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¿Quién daña la imagen internacional de Cancún? Parte II


Miguel Zinzer

  • Histeria de las cúpulas empresariales ¿Estrategia de Estado?

Después de ocho días de histeria de las cúpulas empresariales de Cancún y acomedidos acólitos de la prensa local más parecidos a propagandistas que a periodistas independientes, la pregunta sigue en el aire,  ¿Quién daña la imagen internacional de Cancún? ¿una marcha pacifica en la zona hoteleras? ¿Las pancartas y consignas que solicitan justicia y el cese a la violencia contra ONG's y defensores de derechos humanos? 

Ciro Gómez Leyva, en su irónico editorial del lunes pasado refiriéndose a la mega marcha del sábado 25 de junio, comentó acertadamente, "el Cancún político parece estar viviendo una paranoia digna de los años sesenta".  

Tuvo que pasar una semana para que algunas voces sensatas comenzaran a emerger de la avalancha de declaraciones monolíticas que no cesaron de repetir a coro lo mismo día tras día e un admirable esfuerzo de pluralismo de opiniones. Radio, prensa escrita, mesas redondas en TV, columnas de opinión, desplegados, declaraban al unísono, hablando a nombre de "la opinión publica", que una manifestación de alrededor de mil personas había "dañado", "vulnerado", "dañado  irreparablemente", la imagen internacional del destino turístico mas importante del país. Que se había trastocado el orden público-hubo, incluso, émulos del generalísimo Franco que llamaron a reinstaurar el risible delito de "disolución social".  

Se hicieron proclamas de repudio a los manifestantes, supuestas cuantificaciones de daños millonarios, se movilizaron asambleas y redactaron manifiestos, se estigmatizó con toda clase de epítetos a los participantes de la marcha sin cuidado alguno en examinar sus demandas y, de hecho, ignorándolas en la discusión pública. 

Lo más que merecieron sus peticiones, fue la poco afortunada alusión, de una diputada de algún partido, de que se trataba de pancartas "bien hechas", lo cual resultaba necesariamente sospechoso, pues al no ser eran cartulinas con plumón, ese era el indicador infalible de los sinistros intereses que se ocultaban detrás de la marcha.  Hay veces que deslumbra la raquítica lógica de los representantes ante el Congreso. 

La policía municipal de Cancún, a través de su comisionado, Adrián Samos Medina, advirtió en la prensa local que a la próxima , ahora sí usaran la fuerza para disolver la manifestación, aunque en la misma manifestación, reconoció que el sábado 25 no procedieron a reprimir debido a que la mega marcha nunca violó la ley.   

Difícil entender a Samos Medina, portador de una retórica bélica contradictoria y trasnochada. 

Si no había razón para intervenir el sábado 25 porque la marcha fue pacifica y legal, porqué decir que "a la próxima marcha en la zona hotelera" ahora sí usara la fuerza pública para disolver a los manifestantes.   A menos que el titular de seguridad pública sea clarividente y pueda vaticinar delitos, (o al menos sepa que se planea infiltrar provocadores para "justificar" una agresión de sus cuerpo policíacos), Samos Medina esta prácticamente anticipando que, por encima de la ley, tiene ordenes de Francisco Alor de reprimir, al margen de la ley.     

¿Quien daña, pues, la imagen de Cancún?

Encima de eso, se califica a los manifestantes de "desestabilizadores profesionales", "provocadores" y, en un ejercicio mas de clarividencia policíaca, se asegura que su maléfica intención era única y exclusivamente dañar, perjudicar a Cancún.  Ningún otro motivo, causa o principio, pudo haber animado sus protestas, hace eco el coro de notas y declaraciones periodísticas oficiales.  

No puede faltar el reiterativo mensaje xenofobito en la campaña de descrédito: "foráneos", "ajenos a esta entidad", "procedentes de otras partes del país", se dice sin más sustento que la especulación y sin reparar que en los casos que así fuese, Cancún es territorio nacional y no un feudo particular de consorcios trasnacionales.

Tanto el citado editorial del periodista Ciro Gómez Leyva en Milenio Diario , como una columna de opinión de Magdalena Mulia en el Quintanarroense del  29 de junio, advierten de inmediato las similitudes con los discursos diazordacistas,  con el clima de paranoia social inducida en los sesentas contra "los estudiantes revoltosos", "contra los comunistas del 68".  Cambian sólo algunos calificativos, pero el modus operandi es el mismo. 

