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Welcome to Baja

Rodrigo Vera

Una maniobra legislativa del salinismo ocasionó que, en violación del artículo 27 constitucional, 2 mil 200 kilómetros de litorales de la Península de Baja California hayan sido “privatizadas”. Aunque entre los “dueños” de las playas y del mar figuran magnates mexicanos, el actual gobernador “ejidatario” de Baja California Sur y una empresa gallega “accionista de Repsol”, 90% de las firmas constructoras de desarrollos inmobiliarios y turísticos son estadunidenses. Ellas no sólo están alterando gravemente la composición poblacional y la estructura urbana de la región –cinturones de miseria de inmigrantes que utilizan como albañiles o como servidumbre–, sino que reemplazan la toponimia tradicional por denominaciones en inglés…

LA PAZ, BCS.- Don José Zárate se limpia el sudor del cuello con un paliacate rojo, da un trago a su cerveza Pacífico y se recarga en su abollada camioneta, estacionada en la calle que cruza la polvosa comunidad costera de San Juan de Los Planes. Ya con la garganta fresca, comenta el viejo pescador:

“Poco a poco, los gringos se están adueñando de nuestras playas. Ponen sus guardias privados y sus cercas de alambre para bloquearnos el paso. Hasta con satélite vigilan que nadie entre a sus costas. Nos están quitando el mar.”

Apunta hacia la ardiente carretera que sale de Los Planes, corre entre los cactus arenosos y desemboca en el fulgor azul del Mar de Cortés.

“Mire, ahí queda Ensenada de Muertos, una bahía muy bonita adonde antes íbamos a bañarnos con la familia. También están las playas de Punta Arena. Ahora ya no podemos pasar porque los gringos están construyendo centros turísticos a todo lujo, sólo para ellos. Hasta les ponen nombres en inglés.”

–¿Y dónde pescan ustedes?

–Donde se pueda. Pero estamos dejando de vivir de la pesca. Ahora la gente se emplea en la construcción y en los servicios que por todos lados están creando los gabachos. Ellos ponen el dinero y nosotros las playas y la mano de obra.

Bay of Dreams es el nombre que los desarrolladores le pusieron ahora a Ensenada de Muertos. Este complejo turístico de superlujo –a unos 50 kilómetros al sur de la ciudad de La Paz, que contará con marina y campo de golf– se promociona sobre todo en Estados Unidos.

De la carretera se desprenden los caminos de acceso a las playas, bloqueados muchos de ellos por alambradas de púas, plumas metálicas y guardias de seguridad uniformados. Hay letreros que advierten en español: “Vigilancia satelital y video. Propiedad privada”.

En la cima de un monte opera el hotel Punta Arena, y abajo, a la orilla de la bahía, los huéspedes extranjeros, amantes de la pesca deportiva, toman plácidamente la sombra bajo una enorme palapa con bar y restaurante que anuncia en su entrada: The giggling marling beach club at the bay of dreams. Los yates se mecen en las aguas. En sus toldos, los pelícanos dormitan bajo el sol.

A lo lejos se distinguen los peones, trascabos y camiones de volteo que participan en la construcción de las modernas villas de Bay of Dreams, que ya se venden en cientos de miles de dólares y se publicitan en internet o en folletos con profusión de imágenes paradisiacas.

–¡Váyanse! Por aquí no se puede pasar. ¡Esto es propiedad privada! –grita el vigilante de una pluma metálica que impide el paso, forrada con largos y filosos picos.

El guardia se comunica por radio a alguna parte. De inmediato se dejan venir varias personas montadas en cuatrimotos. Rondan haciendo círculos de polvo, observan con prismáticos, intimidan.

Estas escenas se repiten en varios puntos de toda la zona costera de la Península de Baja California. Por el océano Pacífico, de Ensenada a la región de Los Cabos; y por el Mar de Cortés, de San Felipe a Los Cabos nuevamente. En total son 2 mil 200 kilómetros de litorales los que paulatinamente han ido quedando en manos de compañías inmobiliarias estadunidenses.

