La cuadratura de un crimen Silvia Cherem S. Ciudad de México (03 de octubre de 2007).- Dana Desapareció en Tulum. Sus Padres se Alarmaron por su Ausencia. Un Estadounidense de Nombre Mati era la Clave para Saber más de Ella. Sin Embargo, su Hermetismo se Emparentaba con la Sospecha. La Policía de Quintana Roo no Ayudaba Mucho, y la Familia Quería Mejores Resultados. La primera pregunta que Itzhak Erez, Cónsul de la Embajada de Israel en México, le hizo a Dror Rishpy, cuando el día 24 de abril le telefoneó a Israel, era si Mati, sólo Mati, porque aún nadie conocía su nombre completo, era de confianza. Para él, Mati era una astilla incierta, ya ni siquiera respondía a los correos que le mandaban; aun así, más que atender a su intuición, Dror quiso aferrarse a la racionalidad: "Es totalmente de confianza, es un muchacho decente que nos avisó de la desaparición de Dana
De él, no se podría desconfiar". El 25 de mayo, Erez organizó varios flancos de acción: diseñó un volante anunciando la desaparición de Dana, que incluía fotos, nombre y datos de contacto, en inglés, hebreo y español, mismo que mandó pegar en las inmediaciones de Cancún y Tulum; contactó a Mark Stern, un médico israelí que vive en Cancún, para que le sirviera de guía y apoyo en la zona; inició entrevistas con israelíes que viven en la Riviera Maya, para tratar de difundir la información; le envió un correo a Mati, de quien no obtuvo respuesta, y reservó un vuelo para salir esa misma noche del Distrito Federal a Cancún. Mark Stern lo recogió en el aeropuerto a medianoche. A las 5:00 horas del 26 de mayo, partieron a Tulum con el fin de reunirse dos horas después con Mario Fernando Lira Manzanero, comandante de la Policía Judicial local. Esa misma mañana se conjuntó una pequeña brigada de voluntarios, policías y periodistas para iniciar la búsqueda. Iniciaron en Mar Caribe, las cabañas donde se halló la mochila. Con una fotografía de Dana en sus manos peinaron la zona arqueológica, la playa Pescadores y la selva, preguntando a cada paso si alguien la reconocía o la había visto. Hablaron con la gente, buscaron implicados y testigos, trataron de desentrañar los hilos de una desaparición inexplicable. A media mañana, sin mayores hallazgos, Mark Stern decidió separarse de Itzhak Erez, para dirigir cuando menos dos flancos de investigación: uno en pos de Dana, otro para tratar de localizar a Mati. Con el apoyo del comandante Lira y de Aviv Gezonterman, un israelí de 32 años que vive en la zona y habló con Dana en la fiesta del Mezzanine, Stern comenzó a buscarlo. Mati había sido la última persona que vio a Dana con vida, fue él quien dio aviso de la mochila. Se le buscaba como testigo, aún no se sospechaba de él. Los hallazgos A pesar de que en Tulum todos conocían a Mati, la Policía aún no sabía ni su nombre completo. Michaela, una alemana dueña del restaurante Azafrán, confirmó haberlo visto la noche anterior. Era su vecino, vivía arriba de su departamento, y esa noche escuchó sus pasos, movía muebles, hizo ruido. Le provocaba desconfianza; hasta su pastor alemán, siempre tranquilo, le ladraba de manera inquietante. Ella condujo a los judiciales al departamento. La puerta estaba abierta, y entraron sin tocar. Mati, sin embargo, ya no estaba ahí. Probablemente, ante la movilización del día anterior y la proliferación de panfletos con la foto de Dana en toda la zona de Cancún a Tulum, Mati, cuyo nombre es Matthew Ryan Walshin, había partido escasas horas antes. Justamente cuando ellos hurgaban en su cuarto, ya vacío, él abordaba el vuelo 316 de US Air-ways de Cancún a San Francisco, vía Phoenix. Había estado en la Riviera Maya casi tres meses, desde el 5 de febrero hasta el 26 de abril. En ese pequeñísimo espacio con cocineta, rústico y apestosamente sucio, con colillas de cigarrillo regadas por doquier, aún había hielos sólidos en una hielera, bebidas frías y un periódico de Miami del 25 de abril, el día anterior. A Flor Pastrana Flores, su amiga desde 1996 y dueña de ese departamento en el pueblo, sobre la carretera federal Tulum-Playa del Carmen y atrás del club nocturno Cabaret, le había liquidado las noches hasta el día 28. Pagó una cantidad simbólica: sólo mil 100 pesos por casi 15 días. Ahí se había refugiado un par de semanas antes, cuando se fue del hostal Mar Caribe, tras dejar la mochila encargada. Matthew Ryan Walshin, que huía de la justicia, se convirtió de facto en el principal sospechoso. En el piso del departamento, al salir con prisa, dejó su licencia de conducir emitida en Los Ángeles, California. Ahí dejó constancia de su fotografía, huella digital, dirección en Estados Unidos y datos personales. No tenía 32 años, como le dijo a Dana, sino 38 (nació el 22 de diciembre de 1968). Desde Israel, los Rishpy contrataron a un grupo de militares que se especializan en hallar cuerpos en zonas de desastre. Aunque su esperanza era que su hija estuviera secuestrada o drogada contra su voluntad, los enviaron para descartar que hubiese muerto ahogada o al caer de un peñasco. Llegaron a Tulum en los primeros