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Los negocios de Miguel Quintana Pali con
el ex gobernador Mario Villanueva

  • Lavado de imagen del ex gobernador con capital del dueño de X-Caret.
  • Radiografía de Voz del Caribe, periodismo sin conciencia social
  • La Crónica de Cancún: amasiato entre la corrupción política y empresarial

Por Salvador Guerrero

Al maestro Carlos Ramírez, columnista político y agudo fisonomista del periodismo mexicano. Con particular aprecio por 'hacer camino al andar', siendo al mismo tiempo periodista y analista crítico de los medios de comunicación.

Este espacio tiene como profano objetivo tocar un tema que en la provincia mexicana y en el periodismo aldeano o tribal, aun es tabú: hacer análisis críticos de los medios de comunicación. Esta tendencia periodística ha sido bienvenida en países de avanzada en libertad de expresión, así como en distintos medios impresos mexicanos que entienden la necesidad de informar a la sociedad  sobre aspectos a veces poco conocidos -o de plano censurados-, de la prensa, el llamado cuarto poder

Poderes al fin y al cabo, y entidades públicas, los medios de comunicación, que además de observadores son actores sociales que moldean el acontecer nacional, no pueden -ni deben- permanecer jamás ajenos al escrutinio público, en público.  Ni al de los ciudadanos, ni al de otros informadores y medios de comunicación.   

Carlos Ramírez y otros columnistas políticos, han abierto brecha, de tiempo atrás, en este ejercicio de  libertad de expresión y de visión autocrítica.  Periodistas como ellos han roto con el modelo de respuesta sindical reporteril -el cierre de filas incondicional alrededor de los compañeros - y  la bizantina regla de etiqueta periodística no escrita que siempre favoreció a los empresarios o consorcios de la industria informativa: que periodista no critica a periodista, y -oh sacrílego pensamiento- mucho menos un medio de comunicación a otro. Esos tiempos quedaron atrás hace décadas con medios metropolitanos alternativos como el semanario neoyorquino The Village Voice, y más recientemente en México, con los análisis a medios de la revista Proceso, o las agudas críticas con nombre y apellido del columnista de El Universal, Ricardo Alemán.   

Los consumidores de información, los lectores pues, tienen derecho a saber cómo se produce la información que leen, ven o escuchan. Tienen derecho a saber quién y por qué la produce. Los lectores pensantes se preguntan por qué informaciones relevantes jamas ven la luz del día, mientras que otras, que no lo son necesariamente, sí.  ¿Quiénes son los dueños de los medios más influyentes? ¿Qué los motiva a seguir una cierta tendencia editorial y bombardearnos con cierto tipo de información hasta el hartazgo? ¿Qué les lleva a establecer evidentes alianzas con, o a oponer a un determinado partido político en unas elecciones?  ¿Son todos los medios objetivos?, ¿tienen todos como tarea primordial informar verazmente?  ¿Les motiva realmente el compromiso social o son solo empresas mercantiles, o cotos para defender los intereses de grandes grupos de poder, como ha insistido Chomsky hablando del mass media estadounidense?  ¿Quién dicta la agenda de lo que dicen y lo que no dicen los periódicos? ¿Quién decide finalmente lo que se publica o decide lo que tú no debes saber?  

¿Son siempre libres los reporteros o existe la censura interna y la autocensura conveniente? ¿Y qué de los tiempos y las formas de presentar las noticias?

De McLuhan a Neil Postman, de Noam Chomsky a Carlos Ramírez, los intelectuales libres y comunicólogos ponen al descubierto los intereses que hay detrás de muchos medios y explican como se produce, o se inventa, la información; o como se gotea y administra; o como se falsea, y los hilos que la mueven, para bien o para mal de las sociedades y lectores. El consenso de avanzada es inequívoco: por su formidable contribución para abrir espacios democráticos y balancear a los poderes políticos, o por sucumbir a las tentaciones propias del poder mismo,  en la era de la globalización, los medios informativos no solo difunden noticias. Ellos mismos, a menudo, son noticia y tema insoslayable de discusión pública en una sociedad abierta.

El diario Expresión Libre da por ello la bienvenida a esta oportuna columna de análisis que inicia con un candente tema. Como se informó ayer en la entrega de Expediente Confidencial, el diario cancunense Voz del Caribe, ha sido señalado como un periódico al servicio de intereses ajenos a los de un medio informativo convencional. Este aporte investigativo ofrece una panorámica sobre los orígenes e intereses financieros detrás de este polémico diario que circula en Cancún y ha sido objeto de al menos una demanda y cuatro nutridos desplegados en las ultimas semanas -varios firmados por asociaciones de derechos humanos internacionales- protestando por lo que perciben ser falta ética y prácticas editoriales cuestionables.