Las concesiones

María Luisa Cabral Bowling, investigadora de la Universidad Autónoma de Baja California Sur y especialista en el tema, advierte con preocupación:

“Son estadunidenses más de 90% de las empresas inmobiliarias que se están quedando con las costas de la península. Hay una que otra canadiense, mexicana o española.

“Estas empresas compran a precios muy bajos los terrenos. Luego los fraccionan y, a precios exorbitantes, venden lotes a los propios particulares estadunidenses, pues son los únicos que pueden pagarlos y fincar lujosas residencias aisladas a orillas del mar, o vivir en los llamados resorts o clubes de playa.”

Indica que en las costas de la parte norte de la península de Baja California –“llamadas en Estados Unidos San Diego South”–, los estadunidenses construyen residencias para pasar los fines de semana, pues debido a la cercanía con la frontera pueden regresar entre semana a sus lugares de origen. En cambio, en Baja California Sur suelen residir personas jubiladas por etapas prolongadas, o quedarse de plano a vivir. Es el caso de Todos Santos, un pueblo de inmigrantes de Estados Unidos.

Agrega la investigadora:

“Hay una verdadera avalancha de estadunidenses que ya viven en la región, sin que nuestras autoridades migratorias tengan ningún control, puesto que los extranjeros no necesitan papeles de residencia para comprar propiedades y quedarse a vivir. Es más, a veces ni siquiera se les pide permisos de turista. Entran y salen libremente.”

–Pero, legalmente, los extranjeros no pueden adquirir terrenos costeros…

–Sí, sí. Lo marca el artículo 27 constitucional. Por cuestiones de soberanía, estipula que los extranjeros no pueden comprar terrenos a 50 kilómetros de la costa y a 100 kilómetros de la frontera. La experiencia de nuestra guerra con Estados Unidos, en 1848, cuando perdimos más de la mitad de nuestro territorio, fue clave para poner esta prohibición.

–¿Qué mecanismos utilizan para poder comprar?

–Principalmente se valen de la concesión. Es el recurso más común a raíz de la Ley de Inversión Extranjera, de 1989, que permitió domiciliarse en el país a empresas con 100% de capital extranjero. Así, las firmas estadunidenses, como personas morales, obtienen concesiones de playa por 30 años, que luego pueden renovar cuantas veces quieran. Hemos comprobado que 75% de ellas no tienen su domicilio aquí. Son realmente empresas fantasma que se apropian de vastos terrenos ejidales.

“Por desgracia, la pobreza en muchos ejidos provoca que, por unos cuantos pesos, entreguen sus tierras a esas compañías, que luego especulan y hacen grandes negocios con los terrenos. Las apoya toda una red de notarios públicos, corredores de bienes raíces y políticos locales que se enriquecen con el boom inmobiliario.

“Mire, el anterior y el actual gobierno de Baja California Sur han sido de izquierda, encabezados por gobernadores del PRD, dizque muy nacionalistas. Pero entregaron y siguen entregando nuestro territorio a los estadunidenses. Propician la especulación de una manera brutal.”

El caso más ilustrativo, dice, es el del anterior gobernador, Leonel Cota Montaño, dirigente nacional del PRD, quien, entre otras cosas, “vendió” la pequeña península de El Mogote, situada frente a la ciudad de La Paz, a sólo 17 pesos el metro cuadrado. A los compradores les encantó el precio prácticamente de regalo, pero les pareció espantoso el nombre de esa península, por lo que ya la bautizaron como Paradaise of the sea.

Continúa María Luisa Cabral: “Paradaise of the sea resultó ser un negocio redondo. Es una ciudad autónoma que se está construyendo frente a La Paz, obviamente para puro gringo. Pueden verse, en obra negra, sus altos edificios de departamentos, muchos de ellos ya vendidos en 670 mil dólares cada uno, por la compañía hipotecaria estadunidense Colateral International”.

