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Impunidad

Antonio Callejo

CANCÚN, Q.R.- Su negocio son las mujeres. Su pasado el espionaje político. Pero su divisa, sin duda alguna, es la impunidad.

Y es que hace varios años que el argentino Raúl Luis Martins Coggiola se mueve en Cancún con naturalidad y nunca ha tratado de ocultar sus actividades. Es el más connotado representante de los giros negros en este destino turístico, a donde llegó originalmente como empleado de otros empresarios mexicanos que observaron su talento para administrar bares de table dance, y para manejar grandes cantidades de bailarinas, principalmente extranjeras.

Recientemente, el abogado Claudio Lifschitz, quien colaboró con Martins durante siete años, decidió hacer una denuncia pública en su natal Argentina y ahora, desde allá, Lifschitz asegura que su exjefe es un exespía de la dictadura militar argentina, además de que dirige una red de prostitución VIP (very important person).

Además reveló que Martins Coggiola mantiene en condiciones de “semiesclavitud” a poco más de 150 bailarinas extranjeras, la mayoría argentinas, quienes trabajan para él en sus dos bares con espectáculos desnudistas: The One, en Cancún, y Maxim´s, en Playa del Carmen.

Lo cierto es que esas declaraciones no arrojaron ninguna nueva luz al caso de este argentino, cuyo pasado y actividades son conocidas en la región sureste desde hace varios años.

Luego del revuelo generado por las declaraciones de Lufschitz la semana pasada, la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) realizó un cateo al The One. Nadie fue detenido ni se procedió contra el negocio ni contra su propietario.

Los agentes ni siquiera reportaron la presencia de bailarinas desnudistas extranjeras, que son el atractivo principal de ese lugar.

Funcionarios de los gobiernos estatal y municipal declararon que el gobierno del estado puede revocar la patente para venta de alcohol. El recaudador de Rentas del gobierno del estado, Eduardo Novelo Rivera, dijo que sólo se actuará si hay una denuncia.

El titular de Desarrollo Urbano municipal, Heyden Cebada, aseguró que no renovaría la licencia de uso de suelo, pero sólo “si recibimos instrucciones al respecto”.

Hasta el viernes 13, The One seguía funcionando normalmente.

 

El arribo

Una demanda laboral, interpuesta por el propio Martins Coggiola ante la Junta de Conciliación y Arbitraje en Cancún, cuya copia tiene Proceso, revela con precisión los motivos y antecedentes de la presencia del empresario argentino en esta ciudad.

La dependencia asignó el número 287/2004 a esa queja, en la que Martins se querella contra los empresarios mexicanos que lo contrataron para hacerse cargo de negocios de giros negros en la zona hotelera. Hoy está enemistado con ellos y es su abierto competidor.

El documento indica que él fue contratado en agosto de 2002 por los empresarios bajacalifornianos Manuel Huerta Garza y Arturo Amaya Galaz, propietarios de la empresas Elegante y Divas, que en realidad son bares de table dance. Divas se ubica precisamente en la acera frente a The One, que es el sitio preferido por los parroquianos.

Y es que el negocio de Martins se encuentra en el llamado “Callejón de los milagros”, en plena zona hotelera, donde un ejército de “jaladores” invita a los turistas a pasar a ese table dance, para disfrutar “de una experiencia incomparable”, según la propaganda.

The One tiene paredes oscuras. Una lluvia de luces estalla intermitente para iluminar las pieles lubricadas y bronceadas de una centena de jóvenes mujeres. Se contonean en los pasillos y entre las mesas en diminutas prendas de lycra, en un local presidido por una tarima en forma de pasarela coronada por un tubo anclado de techo a piso.

Dicen algunos asiduos que el empresario argentino suele atender personalmente a invitados especiales, a quienes agasaja con botellas de coñac o güisqui, y desde luego con la grata compañía de sus empleadas, todas, o bien la mayoría, extranjeras. Hay argentinas, principalmente, pero también algunas brasileñas, venezolanas y paraguayas.

En la parte trasera del local hay “privados” para bailes personalizados. Las chicas ofrecen un “servicio completo” por 500 dólares.

 

Deterioro de Cancún

Hasta antes del paso del huracán Wilma, en octubre del año pasado, lo que antes fue una zona de tiendas comerciales de lujo y discotecas se transformó en un centro de actividades ligadas a negocios como la prostitución o a la venta de drogas.

Abelardo Vara Rivero, expresidente de la Asociación de Hoteles, difundió recientemente un estudio en el que revela que la zona turística del bulevar Kukulcán se ha llenado de bares con table dance y de sitios donde se expenden drogas sin control.

The One es uno de los pocos sitios de table dance que goza de los privilegios en la zona hotelera, contraviniendo un añejo acuerdo del cabildo de la ciudad en el que se establece que ese tipo de “giros negros” sólo podrían funcionar en las afueras de la ciudad, específicamente en el complejo denominado Plaza 21, cuya construcción fue alentada por el gobierno municipal en 1996.

Proceso localizó al empresario Isaac Hamui, propietario del Cancún Center y de los muelles de cruceros más importantes en Cozumel y Majahual, a quien Lifschitz señala como el principal protector de Martins.

En breve charla telefónica, Hamui admitió que conoció a Martins en una fiesta de cumpleaños, pero se deslindó de él. Dijo que lo que ha publicado la prensa sobre el empresario argentino es puro amarillism

Proceso
25/01/2007

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