El consejo editorial

 

Radiografía de Voz del Caribe , periodismo sin conciencia social

Por Salvador Guerrero

Buscando en varios archivos y conversando con conocidos periodistas de Cancún encontré datos muy interesantes. Voz del Caribe es un diario nuevo -con sólo cinco años en Cancún- dirigido por la compañía La Voz de México S.A. de C.V., cuyo dueño y presidente es Miguel Quintana Pali. El periódico fue fundado el 29 de febrero de 2000, justo cuando se armaba el andamiaje del controversial proyecto turístico Home Port en la Rivera Maya, al cual se han opuesto tanto ecologistas como  hoteleros y comerciantes de la zona de Playa del Carmen, por considerar que viola diversas normas estatales y municipales y que puede dañar los intereses del comercio local. La cuestión es que a pesar de la cuantiosa inversión y presiones del potentado del Grupo X-Caret,  Home Port, el idílico embarcadero para cruceros de lujo, no ha sido autorizado, como se comentó ayer in extenso en la columna Expediente confidencial.

Miguel Quintana Pali, dueño del parque eco-turistico X-Caret, inició Voz del Caribe sobre las ruinas del extinto diario La Crónica de Cancún.  Este periódico había iniciado como un proyecto serio e independiente que pronto adquirió prestigio bajo la dirección de su fundador, Fernando Martí Brito, un periodista con trayectoria. El entonces gobernador de Quintana Roo, Mario Villanueva Madrid, lo paró en seco con sus conocidas tácticas caciquiles por publicar un reportaje crítico. Varios comunicadores locales coinciden en que Martí Brito no tuvo más opción que venderle al entonces gobernador su parte rápidamente por un millón de dólares para salvar el pellejo. De esa manera, una vez que estaba ya acreditado, La Crónica de Cancún pasó a ser propiedad de un grupo de accionistas encabezados por el gobernador Mario Villanueva Madrid. Entre ellos, destacaba la cadena hotelera española Grupo Oasis,  un primo del cacique priísta del estado de Tabasco,  Roberto Madrazo y  el presidente del Grupo X-Caret , Miguel Quintana Pali.

De aquel promiscuo amasiato entre el poder político absolutista con los intereses mercantiles, se recreó un medio de comunicación dirigido, ya no por criterios periodísticos ni con compromiso social.  El diario La Crónica de Cancún quedo en calidad de mera herramienta al servicio de la censura, de la publicidad gubernamental más corrupta, y de los intereses empresariales que lo financiaban. Fieles a ese cometido ajeno al periodismo, quedaron como directivos personas como Gloria Palma, entonces encargada de redacción y noticias, y por ende, de la censura para agradar al gobernador Mario Villanueva y blanquear su imagen pública cuando estaba en pleno auge su carrera criminal.  

La Crónica de Cancún pasó así a ser un diario que se caracterizó, en general, por el servilismo político y empresarial, traicionando su función social y a sus lectores, pues pocos supieron del cambio de dueño. El giro de diario crítico a publicista del gobierno del PRI en turno, provocó, sin embargo, que decayera el número de lectores. Algunos de sus reporteros trataron entonces de revivirlo armando reportajes de escándalo, mas que de investigación.  Cuando el diario fue heredado por Mario Villanueva al gobernador entrante, Joaquín Hendricks, la jefa de información, Gloria Palma , fue despedida.  Había que poner distancia entre el saliente e incómodo Villanueva y su gente, con el nuevo gobierno. Gloria Palma era una operadora del primero. Al poco tiempo, Hendricks dejo que se colapsara financieramente el diario para distanciarse aun más públicamente de la herencia de su predecesor, y las instalaciones fueron rematadas.

Miguel Quintana Pali, socio de Mario Villanueva Madrid en La Crónica de Cancún, retomó de inmediato el proyecto y le cambió de nombre, bautizándolo ahora como Voz del Caribe.  Incorporó a Gloria Palma en calidad de Jefa de Información y editora de la sección de política. Pronto Palma estaba en el pináculo operativo del diario como gerente editorial .

Quintana Pali contrató también como director a Gerardo García Sánchez, un periodista de la Ciudad de México, formado en medios siempre aliados al sector empresarial. Ambos personajes, Gloria Palma y Gerardo García, se dieron de inmediato a la tarea de defender los intereses de su patrón en turno, en este caso un magnate empresarial -ya no un político caciquil como Villanueva Madrid. Pero el oficio, lo habían aprendido bien. 

