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Expresión Libre

Editorial

DEL EDÉN DEL PRI, AL PURGATORIO DEL PAN

Salvador Guerrero

Esta semana, dos sucesos relativos a la pederastia irrumpen dramáticamente en escena. Ambos son relevantes, ambos constituyen aciertos de los gobiernos estatal y federal al combate de este deplorable flagelo social que se ha nutrido por demasiado tiempo de la más cínica impunidad.  Se trata de acciones concretas de la justicia contra influyentes hoteleros pedófilos, contra protegidos de los grupos de poder indiciados por múltiples y aberrantes crímenes contra niñas y niños quintanarroenses.

El que nos ocupa hoy, es el traslado relámpago de Jean T. Succar Kuri desde la cárcel municipal de Cancún al penal federal de alta seguridad de La Palma, antes conocido como Almoloya.

La discreción y sigilo del operativo de ayer tomó por sorpresa a propios y extraños. Una nota de La Jornada, de Hugo Martoccia, y otra en el diario Reforma, de Sergio Caballero, resumen las razones que motivaron el súbito traslado: aunque Succar delinquió en Cancún, es un pez demasiado gordo y peligroso para tenerlo en una simple cárcel municipal.  Durante su corta estancia en Cancún, luego de su tortuosa extradición, Succar Kuri se vinculó a otros giros de delincuencia organizada y, desde allí, hacía de las suyas, a costa del presupuesto municipal. Lo mismo mandaba amenazar a la diputada Maribel Villegas que, en contubernio con extorsionadores profesionales, hacia sentir su poderío personal en Villas Solymar, su antigua guarida, infundiendo temor a dueños de condominios que se han negado a someterse a su mafiosa dominación. O intimidando—y por ende  revictimizando—durante meses, a través de sus personeros, a niñas y jovencitas a las que antes violó para que se retracten de sus denuncias. Por ello, no tanto por el mentado perfil psicológico, es que se estableció su calidad de reo de alta peligrosidad.

Las investigaciones indican también que la decisión de trasladar a Jean Succar al penal federal se basa en las vulnerabilidades de la cárcel municipal de Cancún, en la cual finalmente logró enquistarse con argucias legaloides y gracias a complicidades oscuras. No se pueden olvidar los nexos de Succar con el ex gobernador Hendricks e importantes figuras del PRI. Con la hoy notaria publica, Enna Rosa, por ejemplo, artífice de la retractación a domicilio de varias testigos.

La capacidad de corrupción del pederasta va mucho más allá de los muchos millones de dólares en cuentas bancarias—algunas ahora congeladas— y caras propiedades.  O de los cientos de millones de su compadre, Kamel Nacif, el rey de las palancas. Hoy por hoy, sus hilos llegan aun hasta la misma Cámara de Diputados de la nación. Por eso tiene credibilidad el argumento del gobierno federal de que se fraguaba una posible fuga, riesgo que habían venido advirtiendo, a lo largo del desarrollo del caso, ONGs, abogados, periodistas y activistas que han seguido de cerca el proceso.
Es sano que se haya movido a Succar del territorio donde ya comenzaba a sentar sus reales—esta vez desde la prisión. Del territorio donde ya una vez se sustrajo a la acción de la justicia, escoltado por patrullas hasta el Aeropuerto Internacional, por ordenes del ex gobernador del estado.

Hoy, Succar está a buen recaudo en un penal de máxima seguridad. Es sano que esté bajo la tutela de un partido político—no importa cual—distinto al del gober precioso.  

Dígase lo que se diga, por ello Cancún—que es su gente—esta más tranquilo.

Expresión Libre
16/11/2006

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