Confirmado: desaparecida Silvia Cherem S. Grupo Reforma, Ciudad de México (01 de octubre de 2007).- Dana quería ir a la Patagonia con sus padres, pero tomó la decisión muy tarde, y ya no fue posible incluirla en la excursión. Encontró un boleto a Cancún de ida y vuelta por sólo 120 dólares y decidió viajar al Caribe mexicano, donde se maravilló con las playas, mas nunca imaginó la pesadilla que les esperaba a ella y a su familia. La primera llamada de alerta la recibieron los padres el 7 de abril. Telefoneó un joven al departamento que los Rishpy ocupaban en Nueva York; el número estaba anotado en una libreta de Dana. Respondió Dania, la madre. Fue un intercambio somero, aparentemente trivial. "Soy Mati, conocí a tu hija, dejó su mochila conmigo y yo me tengo que ir". No dijo dónde ni cuándo la conoció, tampoco su nombre completo ni a dónde tenía que irse. Los padres no preguntaron. "Déjasela en la recepción del hotel. Por favor, hazle llegar una nota para que ella sepa en dónde encontrar sus cosas al rato que regrese". Dana, de nacionalidad israelí y alemana, había viajado a Cancún el 26 de marzo desde Los Ángeles. Era la menor de la familia, nació más de 10 años después que sus tres hermanos mayores y se crió como adorada bebita de sus padres. Con ellos, aventureros incansables, había viajado por variados rincones del mundo, y ahora, ambos retirados Dror fue piloto de El Al durante más de 35 años; Dania, agente de viajes , disfrutaban conociendo lugares exóticos y, dos veces al año, descansando en una casa propia en la isla de Menorca y en un departamento prestado en Nueva York. No era la primera vez que Dana viajaba sola. Al concluir el servicio militar, obligatorio en Israel, Dana visitó Tailandia; y ahora, después de su paso por San Francisco, a donde fue a buscar una escuela de animación por computadora, llegó a México ávida de conocer gente y de disfrutar el sol y la playa. "Nos parecía que podía ser peligroso para una joven viajando sola". Consiguió, entonces, un boleto barato a Cancún y, como si el destino ahí la hubiera encaminado, sus padres le dieron alas para viajar. "Habíamos estado ahí hacía 30 años, y perduraba en nuestro recuerdo la imagen de un sitio seguro, paradisiaco". Dana, un remolino de inquietud, quería tomar un respiro de sus múltiples actividades y proyectos deportivos y artísticos. En Israel todo mundo la conocía, porque desde hacía cuatro años doblaba programas para niños. Específicamente, ella era la voz de Sakura Kinomoto, la protagonista de la popular serie japonesa "Cardcaptor Sakura" que en Israel fascinaba a todos los niños de entre 7 y 15 años. Contaba, inclusive, con un sitio en internet como Sakura y un asiduo grupo de fans. Asimismo, se entrenaba para conquistar el primer sitio en las carreras de 100 metros planos, encaminaba sus pasos a aprender técnicas de animación para poder trabajar en Pixar o Walt Disney y producir películas propias a futuro e iniciaba su promisoria carrera de cantante. De imaginación inagotable, unos meses antes de dejar Israel compuso una canción con ritmo de rock y, con su amiga Boaz Peleg, filmó un video casero en el jardín de su casa, mismo que subió a YouTube (www.youtube.com/watch?v=I0hPuEpm9uE). Este no sólo fue garante de popularidad, porque cerca de mil israelíes vieron su video en una semana, sino que motivó la llamada de un productor que la invitó a componer más canciones, para lanzarla al estrellato. Como una paradoja del destino, en su video -que hoy, tras la desaparición, suma más de 300 mil visitantes- Dana portaba una playera negra con la leyenda "Alive" (viva). Decidida y guapa, imantada con una personalidad arrolladora, les cantaba a los jóvenes que la dejaran en paz, que le permitieran respirar. Aludía a Ofer, Yoni, Tomer, Eyal, Dor, Ronnie y Chagai. Con palabras que hoy vuelan como hojas secas, la seductora Dana cantaba su deseo de libertad, no quería atarse a nadie. Deseaba ser niña de nuevo para bailar y vivir sin ninguna carga: "Soy sólo una chica, y hay muchas otras más, si el amor apareciera yo sabré reconocerlo... Déjenme en paz". Harta de las relaciones