El colofón de una semana de histeria colectiva en Cancún fueron las peticiones de "mano dura", de "castigos", amagues de demandas. Dirigentes de cúpulas empresariales se constituyeron en "terceros afectados" para dicho efecto. Se volvió a esgrimir el espantapájaros de demandas que son improcedentes constitucionalmente. 

No faltaron otro tipo de mensajes intimidatorios, velados, de algunos insignes guardianes del orden: "los tenemos fotografiados", "están identificados", "se les tiene ubicados", comentaban en la prensa. Vaya hazaña de inteligencia. La manifestación era pública y las personas no traían pasamontañas, marchaban de cara al sol y a la vista de todos.   

Se infiltraron efectivos de la policía judicial entre ellos "para monitorearlos", se jactaba otra nota de tono fascistoide.  Es cierto que se "infiltraron" pero estuvieron lejos -de acuerdo a uno de los coordinadores que entrevisté en el evento- de pasar desapercibidos debido a sus burdas tácticas. Varios de los infiltrados secretos llevaban todas las camisetas del mismo color oscuro, el casquete corto y la mirada inquieta. Los manifestantes iban de blanco y llevaban distintivos para identificarse entre sí. Allí vi a los judiciales infiltrados para monitorear.  Nadie los molestó, ni les faltó al respeto a pesar de haber reprimido días antes con saña inaudita a varios manifestantes.   

Al dispersarse la marcha, los judiciales y elementos de otras fuerzas de seguridad se dieron a la tarea de seguir, a pie o en los clásicos vehículos de color oscuro o con vidrios polarizados, a cuanto manifestante pudieron, para "ubicarlos", o, más bien, tratar de intimidarlos.  Escenas que evocan al Big Brother is watching you the George Orwell en su novela "1984". 

La policía municipal salvaguarda, celosa, la ciudad, no cabe duda.  Sigue a los manifestantes a una taquería;  a otros,  a  su casa, y a aquellos, a un camión, Toman datos, apuntan, llaman por celulares. Toman fotos a quien gritó una consigna, a quien tomó un altavoz. 

Las camionetas negras con fuerzas de reacción inmediata se esconden ese sábado atrás de plaza Kukulkan para que no las vea el turismo que atiborra las calles en un día soleado con mas de 90 por ciento de ocupación. Son varias y están llenas  Los judiciales, en parte están acuartelados, "listos para actuar". 

¿Quién le da mala imagen internacional a Cancún?  ¿Los manifestantes pacíficos que jamás cierran la vialidad de la zona hotelera, o el Cancún político que Gómez Leyva describe inmerso en una paranoia digna de los años sesenta. Los años de las represiones estudiantiles, los de la brigada blanca, los de las reacciones salvajes y la cerrazón al diálogo. 

Hubo una diferencia entre la mega marcha y las dos manifestaciones que le precedieron. Una porción significativa era, esta vez, de jóvenes universitarios y docentes. 

Sí. Llamó la atención que estuviera decentemente organizados (contraste ineludible con las marchas de acarreados que necesitan grupos musicales para mantenerlos entretenidos antes de aplaudir huecamente).  Llamó la atención de algunos críticos que las pancartas tuvieran una redacción digna y estuvieran en varios idiomas. 

Nada fuera de los alcances de profesiniatsas y universitarios. Por eso entonces son provocadores, agitadores, entes dañinos financiados por fuerzas oscuras.  

No tengo ninguna crítica que hacer a los representantes de sectores hoteleros y empresarios que firmaron un manifiesto para prohibir las marchas en la zona hotelera de Cancún.  Cualquier corresponsal internacional que por curiosidad se le ocurra traducir y publicar el rosario de declaraciones y llamados a la represión que medios locales han recogido, se encargará de que reciban la retroalimentación necesaria para valorar el impacto que sus palabras tienen fuera del país.   A mi me resultan increíbles. 

Las voces de cordura tardaron en salir a flote, pero lo hicieron con claridad. Rogelio Márquez Valdivia, el regidor, se pronunció contra la operación blindaje de la zona hotelera. Le siguieron otros regidores con comentarios más matizados. Legisladores alertaron contra la intentona de violar la Carta Magna. Hubo llamados al diálogo, se reconoció que el conflicto que dio origen a la mega marcha se le salió de las manos al procurador de justicia del estado y se convirtió en un una bomba política. 