–¿No se está reflejando aquí la actual crisis hipotecaria de Estados Unidos?

–Lo que aquí vemos es pura bonanza inmobiliaria. Tengo una hipótesis: Con la acelerada privatización de las playas de la península de Baja California, que tienen una altísima plusvalía, se está contrarrestando un poco la crisis inmobiliaria de Estados Unidos.

Señala que la zona de Los Cabos –el corredor turístico que conecta a Cabo San Lucas con San José del Cabo– se urbaniza a pasos agigantados: aumentan los hoteles de superlujo, los conjuntos residenciales para extranjeros, los vuelos internacionales, los exclusivos clubes de playa… pero también los cinturones de miseria a los que arriban los peones de la construcción, jardineros, meseros y demás mozos que son atraídos por la bonanza.

“En el municipio de Los Cabos, en sólo tres meses surgen colonias de miles de habitantes que viven hacinados y sin servicios básicos; llegan principalmente de Guerrero, Chiapas y Veracruz. Su explosión demográfica es apabullante, de 300% anual, muy superior a la que tiene la zona turística de Cancún. Pero Los Cabos es un municipio pobre, pues las ganancias son para las empresas”, dice la investigadora.

Gobernador ejidatario

Tulio Ortiz, director de la revista local La Tijereta, indica que son alrededor de 60 empresas estadunidenses las que controlan el mercado inmobiliario en la península, entre las cuales destacan: Linda Neil Properties, Cabo Realty, Land’s and Realty, Grimes Properties, Baja Peninsula Real Estate, Rionda & Knapp, Costa Realty, entre otras.

Agrega que algunos empresarios mexicanos, como Miguel Alemán Magnani, la familia Arango, Eduardo Sánchez Navarro –hijo de Juan Sánchez Navarro– y el empresario de la región Luis Cano Hernández también están invirtiendo en el ramo, pero muy lejos de poder competir con los estadunidenses, al grado de que en ocasiones prefieren tener nexos –poco claros, por cierto– con estos últimos.

Alemán Magnani no ha podido construir un desarrollo inmobiliario en Playa Balandra –que contará con campo de golf, hotel y condominios– debido a que es un área natural protegida. Hay un litigio de por medio.

Sánchez Navarro ya tiene su proyecto Puerto Paraíso, un exclusivo club de playa en San José del Cabo. Mientras que la familia Arango, con Manuel Arango a la cabeza, maneja el proyecto Costa Baja, en la zona de La Paz. Y Cano Hernández –se dice que asociado con estadunidenses– es quien da la cara en el megaproyecto Paradaise of the sea, igualmente impugnado por los daños ecológicos que provocará.

Añade Tulio Ortiz: “Los inversionistas españoles acaban de aparecer, a través de la empresa gallega Grupo Fadesa, accionista de Repsol, que planea invertir 4 mil millones de euros en un proyecto inmobiliario que construirá en terrenos del ejido San Bruno, al norte de Loreto”.

–¿Existen cifras sobre la apropiación de tierras ejidales?

–Bueno, aquí en Baja California Sur hay 100 ejidos, de los cuales 90 están en el Programa de Certificación de Derechos Ejidales (Procede), y su flujo de venta a particulares está por encima de la media nacional, según datos oficiales. Es muy común que, para encubrir actos de compraventa, inversionistas y políticos aparezcan como ejidatarios.

Relata el caso del ejido La Purísima, situado al sur de Santa Rosalía y cuyas miles de hectáreas abarcan playas magníficas en ambas costas que despiertan la codicia de los voraces desarrolladores. Narciso Agúndez Montaño, actual gobernador perredista, resultó ser ejidatario de La Purísima. Lo mismo su secretario de Turismo, Alberto Treviño, y una hermana de éste, Alejandra. También el inversionista Luis Cano Hernández y Cristina Rodríguez, nieta del expresidente Abelardo L. Rodríguez, quien era oriundo de Sonora. Hasta personas con apellidos extranjeros aparecían como ejidatarios, entre ellos Dillon Snel, Alberto Esses Dayan y Tracy Parr, este último hijo de uno de los primeros especuladores de la zona, William Parr.