Las directrices editoriales de Voz del Caribe las dicta su presidente y dueño, Miguel Quintana Pali con criterios puramente comerciales y personales. El diario trabaja en números rojos por su deficiente distribución y enfoque pretensiosamente elitista es una imitación del concepto capitalino del diario Reforma, bien conocido por García Sánchez. Su junta editorial es subsidiada como instrumento para proteger los intereses empresariales del dueño de X--Caret, para descalificar a sus rivales, o para obtener prebendas golpeando al gobierno en turno o a funcionarios en particular que le estorban.  El discurso de Voz del Caribe sobre derechos humanos, equidad de género, y su pretensión de interesarse en los asuntos sociales de Cancún, son, a fin de cuentas, una mascara de periodismo de centro-izquierda light para darle credibilidad.  Siendo un medio subsidiado, subordinado a una política gerencial, Voz del Caribe tiene, de acuerdo a fuentes internas, un capital fluctuante, dependiendo del humor de Quintana Pali y de los resultados que le reditúen sus empleados en términos de poder e influencia. 

El dinero alcanza para hacer algunas secciones interesantes y atractivas para un público de clase media a media alta. La mayoría de las plumas que vale la pena leer en sus páginas,  sin embargo, son columnas de periodistas de la capital del país.   

El propósito del diario está trazado desde su origen: la subordinación abyecta a criterios ajenos al periodismo independiente y con compromiso social.  Por ello, la mayor parte del tiempo es, en realidad, un medio de desinformación y, en otras,  una fábrica de mentiras sin escrúpulos. Son dos sus principales metas: favorecer  los intereses empresariales de su dueño Quintana Pali  pasando por encima de quien sea, y, en esa misma lógica utilitaria, prestigiarse publicando cualquier cosa que venda e impacte al lector incauto. Exactamente como lo hacía cuando era La Crónica de Villanueva Madrid

Por supuesto, la sociología institucional de cualquier empresa -y especialmente de un periódico- es más compleja. Al interior del diario existen distintos intereses personales, departamentales, grupales. Reporteros nuevos buscan desarrollar su carrera y realizarse; otros, posicionarse en el medio con primicias e información valiosa; otros más, tienen como principal objetivo escalar en la estructura interna de poder para alcanzar mayor rango y jerarquía organizacional.  Otros saben que están sólo de paso, otros anhelan la seguridad institucional que proporciona un puesto de planta o subir en el escalafón.

Tan variadas son las motivaciones e intereses de quienes laboran en un periódico como lo son los seres humanos y no es posible usar el mismo molde para ubicar a todos.  Los intereses individuales a veces chocan, compiten, o coinciden.  Pero, a fin de cuentas, en un diario como Voz del Caribe, prevalecen los intereses empresariales del dueño del dinero. La ética del diario entero se subordina al asunto en turno de Quintana Pali y al interés comercial. 

No puede ser de otra manera. Se trata de un medio fundado ex profeso para eso. Esa es su razón de fondo de ser. Su junta editorial esta contratada exactamente para eso mismo.  En una estructura así, el periodismo es pretexto, pretensión y pose.  

La consigna de la empresa es defender a ultranza los intereses mercantiles y el ego de su dueño.  Si eso se logra golpeando la imagen de un político incómodo, esa es la línea "periodística". Si una investigación sobre bares clandestinos lograse ejercer presión para obtener alguna concesión, eso mismo se hace.  Si para congraciarse con alguien, o hacer una alianza, es menester hacer un reportaje publicitario hasta la zalamería, eso mismo se imprimirá. Para guardar las apariencias, se invocará la justificante periodística mas apropiada. El bien de la ciudadanía, el interés público, el derecho de la sociedad. Así lo hacía Gloria Palma con su jefe Mario Villanueva en La Crónica de Cancún, con el financiamiento de socios como Quintana Pali.

Los periódicos como Voz del Caribe se hacen y se subsidian para un propósito y uno solo. Expandir los intereses comerciales y el poder personal de sus dueños. Ese mezquino quehacer es su destino y fin último de ser. Y para cumplirlo, no hay escrúpulo que valga o se acaba el subsidio o el puesto.  

Inevitablemente, ese tipo de periódicos -no importa que tan elegante su formato o envoltura- corrompen toda la información que tocan y deforman a los reporteros nuevos que se incorporan a sus filas. En vez de periodistas, los vuelven mercenarios

Los inician en una de las más patéticas formas de corrupción: la que se escuda en combatirla.  El fenómeno no es nuevo, estaba en plena efervescencia ya durante los estertores del colonialismo español en la América Latina. Vienen a la mente las palabras del poeta cubano José Martí: "el periodista de alquiler", decía, usando con desden el genitivo atributivo. Era una de sus frases favoritas para describir a las lacras sociales de su época, los que en el siglo XIX rentaban conciencia y pluma, contratados para defender a sus patrones a toda costa, o para enlodar a terceros por La Corona. 

Como pasó en el periódico de Mario Villanueva Madrid así es hoy en el diario de Miguel Quintana Pali. Es el mismo proyecto reciclado, es la misma operadora editorial. Solo cambiaron de dueño.

 

Expresión Libre
01/06/2005

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