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¿Quién daña la imagen de Cancún?

Miguel Zinzer

Las manifestaciones, marchas y plantones, suelen ser expresiones de descontento en sectores sociales.  Tratar de detenerlas es en vano cuando no se atiende a las causas que las originan y no se escuchan los reclamos de quienes usan de ese legítimo derecho constitucional.   

Reacciones histriónicas y estridentes como las del presidente municipal de Cancún, Francisco Alor, a la mega marcha del sábado pasado en la zona hotelera, y las peticiones de algunos representantes empresariales y hoteleros, ya empezaron a generar reacciones y parece que lo único que logran es echarle gasolina al fuego. Leemos ya convocatorias a nuevas grandes marchas, no sólo en la zona hotelera sino en parques turísticos. Si los porrazos y bombas de gas lacrimógeno no lograron disuadir una manifestación de 300 personas que terminó en un vergonzoso espectáculo de represión - no de enfrentamiento ni trifulca , como bien han puntualizado varias crónicas periodísticas-  el lunes 13 de junio pasado frente a las instalaciones de la Subprocuraduría de Justicia en Cancún, no es de esperarse que las voces altisonantes logren impedir manifestaciones de mas de 2 mil personas, como las que se empezaron a anunciar desde ayer. 

Y si encarcelar, al estilo de José Fouché, a cientos de manifestantes críticos por supuestos delitos menores es la brillante solución, el alcalde de Cancún haría bien en comenzar a construir nuevas cárceles, pues con esos números, no va a tener donde le quepa la gente que mande arrestar. ¿Impedir que lleguen los manifestantes a la zona hotelera?  Eso es inverosímil a menos que imponga un estado permanente de sitio. 

La discusión no es cómo prohibir las marchas, sino entender porqué se generan y escuchar los reclamos ciudadanos par tratar de solucionarlos .  En el caso de la mega marcha del sábado 25 de junio, han brillado por su ausencia en la discusión mediática, salvo honrosas excepciones, estos dos puntos medulares. 

¿Que dio lugar a la tan publicitada mega marcha del sábado en Cancún? ¿Cual fue, pues, la causa?    

A este respecto, ha brillado por su ausencia de los reflectores estos últimos días el insigne procurador de justicia de Quintana Roo, Bello Melchor Rodríguez Carrillo. El señor, simplemente desapareció de la escena luego de la manifestación que dijo que impediría a capa y espada.   

Fueron precisamente sus prácticas retr ó gradas de "impartición de justicia" lo que originaron la pronta respuesta de las organizaciones no gubernamentales que se dieron cita en la zona hotelera para externar su inconformidad. 

Muchas de las pancartas y consignas de los manifestantes del sábado pasado, estaban dirigidas más a denunciar la violenta represión, arresto y subsiguiente tortura de más de 30 manifestantes el lunes 13 de junio, que a defender la asociación civil La Casita.

Otras, hacían reclamos perfectamente validos sobre el tema de la inseguridad pública, que lo mismo afecta a turistas, que a habitantes de Cancún. Había también algunas mantas que le increpaban sus acciones represivas contra manifestantes pacíficos y lo comparaban con Pinochet.   

Una enorme manta que encabezaba el contingente, decía No violencia, No represión , y las consignas eran reclamos directos a la forma de conducirse de un procurador, al que el periodista mexicano Ciro Gómez Leyva, ubica como un personaje que "hubiera hecho las delicias de Gustavo Díaz Ordaz"; un procurador de justicia que en una entrevista en radio en cadena nacional, no se inmuta cuando le preguntan sobre la identidad de cuerpos de choque enmascarados de la judicial que están a su cargo, acusados de torturar a ciudadanos mexicanos. 

La incompetencia del procurador Bello Melchor para atender a una manifestación pacifica, fue lo que originó la mega marcha que tanto ha dado que hablar. Su subsecuente intento fallido por fincarle a los manifestantes delitos como sedición y motín sin ningún sustento jurídico -aun el de portación de armas prohibidas y lesiones los desechó el juez por falta de pruebas- no sólo evidenciaron dolo y pésimo profesionalismo. Dañaron también la imagen de la Procuraduría de Justicia del Estado como institución. 

El sector representado por la Coparmex y los hoteleros que con alguna razón se sienten incomodados por manifestaciones masivas, difícilmente resolverá de fondo el asunto de las marchas en la zona hotelera sin hacer un esfuerzo por entender qué es lo que las origina. 

Si el evaporado Bello Melchor no hubiese mandado apalear y torturar salvajemente a personas que se manifestaban pacíficamente en las afueras del recinto de la procuraduría, sencillamente no habría habido mega marcha.   

El segundo punto es examinar qué solicitan los manifestantes, ya se dijo que muchas de las pancartas y mantas eran en protesta contra la violencia policíaca. Cierto, otras, las menos, eran de apoyo a La Casita, y otras enfatizaban la falta de seguridad en Cancún. 

Por supuesto, el acto mismo de marchar luego de no se cuantos días de amenazas gubernamentales y despliegues policíacos, fue evidentemente una afirmación del principio de la libre manifestación y expresión. 

En otras palabras, la mega marcha adquirió más poder de convocatoria por la agresiva retórica del autoritarismo, y aglutinó a sectores alrededor de principios que van mucho más allá del caso de La Casita, el cual, por cierto, sigue en suspenso por la ineptitud de la Procuraduría de Justicia. 