Hay algo que se debe aclarar antes de concluir esta columna, pues, curiosamente, se publicitó ampliamente en la prensa oficial y oficiosa que ha acogido, sin la menor criíica periodística, las pretensiones de prohibir marchas y los llamados al linchamiento policial de manifestantes.   

Se repitió como cantaleta que en la mega marcha se llamó a no invertir en Cancún a todos los turistas.  Otras vez las distorsiones que desinforman. 

Lo que había, mas bien, era una manta grande y muy especifica, cuyo contenido, comprensiblemente, resultó sumamente incómodo para el nuevo presidente de la Asociación de Hoteleros de Quintana Roo, Jesús Almaguer. 

La manta en ingles decía a los turistas que se hospedan en la cadena de hoteles Oasis que estuvieran conscientes que su dinero podía estar siendo usado para la defensa del violador de niñas, Miguel Ángel García Rascón, preso en la cárcel municipal de Cancún por ser un pedófilo reincidente. 

Jesús Almaguer es un alto directivo del Grupo Oasis, y García Rascón -el pederasta preso- es nada menos que director del Corporativo del grupo Oasis, cuyos directivos le permitieron ascender a ese puesto a sabiendas de que en 2003 fue sentenciado por abusar sexualmente de una niña desamparada. 

Durante meses, sus amigos directivos del grupo Oasis lo han defendido, ayudándolo con recursos financieros y abogando por su causa en círculos políticos y mediáticos, a pesar de que esta preso por una nueva violación, esta vez en agravio de una menor de edad con retraso mental. 

Eso decía la referida manta en ingles.  Los turistas, comentaba un manifestante, tienen derecho a saber en que se emplea su dinero y que tipo de directivos contrata y promueve un consorcio hotelero como el grupo Oasis. ¿Quien daña entonces la imagen de Cancún?   

Eso es lo que Jesús Almaguer oculta  cuando promueve que se prohíban las marchas en la zona hotelera. 

Es mejor decir que los manifestantes se dedicaron todo el tiempo a hacer un llamado a no invertir en Cancún para tratar de desacreditar la marcha del sábado ante la opinión pública que explicar la relación de Oasis con el pederasta García Rascón y su molestia por la aguda crítica de los manifestantes a dicha cadena hotelera por apoyarlo. ¿Quién daña la imagen de Cancún?   

Quienes estuvimos allí el sábado 25, sabemos que no es cierto lo que se ha afirmado con insistencia que recuerda la propaganda de Goebbles.  Allí están las fotos y videos de las pancartas que desmienten a Almaguer y al mismo alcalde de Cancún. Allí están las crónicas y observaciones de periodistas independientes y respetados. Están allí los análisis agudos de columnistas que van contra la corriente.  Voces disidentes, contrarias a la propaganda oficial que desinforma a la opinión pública. ¿Para qué? Para justificar la incompetencia política del procurador de justicia y sus maniobras gangsteriles. Para distraer la atención de la represión y tortura el 13 de junio contra 34 manifestantes y no abrir una investigación a fondo. 

Para evadir dar una explicación clara a la opinión publica de los grupos internos de la judicial que actúan al margen de la ley al cubrirse el rostro para detener y golpear, torturar y amedrentar. 

¿Porqué no vemos a las cúpulas empresariales que se pida la aplicación de la ley contra los autores intelectuales y materiales de la represión? ¿Porqué no leemos en los diarios locales que se investigue la existencia de esos grupos de agentes de enmascarados, sacados de las crónicas de la época de la Guerra Sucia en el Cono Sur? 

Eso es lo que daña la imagen internacional de Cancún y refuerza el estereotipo, cada vez más arraigado, de que es una ciudad cada vez más insegura y violenta. El fantasma de ese Rio de Janeiro de que ha hablado Ciro Gómez Leyva, con sus favelas y rascacielos, se cierne sobre la clase empresarial y no sabe como enfrentarlo. La pinza de los contrastes y marginación social ocasionados por años de rapiña política se va cerrando con la impunidad, por el otro lado, sobre la clase media y empresarial.  Su reacción  no es tratar el fondo de los problemas, y el gobierno alimenta y capitaliza la histeria por una marcha, mientras la ciudad  hace agua por todos lados y se hunde cada vez mas en las manos del crimen organizado y la delincuencia común tolerada y usada para mantener en la zozobra a los ciudadanos para que no se den cuenta de lo que ocurre realmente en su entorno político.

02/07/2005

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