Mucho macho, mister McCain
Sabina Berman
1.Yo no sé por qué el presidente Calderón le sonrió tanto al candidato John McCain ahora que nos visitó hace unos días. Será porque el presidente Calderón, según él mismo ha declarado unas 20 veces, disfruta de “los problemas duros”.
Hay 70 muertos en una semana –de ellos, cinco cabezas se encuentran en una heladera–, y nuestro Presidente sonríe. Que dice que los muertos son señal de que “andamos limpiando la casa”.
A la semana que sigue se anuncia que el país no crecerá lo esperado y que se nos viene encima la recesión, y nuestro Presidente sonríe ya de plano feliz, y dice que “los retos grandes” de verdad le entusiasman; y el auditorio que lo escucha aplaude y aplaude.
Bueno, se explica entonces la alegre risa que le causó al presidente Calderón el candidato McCain, que se molestó en venir a México por un solo día para prometernos que nos tratará a los mexicanos “con mano firme” –es decir, si es elegido presidente de Estados Unidos en cuatro meses.
Hablando en el hangar del Centro de Mando de la Policía Federal Preventiva McCain enlistó las intenciones que nuestro hermoso país le evoca: la construcción de un muro a todo lo largo de la frontera (el muro más largo jamás construido entre dos países, descontando la nunca terminada Muralla China); un programa de regularización de nuestros paisanos indocumentados en Estados Unidos (que no una amnistía, eso sería premiarlos); y un programa de trabajadores invitados en las temporadas de cosecha, para el que se inventará una forma biotérmica de detección policiaca (es decir, para que ninguno se escape y vaya a quedarse allende la frontera).
Mientras McCain lanzaba sus horribles amenazas en esa voz suave y lenta que las disfrazaba de amabilidad, diluviaba afuera, de forma que el techo de lámina del hangar resonaba. Quiero pensar que la fuerte lluvia y los relámpagos fueron cortesía de Jehová: su sentida opinión ante el despliegue de mezquindad de McCain.
2. Para completar una escena de mi guión llamado Backyard/Traspatio, que narra una historia sucedida entre El Paso y Ciudad Juárez, entrevisté en enero a un congresista estadunidense. Le pregunté por qué sus compatriotas no ensayan con México lo mismo que implementaron, y con resultados tan felices, con Alemania y Japón al final de la Segunda Guerra Mundial: un plan de desarrollo, el Plan Marshall.
Estábamos en un ambiente informal, vaya: hablando de una ficción para el cine, y el congresista replicó: “¿Te lo digo con franqueza? Entonces solamente si es off the record. Apaga por favor tu grabadora”. Luego dijo, palabras más o menos: “Porque un plan así no se vendería con el electorado estadunidense. ¿Cómo podría plantearse: vamos a gastar tus impuestos del otro lado de la frontera? No, no se vendería.”
Yo insistí: “Podría hablarse de la generosidad del Imperio”. El congresista se rió, irónico. “Y podría hablarse de los beneficios de una política de generosidad”. “¿Ah sí? ¿Como cuáles beneficios?” “Sería una solución real a la inmigración de indocumentados, y los Estados Unidos ganarían un mercado mayor de este lado. Además algo importante: costaría lo mismo que levantar el muro más largo habido entre dos países, descontando la Muralla China.”
El congresista explicó: “Pero no, no se vendería al electorado”. Se inclinó hacia mí y me dijo un secreto: “Es que los americanos no somos europeos.”
3. La abogada española Inmaculada Sola (lo siento, así se llama, como alegoría cifrada en un telegrama) me contó del asombro de su generación cuando Alemania y Francia empezaron a inyectar dinero en España, hace 20 años. “Había fondos para levantar negocios; fondos para estudiar; fondos para proyectos de cultura; fondos para comprar bienes raíces; fondos para todo.”
La generación de Inmaculada vio subir su nivel de vida año tras año. “Pero nuestra perplejidad no era por eso. Todavía ahora me asombra que los países ricos de Europa nos hayan tendido la mano. Más que eso: que nos hayan igualado con ellos.”
Ahora que países pobres de Europa Oriental ingresan o están por ingresar a la Unión Europea, no hay quién refunfuñe en España, por lo menos no en voz alta. “No nos conviene en lo inmediato, el bienestar común bajará en consecuencia por un tiempo, el país se nos llena de extranjeros pobres, que entran acá con sus pasaportes europeos, sin que nadie pueda limitarlos. ¿Pero quién coños puede quejarse, recordando nuestro agradecimiento con los países ricos? ¿Quién coños puede además discutir que a largo plazo la política de la generosidad funciona mejor que las alambradas y las razzias de la policía?”
4. Ah, se me olvidaba: McCain también prometió ayuda a México para la guerra contra el narcotráfico. Dinero, tanques, aviones de guerra, expertos de inteligencia. Ya que McCain planea quedarse en Irak “si es necesario cien años” (hasta poder regalarles a los pobres iraquíes la democracia plena), podría distraer del arsenal que EU desarrollará algunos juguetes para uso en México.
Mucha violencia, enormes explosiones, muertos y más muertos, tanto en Irak como en México: es la política del Mucho Macho.
Ese mismo día McCain se fue. He buscado su foto abordando el avión, sin encontrarla. Igual puede uno imaginarla idéntica a la de su despedida en Colombia. La diestra en alto mientras su cuerpo ya está girado para entrar en el avión que lo llevará lejos.
Por su parte el presidente Calderón espera los nuevos retos del futuro con una sonrisa amplia.
Proceso
14/07/2008 |