Junto con otros periodistas, estuve siguiendo de cerca la manifestación del sábado y puedo decir-gracias a que no fui deportado- lo que otros colegas ya han corroborado.  La marcha fue pacífica, siempre hubo un carril libre para que fluyera la circulación y los participantes se comportaron civilizadamente.   

Provocan más caos vial en ocasiones los accidentes de conductores ebrios que chocan en la costera, o las manadas de "Spring brakers" con escenas deplorables. 

Afirmar, como se ha hecho, que una manifestación así tenía la intención de causar daño a la imagen de Cancún es un cuento para consumo de subnormales. Las declaraciones alarmistas de que se trataba de "desestabilizadores profesionales" son igualmente absurdas.  Si una manifestación de poco más de mil personas tuviese como objetivo ocasionar daño y desestabilizar, esta tenía todo con que hacerlo, sobre todo si eran "desestabilizadores profesionales".   

La zona hotelera de Cancún, o, más bien, algunos de sus representantes empresariales, viven, al parecer, en una caja de cristal desconectados de lo que es una marcha para desestabilizar .  En regiones de Irlanda y de España, y, para no ir más lejos, en la ciudad de México, hemos sido testigos de algunas de ellas.  El frente popular Francisco Villa era hace unos años una autentica pesadilla para el gobierno capitalino, y aun lo es de vez en cuando. Allí esta el caso de "la loba", del PRI, por cierto, y sus criminales atropellos cuando se inconformó por una elección, o los recientes hechos de Yautepec, Morelos, y, no hace muchos años, los de Tepoztlan, en el mismo estado, ambos con policías muertos. 

¿La mega marcha del sábado pasado era de provocadores para desestabilizar? ¡Por favor!, fuera de los globalifóbicos y "el Mosh", la ciudad de Cancún, y menos la zona hotelera, jamás han vivido una verdadera manifestación masiva para desestabilizar, y ojalá nunca la vean. 

Más que tratar de sembrar histerias artificiosas, sería más provechoso enfocarse en los problemas reales. Ya hubo un pleito de pandillas cerca del hotel Hyatt hace varias semanas, y lo de Plaza Las Américas, que seguro daña la imagen de Cancún. 

¿Manifestaciones que causan daño? A mediados de los ochentas, la Ciudad de México vivió el desbordamiento de Los Panchitos , hacia la zona de Observatorio, cerca de la Universidad La Salle.  Las marchas eran saqueos y pillaje, bajaban cientos y cientos de las zonas marginadas de Santa Fe, secuestraban camiones, los comerciantes cerraban de inmediato al menor indicio de que se acercaban.    

Y en cuanto a daños económicos, es recomendable leer periódicos internacionales de vez en cuando. En Francia, los movimientos sindicales del transporte público llegan a paralizar por días Paris, cuando se declaran en huelga.  Las avenidas principales se llenan a reventar, día tras día mientras las protestan duran, y sí, en esos casos, realmente se pierden millones de dólares diarios. 

Pero ese es el precio de la democracia y es un valor sobreentendido que para que ésta subsista, hay principios que se sobreponen a la molestia que genera un poco de tráfico vehicular o aun pérdidas económicas.  La libertad de expresión de ideas, de asociación, de libre tránsito y de manifestación, no son principios secundarios, sino los pilares mismos de las genuinas democracias.   

Por supuesto que el alcalde de una ciudad cosmopolita e internacional como Cancún sabe bien todo esto, y los representantes, hombres viajados, de hoteles internacionales y grupos empresariales, no lo ignoran tampoco. Es cultura general.  

 ¿Por qué entonces tanta alharaca?  Cancún, al paso que va, daña su imagen cada día que pasa porque no se atienden de fondo las problemáticas de justicia social.  Allí esta lo que dice UNICEF y los libros de especialistas sobre la explotación sexual de menores con fines turísticos. ¿Quien va a ocultar lo que publicó este domingo el influyente diario Dallas Morning News sobre los peligros para los turistas estadounidenses comparando Cancún con lugares como Nuevo Laredo?   

Cuánto escándalo hipócrita sobre el narco menudeo, como si fuera cosa  nueva, cuando en libros como Días de Furia (Plaza y Janes, 2001) se da cuenta de lo añejo de esa problemática en Cancún.  Los pleitos a balazos entre bandas de gángsters en las Villas Solymar, los mandos policíacos presos por las narco-ejecuciones, las maras , la impunidad rampante, los escándalos políticos, las huelgas de policías.. La acusadora del infame pederasta Succar Kuri, retractándose y luego acudiendo a visitar sonriente al procurador de justicia, sin que se le finquen responsabilidades; las escenas de  ciudadanos siendo apaleados por judiciales transmitidas en TV internacional, periódicos irresponsables que publican fotos de filántropos estadounidenses criminalizándolos;   agentes de migración deteniendo ilegalmente a trabajadoras sociales neoyorkinas que vienen de visita para  proporcionar ayuda  a niñas mayas,  encerrándolas 48 horas en un baño apestoso luego de intimidarlas.  No hay peor publicidad que la que se hace de boca en boca.

¿Quién daña la imagen internacional de Cancún?  Una manifestación pacífica de cinco horas o ese ignominioso catálogo de realidades que apenas esboza la punta del iceberg    Si acaso, la mega marcha del sábado ayudo  a dignificar en algo la imagen de este destino turístico, pues al menos mostró que, a pesar de los aspectos preocupantes, también subsisten libertades propias de una democracia.


01/07/2005

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