días de mayo, y, como no hablaban español, los acompañó Dan, el hermano de Dana, avecindado en España. Además de buscar pedazos de ropa y huesos en las inmediaciones de la playa, examinaron minuciosamente la selva con perros entrenados, estudiaron las corrientes del mar y cuestionaron incesantemente a la gente sobre Dana y Matthew. La información fluía a cuentagotas; en realidad, era casi nula. "A los policías mexicanos no les gustó que hubiera investigadores extranjeros en la zona y se replegaron; sin saberlo, cometimos un error". Dan se enteró de que una joven fotógrafa testimoniaba semanalmente la fiesta del Mezzanine. Revisó su material del 30 de marzo, y encontró varias imágenes de su hermana: sentada de espaldas observando el show de tambores afroa-mericanos, tomando fotografías, caminando sola, platicando con Steven William Miller, tío o primo de Matthew, de quien nada se reporta en la investigación judicial. Dana vestía una sudadera de manga larga color verde y pantalones negros, y al cinto cargaba su cámara. Dan constató que ninguno de estos objetos sudadera, pantalón o cámara estaba en la mochila de su hermana, en propiedad de los judiciales. Concluyó que con el calor de Tulum, que rebasa los 40 grados Celsius al mediodía, Dana no pudo haber salido el 31 de marzo con esa ropa puesta. Si realmente partió a las ruinas a las 11:30, como dijo Matthew en uno de sus correos, tendría que haberse ido con shorts y playera de manga corta, y habría guardado en su mochila la vestimenta de la noche anterior. Además, obsesiva como era ella para protegerse de los rayos del sol, también hubiera partido con su sombrero y su crema protectora, que aún estaban empacados. Matthew había mentido. Dana desapareció la noche del 30 de marzo, al término de la fiesta del Mezzanine, y no, como Matthew dijo, la mañana del 31. Dana jamás fue a las ruinas, todo apunta a que Dana murió esa noche. Líneas de investigación El Ministerio Público comenzó a rendir declaraciones a los posibles testigos. En cada uno de los testimonios que están registrados en la averiguación previa T-386/2006 sale a relucir el nombre de "Mateo" o "Matio": un hombre bronceado y delgado, con barba espesa, largos rizos rubios y crapulosa mirada azul, al que casi todos los entrevistados califican de persona problemática y cuestionable. Olaf, un empleado de Don Cafeto, lo recordó acosando a unas turistas argentinas; Zsolt, un húngaro que fue su amigo, dijo que "Mateo" tenía "problemas con mujeres" porque buscaba tener relaciones sexuales con ellas contra su voluntad; Yaad, una ex novia, declaró que Matthew era impotente y se drogaba con mariguana y pastillas de éxtasis; otra joven señaló de forma anónima que Mati no paraba de hostigarla. El testimonio de Scott, un estadounidense que por su propia voluntad viajó a México para rendir declaración en cuanto supo de la desaparición de Dana, es revelador. Este discípulo de la clarividente Ann Brennan, autora de "Manos que Curan", declaró que el 4 de abril platicó con Matthew en la playa. Hablaron de bienes raíces y de su deseo compartido de comprar propiedades en la zona, por el aumento de la plusvalía de la tierra. Scott relató que ese día, sin más, Matthew comenzó a hablarle de una chica que había conocido, que se había ido a las ruinas y que nunca había vuelto. Dijo que su mochila estaba "impecablemente organizada", se empeñó en mostrársela a Scott. Este último le cuestionó que no haya dado parte a la Policía; insistió en que algo estaba mal, porque ya habían pasado cinco días. Matthew respondió: "Tengo miedo de avisar, tal vez sospecharán de mí". Un par de días después, cerca de las 23:00 horas, ya bien entrada la noche, Matthew llegó muy asustado a la cabaña de Scott. Divagaba, insistía que no sabía qué hacer con la mochila. Aludía al pasaporte, a los mil dólares que dejó la chica, a una tarjeta amarilla con la información de contacto de los padres. Scott volvió a la carga: "Ve a la Policía". Matthew se negó. Disperso y ansioso, hablaba desordenadamente. Su angustia sólo se alivió cuando se le ocurrió una salida: le pediría consejo a su padre, abogado en Los Ángeles. Cuenta Scott que ya no lo volvió a ver. Declaró que Mati acosaba a las mujeres, y que en alguna ocasión un hombre lo persiguió en la playa para golpearlo. "Me da la corazonada de que es inestable, dese-quilibrado y de cuidado", concluyó. Un par de semanas después, por intermediación de la Interpol, la Policía mexicana dejó registro en el oficio DGAPII/5315/07 de que Matthew Ryan Walshin tiene una historia criminal bastante amplia en Estados Unidos. La oficina del Sheriff del condado de Santa Cruz y Lakeport tiene registros de que en 1989 fue acusado de violación, de resistir y obstruir a oficiales de la Policía y de desacato a la Corte. En 1990 fue acusado nuevamente por violación y agresión sexual, y sentenciado a cinco años de probatoria y 180 días de cárcel. En 1993 reincidió, y fue acusado de agresión sexual en Santa Cruz y, posteriormente, en San Francisco. MAÑANA: Atados de manos Reforma |