Comunidades enteras de pescadores padecen igualmente estos embates político-empresariales. Filiberto Beltrán, representante de la Cooperativa Pesquera Puerto San Carlos, en Bahía Magdalena, cuenta su caso:

“Al gobernador Agúndez de pronto le dio por venir a visitarnos con frecuencia. Llegaba en helicóptero, acompañado por el empresario Luis Cano. Juntos iban a recorrer la isla San Lázaro, frente a la bahía. Nos parecía muy raro. Pero nos sentíamos orgullosos por el interés del gobernador en nuestras costas. Le regalábamos langosta y camarón para corresponder a sus visitas.

“Para nuestra sorpresa, en marzo pasado el gobernador anunció en su último informe que hará un multimillonario desarrollo turístico en la isla San Lázaro, a la que convertirá, dijo, en ‘la isla Cozumel de Baja California’. Por su lado, las autoridades agrarias le extendieron a Luis Cano el permiso para la posesión y usufructo de San Lázaro, cuya extensión es de 2 mil 500 hectáreas.”

–¿Pero la posesión de la isla la tienen ustedes?

–Sí, señor, durante 100 años ese territorio nacional ha estado en posesión pacífica de nosotros los pescadores. Ahora nos lo quieren arrebatar a la mala. Detrás de ese señor Cano siempre se han movido intereses muy oscuros. Quizás el gobernador sacará su buena tajada del proyecto, que a fin de cuentas planean dejarlo en manos de los gringos. Nosotros nos estamos defendiendo ante la Secretaría de la Reforma Agraria.

El boom inmobiliario se advierte en todas partes. En las principales ciudades de la península abundan las oficinas de bienes raíces, con aparadores que exhiben fotografías de lujosas residencias y extensos terrenos costeros que se venden por acres. For sale, For sale, se lee aquí y allá. Proliferan las publicaciones y los catálogos de venta especializados: Los Cabos for sale, The real estate book, Baja real estate guide, Baja life…

Para José Luis Vázquez Ceja, exdirector del Museo de las Misiones, en Loreto, la colonización estadunidense no sólo se da en el plano económico y territorial, sino también en el cultural; al extremo, dice, que la misma toponimia de la península empieza a cambiar aceleradamente:

“Muchísimos nombres originales de los lugares de la península están siendo borrados del mapa, ¡muchísimos!, empezando por el nombre mismo de Baja California Sur, al que ahora se sustituyó con la contracción ‘Baja’, en un principio utilizada sólo por los estadunidenses, pero ahora se generalizó en toda la población.

“A la ciudad de Loreto ya se le empieza a llamar Loreto bay, porque es el nombre del imponente conjunto residencial para extranjeros que se está construyendo a pocos kilómetros de ahí. Bay of Dreams sustituyó al nombre original de Ensenada de Muertos, pues ahí los galeones tiraban a las aguas a las víctimas de la peste. Y así nos podríamos ir.

“Los misioneros jesuitas que, a finales del siglo XVII, empezaron a evangelizar la península fueron respetuosos con los nombres nativos. De ahí que a su primera misión la hayan bautizado Misión de Nuestra Señora de Loreto Conchó. En suma, la toponimia refleja nuestra memoria histórica.”

Construida con gruesos muros de roca, esa misión –punta de la cristiandad en las Californias– se yergue en pleno centro de Loreto. Sus recintos exhiben antiguas joyas de arte sacro. Testimonios del pasado. A un lado, con la misma arquitectura colonial, los empresarios extranjeros tienen una construcción también de corredores con arcadas, pero ahí son oficinas donde venden un paraíso futuro con campos de golf. Loreto bay, reza la leyenda a la entrada. Por fuera, ambas construcciones semejan una sola fortaleza amurallada.

Proceso
21/04/2008

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