Atados de manos Silvia Cherem S. Ciudad de México (04 de octubre de 2007).- Dror y Dania Rishpy llegaron a México a finales de mayo. El tiempo se agotaba y estaban cansados de llorar a distancia. Desde Israel había ya muy poco que hacer; preferían estar en el lugar de los hechos, presionar, gritar a los cuatro vientos que su hija debía aparecer. Les indignaba la tibieza de la investigación, la burocratización del sistema judicial. La Policía de Quintana Roo no cuestionaba a fondo a los principales testigos, tampoco presionaba a las autoridades estadounidenses para obligar a Matthew Ryan Walshin a rendir declaración en torno a la desaparición de su hija. Dan, hermano de Dana, y su tío Rafael, quien también viajó desde Israel, llevaban ya tres semanas entre Cancún y Tulum, frustrados ante la parálisis de las autoridades. Con el paso de los días ya dos largos meses desde la desaparición , las pistas parecían agotarse. Las torpezas de una investigación A la familia de Dana le inquietaba, sobre todo, que las preguntas a los testigos no fueran incisivas. A Flor Pastrana, por ejemplo, defensora indígena de 34 años, amiga de Matthew desde 1996, y quien le rentó por un monto simbólico el departamento número 2 de Chemuyil 13, donde él se refugió tras la desaparición de Dana, casi no se le cuestionó. Esta mujer, que en 2001 se hospedó en la casa de Matthew en Maui, se enredó en una maraña de contradicciones para justificarlo (páginas 51 y 52 de la averiguación previa T-386/2007). Declara Pastrana que el 31 de marzo en la tarde, día en que Matthew aseguró que Dana "no volvió de las ruinas", ella se encontró con él. Le contó que quería mudarse porque Vicente, un artesano, lo tenía amenazado. Mezclando indistintamente los nombres de Mirador y Mar Caribe, Flor aseguró que Matthew no se cambió de hotel entonces, sino mucho después, porque "no podía con todo, lo suyo y lo de la chava (...) y desconfiaba dejar las mochilas encargadas". Declaró que ella misma leyó una nota de Dana en inglés que decía: "Espérame, voy a regresar", nota que los investigadores saben que jamás existió. Como si alguien reclamara que Matthew no esperó lo suficiente, Flor añade: "Mati hubiera querido esperar a la chava más tiempo, pero no toleró las amenazas de los artesanos". Ella añade un dato más: en abril, es decir, después de la desaparición de Dana, Matthew compró una camioneta que aún seguía estacionada en el departamento que ella le rentó. El Ministerio Público no le preguntó por qué cree que Matthew abandonaría su carro, por qué piensa que lo compró si él sólo usaba bicicleta, tampoco si mantiene comunicación con él, o cómo era la nota que ella asegura haber leído. "Los judiciales mismos saben que Flor miente, tanto en sus declaraciones, como en un blog de internet que sigue el caso (http://yourfreepress.blogspot.com/2007/05/new-evidence-in-rishpy-case.html); ella defiende y encubre a Matthew, casi siempre de manera anónima", afirma Dror. Inquieta igualmente a la familia que la Policía Judicial haya tardado más de un mes hasta el 25 de mayo en citar a Zsolt Fejer, ciudadano húngaro de 34 años, amigo de Matthew, tatuado en cada centímetro de su cuerpo, quien, como ya declaró y figura en el expediente, vende drogas al menudeo en Tulum y en Playa del Carmen. A un grupo de investigadores privados que recientemente tomó el caso en sus manos, "El Húngaro", como le apodan, le confesó que le vendía a Matthew pastillas de éxtasis y LSD. La investigación conducía a que "El Húngaro" era un testigo valioso: aparecía en las fotos de la fiesta cerca de Dana y en las del pueblo, donde está bien identificado: todos lo reconocen como "amigo de Matthew". "Cuando llegamos a Tulum, cuestionamos por qué no se le había llamado aún a declarar. Los policías nos respondían que no habían dado con su identidad. Lo sorpresivo fue que, cuando salíamos de las oficinas de la Policía Judicial, mi hermano volteó y vio ahí mismo a "El Húngaro". "Seguramente está protegido; reparte dinero a la Policía para poder vender drogas en la zona", señala Dania. Los hallazgos de la Policía eran espurios. La primera semana de mayo, por ejemplo, Dan y Rafael hallaron el coche que aparentemente pertenece a Matthew: una camioneta Toyota color gris, con placas de circulación XPV 605 de Oregon. Algún policía rompió el vidrio y dijo haber encontrado restos de sangre, que permitirían calificar el delito como homicidio. La Policía Judicial de Quintana Roo, tras asegurar y custodiar el auto, ordenó el 10 de mayo a la Dirección de Servicios Periciales que llevara a cabo un rastreo hemático con la prueba de luminol para certificar el hallazgo. En los medios mexicanos e israelíes circuló ampliamente la información; se hablaba de una pista "contundente". La familia, a través de la Interpol Jerusalén, enviaría cuanto antes un cabello de Dana o muestras de su ADN para compararlos con la sangre que estaba en el vehículo. Sin embargo, el químico Arnulfo Méndez, de la Subdirección de Servicios Periciales de la zona norte, realizó tres peritajes que resultaron contradictorios. Primero, el 10 de mayo afirmó que en el piso de la parte trasera del auto y en la tapa de la cajuela existía la presencia de sangre; luego, que la quimioluminiscencia del reactivo daba positivo en la parte media de la puerta; y finalmente, tres días después, al aplicar bencidina, señaló que no había rastros de sangre humana. Para Dror, esta fue una