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Obituario de un periódico

Por qué quebró el diario Voz del Caribe

 

Cancún, 16 de noviembre de 2005, REDACCIÓN.  Era un secreto a voces que el diario operaba, desde siempre, en números rojos. Aún así, el súbito cierre del rotativo cancunense Voz del Caribe, tomó por sorpresa a muchas personas. Especialmente a los clientes y anunciantes que creían las cifras no certificadas de supuestas tiradas de 10 mil ejemplares diarios para atraer publicidad. En el medio periodístico de Quintana Roo, sin embargo, era conocido que difícilmente desplazaba menos de la mitad.

También  fueron sorprendidos por el cierre muchos empleados del mismo diario, propiedad del millonario Quintana Pali, oligarca de X-Caret, Xel Ha, y otros lucrativos parques turísticos de diversiones. Cinco años duró solamente el proyecto “mascota” de Miguel Quintana Pali y luego abandonó a sus trabajadores en el peor momento: cuando se dejó sentir la resaca económica del huracán Wilma. Lo mismo había hecho el acaudalado empresario pocas semanas antes, con sus empleados del parque X-Caret, usando tretas y argucias laborales ventajosas, para el adinerado empresario despedir a sus empleados.

Mientras hacía eso, no obstante, en las páginas el diario anunciaba con pompa “Cancún está en pie” y se reportaban notas oficiosas sobre la “fabulosa recuperación” de Cancún y pactos empresariales para evitar el despido de trabajadores luego del paso del huracán Wilma.

Voz del Caribe se presentó en Cancún como la opción de periodismo independiente y progresista, pero ocultó a la opinión pública la historia de sus nexos periodísticos con el ex gobernador Mario Villanueva Madrid y familiares cercanos del hoy candidato por el PRI Roberto Madrazo. ¿Opción independiente?

Como lo reportó Expresión Libre en una entrega del periodista Salvador Guerrero (leer artículo de Salvador Guerrero), Voz del Caribe era el reciclado de la extinta Crónica de Cancún, de la cual era socio mayoritario Mario Villanueva, junto con Quintana Pali y los primos de Roberto Madrazo. El periódico se dedicaba en aquel entonces sin pudor a lavar la imagen del gobierno de Mario Villanueva, con Gloria Palma como jefa de redacción y un equipo de reporteros convertidos en publicistas de un cacicazgo priísta corrupto.

Miguel Quintana Pali retomó el proyecto periodístico en el gobierno de Joaquín Hendricks y lo incorporó a su grupo de empresas, quedando como presidente y cambiándole el nombre.

A diferencia de otros diarios, nunca alcanzó la suficiencia económica y siguió siendo subsidiado por el dueño de X-Caret.

Eventualmente, terminó siendo un ariete personal de Quintana Pali para tratar de extraer prebendas, golpeando primero al gobierno de Hendricks y después al de Félix González Canto. En el fondo, estaba el millonario proyecto Home Port, congelado por años, que Quintana Pali no ha logrado destrabar.

La línea periodística del diario fue siempre un comodín al servicio de los intereses de un multimillonario frío y pragmático. La carta de cierre de la empresa La Voz de México, SA de CV que dio a conocer la noticia, es un ejemplo contradictorio. Da culto de labios al compromiso periodístico pero se rige como cualquier negocio. Felicita a sus muchos trabajadores pero los deja desempleados y ni aun liquida en términos de ley a su planta laboral.

Y es que, en el fondo, Voz del Caribe jamás fue, en términos periodísticos un diario con compromiso social, sino una empresa informativa al servicio coyuntural de su dueño. Con honrosas excepciones de su sección editorial, la línea informativa estaba manipulada por los gerentes y editores de Quintana Pali para servirle como redituable herramienta de chantaje político.

Periodísticamente, el declive del diario se debió a un conjunto de factores más amplios. El primer golpe a su credibilidad pública vino casi inmediatamente después de su lanzamiento en el año 2000. El importante Grupo Reforma, que había tomado interés en participar en el proyecto y establecer una presencia en el Sur, decidió retirarse.

Los bajos estándares de periodismo de investigación, las corruptelas reporteriles de algunos de sus directivos y el trasfondo del diario, provocaron dicha decisión. El Grupo Reforma no quiso arriesgar su credibilidad ni comprometer sus estándares.

