piso del baño y que sangraba abundantemente.

En su declaración, María Alonso relató que entre las dos y las tres de la madrugada llegaron al bar tres chicas vestidas “en forma llamativa” que bailaron de manera muy sensual y sugestiva. Iban solas.

Sin embargo, esta versión no coincide con la del video de las cámaras de seguridad de la entrada y del vestíbulo del local difundido por la PGJDF el jueves 28 por la noche. Según ese video, Cabañas y su familia llegaron a las puertas del Bar-Bar a la 01:27:47; detrás de ellos, a la 01:28:10, aparecen El JJ y El Contador, y minutos más tarde, a las 01:34:50, aparecen las tres mujeres, identificadas como Diana Hernández Díaz, Ismary Carballo Maset y Anays Bárbara Leyva López, todas de nacionalidad cubana.

En la información difundida por la dependencia, se observa que, con excepción de El JJ y El Contador, quienes fueron recibidos con abrazos por los empleados de seguridad, los demás clientes fueron revisados.

Secuencias de este video fueron filtradas al diario Récord, que las publicó en su edición del jueves 28. Los editores tuvieron las imágenes por lo menos 24 horas antes de que la procuraduría las difundiera de manera oficial.

En su testimonio, María Alonso también aseguró que en el local había cerca de 50 personas. Y mientras Diana Hernández bailaba en la diminuta pista, su concuño Amancio “trató” de grabar con su celular a la cubana, pero ésta le pidió que no lo hiciera.

No obstante, en su declaración ministerial, filtrada por la procuraduría al diario Reforma el miércoles 27, Hernández aseguró que Amancio Rojas le dio su número celular y la invitó a presenciar el próximo partido del América en el Azteca.

A partir de esa versión, la PGJDF manejó la hipótesis de que el móvil de la agresión al futbolista pudo haber sido por un “lío de faldas”. Sin embargo, Javier Ibarra Coronel, encargado del baño de hombres, quien al principio declaró que no había oído ninguna discusión, terminó por afirmar que sí oyó el intercambio de palabras entre Cabañas y su agresor.

La versión de “La Chiva”

El jueves 28, Reforma y Récord difundieron la segunda declaración ministerial de Ibarra Coronel, según la cual El JJ le reclamó a Cabañas su actuación como futbolista. Fue entonces cuando Balderas Garza sacó una pistola escuadra que llevaba entre sus ropas y la puso en la frente del goleador.

“Tírale, tírale si tienes muchos huevos”, retó Cabañas. Y Balderas disparó, según Ibarra Coronel.

La mañana del martes 26, el procurador Miguel Mancera Espinosa identificó a los presuntos responsables. Pero en la noche, la exmodelo Silvia Irabién, La Chiva, llamó al noticiario de Adela Micha para decirle que ella había sostenido una relación sentimental con Jorge Balderas, el hombre al que la PGJDF identifica como el agresor de Salvador Cabañas.

Incluso explicó que procreó una hija con él, pero aclaró que ella lo conoció con otro nombre, que en ese momento se reservó.

Al día siguiente, la PGJDF organizó una conferencia de prensa para que, antes de que rindiera voluntariamente su declaración ministerial, La Chiva expusiera ante los reporteros la forma en que conoció a El JJ. Tuvo que trasladarse de Yucatán, donde reside, a las oficinas de la PGJDF en la Ciudad de México.

Con la declaración de Irabién, apunta Vásquez Rodríguez, la procuraduría confirmó que el presunto autor material del atentado contra Cabañas era cliente consentido del Bar-Bar, pese a que el gerente, Carlos Fernando Cazares Ocaña, insiste en que no lo conoce.

El jueves 28, personal de la PGJDF ingresó a una casa ubicada en Tecamachalco, municipio de Huixquilucan, en el Estado de México, donde residía el presunto agresor. Ahí, según la dependencia, se encontraron algunos documentos de Balderas.

Horas más tarde, la procuraduría organizó una conferencia de prensa y, ante reclamos de los reporteros que insistían en conocer pormenores de las investigaciones, el subprocurador Vásquez Rodríguez declaró: “Cualquier filtración está desautorizada, es indebida, y si se encuentra responsabilidad de un servidor público que confirmemos que indebidamente lo filtró, se actuará en consecuencia conforme a nuestro régimen de responsabilidades”.

Aun así, el viernes 29 hubo nuevas filtraciones. Los diarios Reforma y La Jornada publicaron una versión atribuida a “fuentes policiacas”, en la que se asegura que El JJ está relacionado con el crimen organizado. Reforma destacó que Balderas Garza estaba al servicio del capo Édgar Valdez Villarreal, La Barbie, en el trasiego de cocaína en el Distrito Federal y en Morelos.

Y por la noche, en el noticiario estelar de Televisa, el que conduce Joaquín López Dóriga, se informó que El JJ utilizaba seis identidades, que tenía tres pasaportes y que era dueño de cinco propiedades en Querétaro, Distrito Federal y el Estado de México.

La cueva siniestra

El escándalo mediático generado por el atentado contra el futbolista Salvador Cabañas sacó a la luz que el Bar-Bar, que opera desde hace 25 años, es refugio de personajes de la farándula y los deportes.

Ubicado en el número 1860 de la avenida Insurgentes, en la colonia Florida, al sur de la Ciudad de México, el Bar-Bar luce descuidado. Su fachada simula una cueva y sus paredes están tapizadas con material que asemeja rocas de las que salen lianas; en su interior, las alfombras estan viejas y raídas; la tapicería del mobiliario, imitación de piel de leopardo, está desgastada, y las lámparas están llenas de quemaduras de cigarro.

El menú que ofrecía a sus clientes era ordinario: pepitos, aceitunas, tacos, papas a la francesa, entremeses de quesos, nachos y sincronizadas. Durante los últimos cinco años los inspectores de la delegación Álvaro Obregón renovaron el permiso a sus propietarios sin hacer ninguna verificación.

El subprocurador Vásquez Rodríguez admite que en torno al Bar-Bar “hay muchos mitos urbanos” que refieren que en el antro se vendían drogas y que era un centro de prostitución.

“No tenemos indicios ni antecedentes de que ahí se vendiera droga: no sé si la PGR y la SIEDO (Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada) lo tengan identificado como centro de distribución de estupefacientes. No lo he consultado con ellos”, dice.

Respecto de la prostitución, el funcionario comenta que “los domingos se conoce como el día de las teiboleras. Ese día, todas las chicas que trabajan en bares para caballeros solían acudir al Bar-Bar por la noche a divertirse, pero también iban a conectar clientes”.

Hasta el miércoles 27, la PGJDF no seguía ninguna línea de investigación que vinculara la agresión a Cabañas con drogas, prostitución o apuestas. “No hay testimonios que lo señalen”, sostiene el subprocurador. Vásquez Rodríguez.

Proceso
01/02/2010

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