superficiales, Dana parecía anticipar que, lejos de Israel, del otro lado del mundo, un hombre, en el lugar equivocado, la dejaría sin aliento y sin vida... no obstante su rebosante anhelo de vivir. Cancún, una cita con el destino Dania y Dror, padres de Dana, se marcharon de Israel rumbo a la Patagonia a finales de enero de 2007. A pesar de tener 70 y 63 años, respectivamente, irían a acampar durante dos semanas en la zona de El Calafate, caminando con un equipo de expertos sobre los senderos de hielo en Perito Moreno, disfrutando de imponentes vistas de lagos, formaciones glaciales y desprendimientos. "Sin duda somos más aventados que ninguno de nuestros cuatro hijos. Dana decidió demasiado tarde que quería venir con nosotros, y ya no fue posible integrarla: el grupo estaba cerrado". La noche antes de irse, la última que compartirían con Dana, su casa fue un hervidero: numerosos medios de comunicación israelíes buscaban a Dror Rishpy para arrancarle alguna confesión. Disfrutó ser celebridad por un día, y jamás imaginó que, como una paradoja del destino, a su regreso a Israel, nuevamente encontraría a la prensa en su casa. Esta vez, por motivos inesperados, desoladores. En Israel, en aquel enero, acababa de estrenarse la película "El último rey de Escocia". Dror Rish-py había sido el piloto personal de Idi Amin de 1965 a 1967, cuando, tras la independencia del país africano, Israel daba asistencia militar y de inteligencia a Uganda. Los periodistas buscaban abrir el anecdotario. Dror, que aún no veía la película, contó que, antes de que se convirtiera en el macabro y tiránico dictador de ojos encapotados, Idi Amin era un niño con el que se divertía a carcajadas. A diario pedía sobrevolar la sabana asustando leones y elefantes, desgarbados ñúes que corrían aterrados ante el ruido y el ventarrón que originaba el avión a su paso. El entonces jefe de las Fuerzas Armadas de Uganda alguna vez quiso también subir un búfalo vivo al avión para verlo bufar y bambolearse en el aire. Cuando, después de una gran discusión, se convenció de que podían estrellarse, le dio la pistola a su hijo para que de un tiro matara al animal; le disparó y, abrazando a su presa, viajó satisfecho. "A Dana estas historias le divierten. Jugar a ser niña le parece fascinante, y ella siempre ha sido un tanto infantil", confiesa Dania, quien, a diferencia de Dror, aún habla de ella en presente. "Cumplió ya 25 años, pero parece de 16. Nos encanta su ternura e inocencia: colecciona peluches y objetos de los Ositos Cariñositos, goza las películas de niños y le gusta jugar a ser mi bebé. Me abraza todo el tiempo; somos tan cercanas que no sé si podría sobrevivir sin ella". Mientras ellos irían a la Patagonia, Dana viajaría a Estados Unidos. Se encontrarían a mediados de marzo en Nueva York para disfrutar un par de semanas juntos, asistiendo a conciertos, escuchando óperas, visitando exposiciones de arte. Dana partió de Tel Aviv a Nueva York en febrero. Ya había concluido un curso de animación en la Universidad Abierta de Israel en Ramat Hasharon, de Kfar Hayarok, y, diestra en el manejo de los programas computacionales Photoshop y Freehand, deseaba encontrar una escuela para profundizar en las técnicas de animación en EU. Primero estuvo un par de semanas en Nueva York, aprendiendo fotografía en el estudio de Ron Habib, amigo de la familia, quien ha documentado escenas de guerra en Bosnia, Iraq y Afganistán para la revista Time. De ahí partió a San Francisco, donde encontró un par de escuelas de animación, en una de las cuales, tras tomar consejo de sus padres, se inscribiría. Finalmente llegó a la casa de unos primos de su madre en Los Ángeles. "Descubrió a esa parte de la familia, y ahí se estacionó un par de semanas", dijo Dania. Dania y Dror esperaban con ansias a Dana en Nueva York, hablaban a diario con ella. Nevaba a destiempo en la ciudad de los rascacielos y, rehuyendo del frío, Dana postergaba su llegada. Deseaba quedarse en Los Ángeles o viajar a la cálida Sudamérica. Fue entonces cuando encontró el boleto de 120 dólares a Cancún. MAÑANA: El blanco equivocado Reforma |