llamarada de petate más para entretener a la prensa, o bien, una forma de encubrir el asesinato. "Dania tiene un tío alemán especialista en ADN, internacionalmente famoso. Dijo que era absolutamente absurdo que un perito dudara si era sangre humana o animal, porque hasta con una muestra microscópica puede saberse. Peor aún que hubiera divergencia entre si era o no sangre". Los investigadores que tomaron el caso recientemente ponen en duda cualquier hallazgo con respecto a este coche. El único indicio de que pertenecía a Matthew proviene de las dudosas declaraciones de Flor, y, además, atrás del departamento donde estuvo estacionado, hay un rastro donde se lleva a cabo la matanza de cerdos y aves para el consumo de los restaurantes locales. Es posible que residuos de carne, grasa y sangre animal hayan sido los que el perito confundió con sangre humana. La agonía de la incertidumbre Desde Israel, los Rishpy habían actuado en paralelo con la investigación mexicana, movilizando recursos y esfuerzos. Su casa en Haifa fue un hervidero durante todo el mes de mayo. Los amigos de la familia y los de los hijos Dalit (40), Dafna (37) y Dan (35) ofrecían toda clase de ayuda. "Eran tantas las llamadas y sugerencias, que nos abrumaban. Ni siquiera sabíamos que teníamos tantos conocidos". Una amiga de Dania que vive en Bélgica viajó a Haifa para hacerse cargo de los torrentes de información. Con apoyo de especialistas, conocieron los movimientos de Matthew, que continuamente se mudaba en el interior de Estados Unidos: Maui, Santa Mónica, Los Ángeles, Nevada... ciudades donde su adinerada madre, vuelta a casar, posee propiedades y paga hipotecas a nombre de su hijo. Una persona de confianza de los padres de Dana contactó inclusive a la madre de Matthew en su casa de Las Vegas, y le hizo saber que era sospechoso de asesinato. Ella escuchó y afirmó que no colaboraría en nada. Matthew, por su parte, optó por el silencio. Siguiendo el consejo de su padre, Perry Walshin, abogado que en su juventud trató de defender a Charles Manson, asesino de Sharon Tate, dejó de contestar e-mails, pagar sus gastos con tarjetas de crédito o contestar sus celulares. Con nueva imagen barba crecida como hippy trasnochado , Mati, como le gusta llamarse, comenzó a brincar de ciudad en ciudad, evitando dejar rastro. Ante la imposibilidad de encontrar pistas sólidas de dónde podía estar Dana, los conocidos de la familia comenzaron a contactar brujos, chamanes y eruditos. Uno dijo que Dana estaba secuestrada en uno de los barcos atracados en Tulum. "Tuvimos que llegar a la zona para ver que no hay barcos". Otro imaginó que Dana viajaba en un barco rumbo a Arabia Saudita para formar parte del harén de un jeque, una explicación más acorde con la cultura de Medio Oriente que con la realidad mexicana. Uno más afirmó que Dana se había caído de un peñasco y que se había perdido en el océano. "Los expertos israelíes que estuvieron en México nos dijeron que, si se hubiera ahogado, cientos de aves de carroña hubieran dado aviso del cuerpo. Además, las corrientes hubieran expulsado pedazos de ropa o huesos a la playa, y no había nada. Una hipótesis imposible". Cada propuesta abría un mar de posibilidades: en un barco con ventanas redondas, cautiva por una mujer; atrapada en un bosque de Venezuela, drogada contra su voluntad; presa en una jungla, y, como en un cuento de brujas, su madre tenía que ir descifrando claves en su camino para liberarla; atrapada en una cueva en Chihuahua; desfalleciendo en un coche en la selva. Un psíquico encendió cientos de velas impregnadas de azúcar y canela con el nombre de Dana; otro elucubró con objetos y fotografías. Casi todos insistían en que estaba viva, pero no precisaban cómo llegar a ella. "Estábamos muy desconcertados; no había pistas claras ni por parte de los adivinadores, como era obvio, ni tampoco por el camino judicial. La desesperación familiar nos consumía. Nuestros hijos se despertaban con los gritos de Dana implorando ayuda, sin poder auxiliarla". Antes de viajar a México, Dror buscó a Uri Geller en su casa de Londres, quien es mundialmente conocido por sus poderes psíquicos y telepáticos, y es amigo suyo de décadas. Sin prometer resultados, pidió la foto de Dana. No les dio falsas esperanzas, pero los contactó con un multimillonario que tiene oficinas de investigación en todo el mundo, asegurándoles que podría ayudarlos. "Nadie lo sabe y nunca daré su nombre", dice Dror. Fue este magnate la primera persona a la que visitaron cuando, a finales de mayo, los Rishpy llegaron a México. Él había ya mandado a un especialista a Cancún; estaban seguros de que ese día iban a tener torrentes de información que aclararían el expediente empantanado. Deseaban que Dana estuviera viva. El investigador, un hombre calvo, relató que llevó la foto de Dana a todos los prostíbulos de la Riviera Maya, y que nadie la conocía.Visitó grupos del bajo mundo, también sin obtener resultados. Más que darles información, los escamó. Dijo que, desde el primer día en que llegó a Quintana Roo, se dio cuenta de que lo seguían y le tomaban fotos. "Les recomiendo que tengan cuidado: la mafia en Cancún está en ebullición. No digan que son padres de Dana, los pueden matar". Les cortó las alas de tajo. Con más información que la Policía misma, iniciaban su deambular en México, igualmente atados de manos. MAÑANA: Miel sobre cenizas, quinta y última parte. Reforma |