El diseño editorial cuidado e innovador y el marketing nunca pudieron hacer el proyecto autosustentable económicamente. En la lógica de los medios de comunicación, eso evidenció su mala dirección.

Voz del Caribe será recordado de distintas maneras por diferentes personas. Pocos extrañarán las pretenciosas perlas de sapiencia personal que cada día dispensaba Quintana Pali, en curiosa emulación de algún moderno Sócrates o un Saramago. Ostentosamente colocadas al principio de la página editorial, se leían a diario frases y refranes atribuidos a su autoría. Los aforismos variaban de lo trivial a lo pretencioso. Iban, por lo general, seguidos del editorial del director del periódico, no menos pretencioso, y muchas veces banal, repetitivo y servil a su dueño.

Voz del Caribe resultó, a fin de cuentas, ser la voz, no de los cancunenses, ni siquiera de la clase media a la que se dirigía, sino simplemente la voz de Quintana Pali. También la voz de los políticos que llegaron a arreglos y componendas con él, para usar sus páginas para denostar y difamar a quien fuera, con tal de avanzar sus metas y golpear o alabar a los gobiernos en turno según pactaran con el dueño del diario.

El periódico que usaba como slogan “la veracidad y el profesionalismo”, será recordado, por mentes más analíticas, como lo contrario. Como empresa de desinformación. Como el diario que promocionó activamente la violación de derechos humanos y constitucionales de cientos de activistas sociales que se movilizaron en Cancún para manifestar ideas pacíficamente. Como el medio que dedicó generosos espacios de sus pocas páginas a justificar represiones y torturas de ciudadanos mexicanos a contra corriente de todo diario progresista respetado de México.

Será recordado como todo diario que no trascendió la prueba del tiempo, por sus aciertos y errores, por sus aportaciones y pifias.

Como el diario que denunció el encubrimiento del gobierno de Quintana Roo al pederasta Succar Kuri al publicar una excelente filtración, pero que, sospechosamente, nunca le dio seguimiento. Como el diario en que hallaron cabida voces lúcidas y valientes como la de Miriam Gomezcésar y los análisis de Hugo Martoccia, corresponsal de La Jornada.

Voz del Caribe será recordado como el periódico —también— que se prestó a hacer campañas de desprestigio personales para defender a un hotelero violador de niñas mayas —hoy en prisión— rompiendo toda norma de ética periodística y deviniendo a menudo, en pasquín de escándalo.

Será recordado como el diario que defendió a lenonas y que fomentó la intolerancia religiosa y la xenofobia de manera retrógrada.

Así como fue un coto de poder de su presidente y dueño, vino a ser coto de poder personal de todo el que pudo acceder a reporteros sin escrúpulos o a sus directivos.

En un suceso vergonzoso, Voz del Caribe promocionó la criminalización pública de turistas internacionales publicando fotos de familias estadounidenses que traían ayuda a niños desamparados en Cancún.

Será recordado como el periódico sin control de calidad editorial, que llegó incluso a publicar documentos apócrifos para defender su imagen institucional luego de bochornosas porfías para aumentar su decaído rating.

Será recordado por incluir el popular suplemento “Día Siete”, pero también como “el diario que se entrevistaba a sí mismo”. Como cuando alguno de los editores entrevistaba a su propio columnista con preguntas arregladas.

Muchos pensaron que el cierre Voz del Caribe —que poco tiene que ver con el huracán Wilma— dejará un vacío. No es así. El cierre de lo que fue realmente una empresa, no afecta en nada al periodismo.

Al final de su declive, Voz del Caribe, no era diferente en esencia a muchos de los diarios locales y aun de los pasquines que se hacen pasar por tales. No ofrecía nada diferente a los cancunenses. Sólo un mejor diseño y  marketing más sofisticado. Su dinámica periodística se vio atrapada en la espiral del periodismo banal al tratar de competir con notas de escándalo por el rating. Lo acorraló también el uso discrecional de su dueño, Quintana Pali, para chantajear políticamente al gobierno.

Nació como negocio, sin compromiso social. Creció con la herencia y lastre de sus primeros dueños, Mario Villanueva Madrid y los primos del candidato presidencial Roberto Madrazo. Como proyecto periodístico, nació destinado al fracaso, y como empresa, siguió la lógica de mercado. Sus contenidos, cada vez más pobres, y línea editorial monótona no lograron hacerlo rentable. Así que su millonario dueño lo enterró ayer.

 

Redacción Expresión Libre
16/11/2005

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